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Por Ibn Marwan

MARIA OrtizMARIA Ortiz
28/09/2007

 

TYto fui arquera Marwan. Con mi turbante verde en la cabeza y los abombados pantalones negros; y provista de un pobre arco y una antorcha recorrí las estrechas y sinuosas calles de Batalyaws --o sea, Badajoz-- a la espera del aguerrido enfrentamiento que en pleno corazón de la alcazaba mantendríamos con el adinerado y refinado ejército Omeya.

Dicho así parece que se me ha ido la cabeza, ¿verdad? Pero no teman, tan sólo estoy recordando, ahora que estamos en plena fiesta de Al Mossassa, lo mucho que disfrutamos los varios centenares de personas que participamos en el desfile de las banderías marwan y omeya que se celebró en Badajoz en los inicios de esta fiesta que rememora la fundación de Badajoz.

Fue fácil y rápido de organizar. Se contó con los grupos que ya están formados y activos en la ciudad, como las comparsas, las murgas, los costaleros-. y con muy poco dinero nos hicimos los atuendos.

Disfrutamos los participantes, lo puedo asegurar, pero también lo hicieron las miles de personas que presenciaron durante varios años ese desfile que llenaba de color y diversión las calles del centro de Badajoz.

Al margen del vía crucis interno que atravesó en esa época la asociación Amigos de Badajoz, promotora del evento, nunca entendí por qué no se ha vuelto a recuperar aquel elemento festivo que, en mi opinión, realzaba aún más una de las fiestas más importantes de la ciudad en cuanto a su significado.

He querido preguntarle estos días a Antonio Manzano por este asunto, pero entiendo que no está el horno para bollos. Entre el cubo de Biblioteconomía, las emes de Menacho, y lo que te rondaré morena- ¡cómo para añadir más leña al fuego!

Fue un tipo sensato ese tal Ibn Marwan . El rebelde supo someterse a tiempo para no provocar males mayores a su pueblo. Este sí que merecería tener una calle. Seguro que desde su estatua ve el famoso cubo y dirá ¡de qué poco sirvió mi ejemplo!