Un cierto aire festivo se respiraba ayer en la ciudad de Faluya, donde sus habitantes celebraron como si fuera una victoria la salida de los marines estadounidenses. Soldados del antiguo Ejército iraquí al mando del general Yasim Mohamed Saleh, un hombre del depuesto dictador Sadam Husein, empezaron a patrullar por la ciudad justo al cumplirse un año desde que un eufórico George Bush declarara el fin de las operaciones militares de envergadura en Irak, bajo una enorme pancarta con la frase "misión cumplida".

Numerosos jóvenes con la cara oculta y vestidos como insurgentes dispararon al aire para expresar su alegría por la retirada de los marines del centro de Faluya, donde comercios y cafés empezaron a reabrir sus puertas y los vehículos volvían a circular con normalidad tras un mes de asedio. Cientos de familias se agolparon también en los accesos de la ciudad, a la espera de poder regresar a sus hogares.

"No ha habido ninguna concesión, ha sido una clara victoria para la resistencia", dijo Hader Abdelkarim, dirigente de una mezquita de Faluya que ha participado en las negociaciones para conseguir una tregua.

EL ANTIGUO UNIFORME El general Saleh, vistiendo el uniforme del antiguo Ejército de Sadam, se puso ya al mando de la nueva Brigada de Faluya, cuyos 300 miembros empezaron a desplegarse por la periferia de la ciudad. En los próximos días, la Brigada deberá proteger un convoy estadounidense que debe atravesar la ciudad, anunció el general James Conway, comandante de la Primera Fuerza expedicionaria de los marines.

No lejos de Faluya, en la provincia de Ambar, dos marines fueron abatidos el viernes, durante una operación contra la insurgencia, y otro soldado estadounidense murió ayer al estallar una bomba al paso de su convoy, cerca de Mosul. En esta última ciudad, murieron dos guardias de seguridad empleados por la coalición.

El presidente Bush reconoció, en su discurso radiado de los sábados, que quedan "serios y continuos retos" en su campaña en Irak. Bush auguró "más violencia de grupos que se oponen a la libertad", y en referencia a la polémica sobre la limitada soberanía que Washington ha anunciado que traspasará a los iraquís el 30 de junio, el presidente aseguró que, después, EEUU continuará su compromiso "de reconstrucción y militar".

EL MES MAS SANGRIENTO "Vamos a terminar nuestro trabajo en Irak", subrayó Bush, justo un año después de pronunciar su victorioso discurso a bordo del portaaviones Abraham Lincoln . Desde entonces, más de 430 soldados de EEUU han muerto en combate en Irak y, de ellos, más de 130 el pasado abril, el mes más sangriento de la posguerra.

El viernes, el Nightline de ABC dedicó 40 minutos a la lectura de los nombres de los soldados caídos en Irak: más de 700.