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La tristeza y la euforia

Los palestinos consideran que la decisión es una puñalada y los israelís la aplauden H Además crea una fisura entre EEUU y otros países occidentales

 

Disturbios 8 Quemas de banderas estadounidenses en la ciudad de Gaza, ayer. - REUTERS / MOHAMMED SALEM

MATEO TORRES
07/12/2017

El anuncio del presidente Donald Trump sobre Jerusalén coincidió con un día de lluvia en la Ciudad Santa, mientras los vecinos, judíos y palestinos, acudían como cualquier otro día a su trabajo. Y, sin embargo, pasará a la historia como el día que Washington reconoció la capitalidad de Jerusalén para Israel y produjo una fisura entre EEUU y otros países occidentales.

S. L. es un dentista que tiene su clínica en Jerusalén oeste, el sector judío de la ciudad, y que no oculta su entusiasmo con la iniciativa de Trump. «Jerusalén ha sido la capital del pueblo judío durante 3.000 años y debemos ser nosotros, los israelís, quienes decidamos dónde queremos tener nuestra capital. Ningún país del mundo aceptaría que otros decidieran dónde debe estar su capital y no sé por qué Israel debería aceptar una cosa así».

«Lo que más me gusta de Trump es que es una persona políticamente incorrecta y sincera. Hace lo que le parece que está bien y por eso ha decidido reconocer Jerusalén como capital de Israel. Trump es una persona directa y no como la mayoría de los políticos, que dicen una cosa y hacen otra», continúa.

S. L. admite que existe la posibilidad de que el anuncio de Trump origine inestabilidad en la región, o incluso violencia, pero considera que es un riesgo que los israelís deben asumir. «Uno no puede vivir eternamente con las amenazas de los palestinos; es necesario tomar decisiones que estén al margen de las amenazas pues de otra manera no podríamos vivir. La paz es importante, sí, pero lo más importante es la paz interior».

Más allá de las opiniones populares están las opiniones de los expertos que también están dividas. Anshel Pfeffer, un analista, considera que el anuncio «no tendrá grandes repercusiones sobre el terreno» y es un «gesto simbólico» a pesar del «furor» con que ha sido acogido por numerosos palestinos.

Estos días se ha recordado que David Ben-Gurion, el primer jefe del Gobierno israelí, ya propuso en 1949, un año después de la creación del Estado de Israel, trasladar la capitalidad desde Tel-Aviv a Jerusalén, pero halló dificultades entre sus propios colegas. Uno de sus ministros, Eliezer Kaplan, le respondió irónicamente que sería «un error fatal y una innecesaria provocación a EEUU». Entonces se consideraba que Jerusalén debía formar un «corpus separatum», una entidad separada y administrada bajo los auspicios de la comunidad internacional.

Según S. A., un palestino de Jerusalén, Trump se ha metido en un gran problema. «No es relevante si hay grandes protestas o si estalla una tercera intifada. Lo peor es que lo que hace Trump afecta a las personas, a su vida cotidiana, a personas que tenían fe en el proceso de paz, porque de esta manera Trump está legitimando la ocupación».

Huda Iman, una mujer palestina de Sheij Yarrah, se muestra «triste» porque «Trump camina hacia la guerra y creo que ha llegado el momento de que los americanos reconozcan el error que cometieron eligiendo a Trump y rectifiquen».