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MOLLY BLOOM

La dama de las timbas de lujo

 

Molly Bloom, en la presentación del filme en Nueva York, en diciembre. - CHANCEh YEH

POR NANDO SALvÁ
07/01/2018

Llegó a ser conocida como La princesa del póker. Fue el cerebro detrás de las partidas de cartas más glamurosas del mundo, lujosas timbas en las que modelos y playmates ejercían de crupieres y en las que alrededor de una misma mesa se reunían deportistas de élite, tiburones de las finanzas y estrellas como Leonardo DiCaprio, Ben Affleck o Tobey Maguire. Se desplazaba a bordo de coches de lujo con chófer y chefs privados cocinaban para ella. Con poco más de 30 años podía llegar a ganar 150.000 dólares en una sola noche de trabajo… hasta que la mafia y los federales entraron en su vida. Que la historia de Molly Bloom fuera convertida en película era solo cuestión de tiempo. En Molly’s game, debut tras la cámara del aclamado guionista Aaron Sorkin, Jessica Chastain se mete en la piel de ella.

La película empieza sobre la nieve. Durante su adolescencia, después de todo, Molly Bloom fue una esquiadora extraordinaria. Pensó que iría a los Juegos Olímpicos; y luego estudiaría derecho en Harvard. Una terrible lesión echó por tierra el primero de esos planes y le hizo perder interés por el segundo. En lugar de eso, se mudó a Los Ángeles y fue contratada como camarera por River Phoenix, un insider de Hollywood que organizaba partidas de póker para sus amigos actores.

Muerte de Phoenix

Rápidamente se convirtió en su asistente personal y quedó al cargo de las timbas que se celebraban regularmente en la planta baja del Viper Room, el club de Sunset Strip a las puertas del que River Phoenix murió de una sobredosis en el año 1993. Bloom no sabía nada de póker –aún hoy asegura no haber jugado una sola partida en toda su vida–, pero aprendió rápidamente a hacerse indispensable.

Aquellas reuniones de sótano no tardaron en quedársele pequeñas. Pronto Bloom estaba organizando sus propias veladas en lujosas suites de hotel en las que Frank Sinatra no dejaba de sonar en el hilo musical, y en las que, entre mano y mano –o durante ellas–, los jugadores podían degustar cocina gourmet o recibir un masaje. Para algunos clientes de confianza, Bloom incluso podía proporcionar servicios de prostitutas y cocaína. En cada una de aquellas celebraciones rigurosamente vigiladas por guardaespaldas podían llegar a moverse millones en efectivo. Bloom llegó a manejar tanto dinero, y a estar rodeada de tantos egos mayúsculos, que era casi inevitable que alguno de ellos acabara intentando arrebatarle su poder. En el libro de memorias que publicó en el 2014 –es la base que Sorkin ha tomado para la película–, Bloom acusaba a Tobey Maguire de haberla traicionado. En esas páginas el actor era descrito como alguien mezquino, vengativo, celoso y miserable.

Apaleada

Obligada a mudarse a Nueva York, construyó allí una nueva red de partidas en las que participaban jugadores aún más ricos. Fue entonces cuando empezó a echar mano de las drogas. Anfetamina para mantenerse despierta, cocaína para sentirse enérgica, Xanax para bajar de revoluciones. La adicción, eso sí, resultó ser el menor de sus problemas. Después de las navidades del 2010, la joven estaba sola en su casa cuando un matón irrumpió en su apartamento y le metió en la boca el cañón de su pistola. Convencida de que iba a morir, recordó a los dos gánsteres que pocas semanas atrás se habían reunido con ella para exigirle dinero a cambio de protección, y a quienes había mandado a paseo. A modo de venganza, el intruso le dio una paliza salvaje antes de despedirse diciendo: «Sabemos dónde vive tu madre».

Apenas tres meses después, el FBI se presentó en una de sus partidas. Se le pidió cooperación en una investigación contra el crimen organizado. Ella decidió no hacerlo. Dos años después, los federales volvieron a acudir a ella, aunque esta vez armados con fusiles de asalto. Fue acusada junto con otras 33 personas, entre ellas jefazos de la mafia rusa, de blanqueo de capitales y enriquecerse organizando actividades ilegales.

En mayo del 2014 fue sentenciada a 12 meses de libertad condicional y obligada a prestar 200 horas de trabajos sociales. Asimismo, se vio en la ruina, y aplastada por las deudas: unos dos millones de dólares. Pese a ello, mantuvo la boca cerrada cuando le ofrecieron una fortuna para que hiciera públicos los nombres de las celebridades que participaban en sus partidas –los nombres de DiCaprio, Maguire y Affleck ya se conocían antes de que ella escribiera su libro–. En todo caso, decíamos, hay gente cuyas vidas parecen diseñadas para ser llevadas a la pantalla. Molly’s game ha puesto sobre la mesa de Molly Bloom una nueva mano de cartas, y la oportunidad de jugarlas de otra manera.

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