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J. P. GETTY

Historia(s) de un secuestro

 

1. El actor Christopher Plummer, en su papel del magnate J. P. Getty, y Mark Wahlberg, como el exespía J. Fletcher Chace contratado por él, en un fotograma de la película ‘Todo el dinero del mundo’. 2. Otra escena de la misma película, en es -

1. El actor Christopher Plummer, en su papel del magnate J. P. Getty, y Mark Wahlberg, como el exespía J. Fletcher Chace contratado por él, en un fotograma de la película ‘Todo el dinero del mundo’. 2. Otra escena de la misma película, en es -

POR JUAN MANUEL FREIRE
25/02/2018

La madrugada del 10 de julio del año 1973, el joven Paul Getty (16 años) volvía después de un rato de fiesta al piso que compartía con dos jóvenes pintores en el barrio del Trastévere, en Roma. Se atrevía a ir solo, aunque los secuestros habían dejado de ser raros en Italia por entonces y la prensa ya lo había convertido en rostro reconocible, localizable. Paul era «el hippie dorado», el nieto bohemio del hombre más rico del mundo: el empresario del petróleo J. P. Getty. Un Fiat blanco viejo se detuvo a su lado. Dos hombres salieron del coche y lo introdujeron a la fuerza en la parte de atrás, donde le pusieron un trapo empapado de cloroformo en la cara. Empezaba para Paul un calvario. Cinco meses de creciente tortura, a pesar de tener un abuelo con una fortuna estimada en aproximadamente dos billones de dólares.

Cuando los captores llamaron a su madre, Gail, le aseguraron que el chico estaba sano y salvo, pero querían mucho dinero para soltarlo. Ella contestó que no lo tenía. «Pues, por favor, pídaselo a su suegro», dijo esa voz con acento del sur de Italia. «Él tiene todo el dinero del mundo».

Todo el dinero del mundo es precisamente el título de la nueva película de Ridley Scott y de la edición española (publica Harper Collins Ibérica) de Painfully rich, el libro de John Pearson de 1995 en el que se ha basado Scott para contar la historia del secuestro. Este fin de semana se ha estrenado el filme en España y dentro de poco más de un mes, llegará a EEUU una serie, Trust, dirigida por Danny Boyle y escrita por su habitual guionista Simon Beaufoy, sobre exactamente los mismos hechos.

¿Qué tiene esa historia para haber puesto a trabajar (al unísono) a dos grandes cineastas de nuestro tiempo? Bueno, tiene de todo: es una historia de giros imposibles, de motivaciones humanas que escapan al entendimiento, de superricos que también lloran. En plena era de extrema desigualdad económica, al espectador de clase obrera nada puede estimularle más que comprobar que el dinero no compra la felicidad.

Y casi tampoco, ni siquiera, la libertad, si eras nieto de J. P. Getty en los 70. El abuelo octogenario se negó famosamente a pagar el precio del rescate: 10 miliardi de liras, unos 17 millones de dólares. Sus motivos eran, se dice, personales: Pearson habla de su «disconformidad puritana» con ese nieto hippie (algo hipócrita, teniendo en cuenta que J. P. Getty fue un conocido adicto al sexo), y señala que también culpaba al chico por haberse dejado secuestrar y, de ese modo, «mezclarlo a él con la terrible mafia». Siempre había temido su propio secuestro.

La famosa oreja

La cinta de Scott se basa en los hechos hasta cierto punto: se han cambiado detalles para lograr mayores efectos dramáticos, aunque cualquiera familiarizado con el secuestro diría que emoción no le falta.

Pearson recuerda la visita de Gail a la televisión, donde se desmaya cuando le preguntan: «Signora, ¿cree que su hijo está muerto?». Y las dudosas tácticas del emisario enviado por el abuelo, el antiguo espía J. Fletcher Chace, quien tuvo, por ejemplo, la inútil idea de llevarse 10 días a Gail y el resto de sus hijos a una «casa segura» en Londres. Después está el plantón de Gail al secuestrador Cinquanta que deviene en la parte más cruelmente famosa de todo este embrollo, la de una oreja cortada, enviada por correo… y estancada en un almacén durante tres semanas por una huelga del servicio postal.

Finalmente (y no sigan leyendo si quieren ver película/serie con total desconocimiento), tras una considerable rebaja en el precio, Getty accedió a pagar el rescate. Bueno, solo la porción deducible de impuestos. Del resto debía encargarse el padre del chico, pero iba mal de líquido. El abuelo aceptó prestárselo… a un 4% de interés anual.

«La mayoría de las familias se acercan en una crisis (...), pero los Getty no», escribe Pearson. Gail cree que «si el Paul mayor hubiera lidiado con el secuestro como lidiaba con un trato de negocios en sus buenos tiempos, Paul habría estado libre antes de 24 horas». Getty no era frío. Era un hombre apasionado. Pero siempre canalizó su pasión en una dirección: la acumulación de dinero. Era tan protector con su fortuna que en su mansión de Sutton Place había instalado un teléfono de pago; era el que debía usar todo el personal no autorizado. Tacañería del siguiente nivel.

Anteponiendo dólares a sentimientos humanos, J. P. Getty catapultó a su descendencia (los hijos y nietos de tres de sus cinco matrimonios fracasados) a destinos esencialmente trágicos. Uno de sus hijos se suicidó tres años antes de su muerte. Por entonces, otro era adicto a la heroína y el alcohol. Un tercero había sido desheredado en la infancia y luchaba cada día con el rencor hacia su padre. El que salió mejor parado fue el más joven, el filántropo John Paul Getty Junior, quizá por haberse apartado cuanto pudo de Getty Oil y los negocios de su padre.

Los tráilers no siempre dicen la verdad sobre una película o serie, pero, si hemos de guiarnos por los de Todo el dinero del mundo y Trust, Scott y Boyle no pueden tener visiones más opuestas de la misma historia.

El director de Alien, el octavo pasajero parece haber optado por un tono claramente más melodramático y efectista, y su guionista David Scarpa no ha tenido problemas en cambiar la historia si convenía a nivel de emoción. Por ejemplo, quien llevó el dinero a los captores no fue Gail (Michelle Williams), sino el exespía Chace (Mark Wahlberg). Curiosamente, la escena de la oreja es más educada e higiénica en la ficción que en la realidad: al Paul real no le ofrecieron cloroformo y un médico de verdad, solamente brandi.

¿Sufrirá la serie de Boyle por haber llegado después de la película? Probablemente no. El público no ha acudido en masa a Todo el dinero del mundo, a pesar de toda la publicidad provista por la fabulosa historia del cambio de actores: Scott cambió de Getty in extremis tras conocerse los escándalos sexuales de Kevin Spacey, y volvió a rodar un puñado de escenas con Christopher Plummer, quien ha acabado nominado al Globo de Oro y al Oscar al mejor actor secundario.

Además, Boyle & Beaufoy parecen leer la historia desde otra óptica, bastante sardónica y pop. Donald Sutherland parece pasárselo en grande en el papel de J. P. Getty, mientras que Harris Dickinson (revelación con la indie Beach rats) saca a la luz el lado más energúmeno del joven Paul, el nieto mayor del magnate petrolero. Con los superricos también se puede reír.