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Juan Valderrama: «En esta España tan dada a las etiquetas soy el hijo de Juanito Valderrama. Sí, soy su hijo, y más cosas»

Llega el próximo viernes al teatro López de Ayala de Badajoz para presentar ‘Bajo el ala del sombrero’, un musical donde recrea la vida de su padre, cantautor de la posguerra, autor de ‘El emigrante’. Es verdad que Juan Valderrama es hijo de Juanito Valderrama, el genio de la copla, pero es mucho más: un tipo inteligente, de rápido reflejo, que responde tan veloz como pregunta, y que todavía es capaz de sobrevivir a esta España de hashtags. Cantante (Madrid, 1972)

 

-La pasada semana participaba en esta entrevista el actor Armando del Río, que le lanzaba la siguiente pregunta: ¿Es muy difícil no compararle con su padre, ha aprendido a diferenciar su arte del suyo?

-Cada artista tiene su propia forma de decir las cosas. Si no, después de 17 años, no estaríamos aquí. Mi padre era Juanito Valderrama, yo soy Juan Valderrama, soy su hijo, pero son carreras distintas, épocas distintas... No reniego, me gusta mucho hacer gala de que soy su hijo, pero creo que musicalmente cada uno tiene su camino.

-Y ahora llega a Extremadura precisamente para presentar este viernes en el teatro López de Ayala de Badajoz ‘Bajo el ala del sombrero’, un espectáculo donde habla de la vida de su padre...

-Sí. Es un musical basado en su vida. Mi padre es un caso muy representativo de la historia del siglo XX en España. Mi padre es el gran desconocido, quiero decir que lo conoce todo el mundo pero muy superficialmente. De modo que me he propuesto contarle a la gente quién fue realmente. Es una historia asombrosa, la de un pequeño héroe. Y de paso se rescata a otros artistas de aquella época que se les ha olvidado muy injustamente. Cuando se habla de memoria histórica, a mí me gustaría que tuviéramos memoria no solo para las cosas funestas sino también para nuestro arte, nuestros artistas e intelectuales. Y creo que mi padre es un clip, un enganche perfecto para una época que me parece maravillosa, llena de genios.

-‘Bajo el ala del sombrero’ es un paso en la puesta en valor del patrimonio musical popular en castellano. Que usted, autor e intérprete del musical, sea buen conocedor del repertorio paterno, es un atractivo.Y además está bien acompañado...

-Una cosa así, o la haces muy bien y con dignidad, o no la hagas. Soy consciente de que ser su hijo podría restar credibilidad. ¿Porque qué va a decir un hijo de un padre? Pero esto no es un panfleto que ha escrito un hijo con añoranza de un padre, esto es un texto dramático que lo ha dirigido Pepa Gamboa, que es Premio Nacional de Teatro. Así que esto nace desde la seriedad. Además intenté por todos los medios no interpretarlo yo, pensé en algún actor que pudiera hacer mi papel, que es el de narrador, pero no encontré a nadie. Estuve reunido con algún actor muy importante de este país que no se sintió capaz de narrar y cantar. Total, que al final el marrón me lo comí yo (risas).

-Su padre perteneció a una generación de emigrantes, de gentes que tuvieron que dejar este país en busca, en muchas ocasiones, del falso sueño del dorado...

-Mi padre lo que sí vivió fue el exilio. Y el exilio encendió la mecha de la canción de ‘El emigrante’. Este tema luego toma el cariz de todos aquellos que van a trabajar a las fábricas del norte de Europa, de Suiza, de Alemania, de Bélgica, pero realmente la espoleta que hace que a él le estalle la bomba es Tánger, donde se encuentra con el exilio, con los españoles que pierden la guerra, que se han significado políticamente republicanos y no pueden volver. Ese es el drama que a él le llega muy fuerte. Da una función allí, en el Teatro Cervantes de Tánger, está lleno de españoles gritando ‘Viva España’, y es gente que le cuenta que tiene su familia en España y que no va a poder verla nunca más. La canción tiene luego una segunda lectura, que es la emigración de los años 60; y ahora la inmigración, porque hay mucha gente de América Latina que me dice: «¡Qué bonita canción escribió su padre, ‘El Inmigrante’!».

-Actualmente hay cientos de refugiados, de niños que cruzan en patera el Estrecho o que llegan a las playas de Almería. ¿Qué está pasando en el mundo para que se produzca este retroceso?

-El mundo va como tiene que ir, a peor. Hay un tercio de este planeta donde no se puede vivir por motivos climatológicos o políticos. ¿Entonces, qué van a hacer las criaturas? Ir buscando un lugar donde poder vivir. Y ya está. Y eso ha sido, fue, y me temo que seguirá siendo así.

-Juanito Valderrama fue el cantautor de la posguerra. ¿Cómo sobrevivió a aquellos años, ideológicamente había que posicionarse?

-Ideológicamente había que estarse quieto. Franco sabía que mi padre había hecho la guerra en el bando republicano. Cuando terminó la contienda, siguió su vida. No tuvo libertad para decir que era republicano, pero no fue franquista. No tuvo por parte del régimen de Franco ninguna facilidad, se dedicó a hacer feliz a la gente, a cantar, a hacer sus compañías, pero no iba de cacería con Franco ni iba a tomar café con doña Carmen, como hacían otros artistas, que hoy siguen sus carreras. Es que a veces parece que solo fue a cantarle a Franco Juanito Valderrama, pero a Franco fue a cantarle Serrat, y Víctor Manuel, y Juanita Reina, y Luis Mariano. ¿Le censuraron canciones a mi padre? Unas cuantas. ¿Tuvo problemas políticos? No, porque no se los buscó. Sabía que tenía que guardar silencio, pero eso no significa que participara, porque nunca lo hizo.

-El pueblo siempre estuvo con su padre, pero los críticos no valoraron lo que supuso para el flamenco... y eso que abrió caminos en la forma de hacerlo. Decía Juan Habichuela que su padre les enseñó a los artistas a ser empresarios, dio oportunidades a Manolo Escobar o a Camarón de la Isla, al que sacó de un tablao de Madrid con 17 años…

-Hay dos injusticias flagrantes que se han cometido en el flamenco: Valderrama y Marchena. ¿Por qué el purismo denostó a mi padre? Porque sufrió mucho la envidia. Él fue, sin ser consciente, un hombre que desde joven la despertaba, primero porque Dios lo dotó de una garganta prodigiosa, y luego porque en esto del arte hay mucha mediocridad. Pegarle a Juanito Valderrama era fácil porque era manso. Y sí que le hicieron el pim pam pum de la flamencología. Como grabó copla antes que nadie (que también grabó Caracol no siendo autor de sus coplas, mi padre por lo menos era cantautor), o ‘Peleas en broma’, pues no respondió al canon del cantaor flamenco, que tiene que ser gitano, de Triana, con calzones rotos, ser un perseguido... Y Valderrama no tenía ese perfil y había que darle, y le dieron, y le amargaron la vejez.

-¿Oscureció su padre a su madre? Hable de Dolores Abril...

-Ella tomó una decisión, o carrera o familia. Optó por lo segundo. Cuando llegan a México, a Argentina, a Puerto Rico, la que realmente pega un pelotazo es ella. Y tuvo que decidir, o vuelvo a España y sigo siendo la consorte, o me quedo aquí y soy yo la figura, pero pierdo a mi marido, al hombre que quiero. Fue una decisión dura. Todavía no estábamos en el mundo ni mi hermana Juana Dolores ni yo. Ella era entonces una chavala libre, pero por amor siguió el instinto de su corazón y dijo: ‘Me voy con Juan’, porque mi madre estuvo enamoradísima de mi padre y él de ella, fue una historia de amor de esas de toda la vida, de las que ya no existen. Así que mi madre sacrifica su carrera artística por amor y eso es mucho decir, porque los artistas somos gente que nos subimos a nuestro ego, nos tiramos y nos matamos. Para mí es una lección.

-A pesar de haber crecido escuchando y acompañando a sus padres, usted no se decidió por la música hasta hace algunos años. Antes, estudió Periodismo y llegó a ejercer el oficio. Trabajaba en Estepona y tenía un programa de flamenco por las noches. ¿Le ha costado tomar las riendas de su carrera discográfica?

-Con 29 años le confesé a mi padre que me gustaba cantar, le enseñé una maqueta y a partir de ahí todo cambió. Antes me licencié en Periodismo en la Universidad de Navarra, pero a mí me gustaba escribir canciones y cantar. Grabé un disco en 2002, fui disco de oro en tres meses, colaboraron conmigo Ana Belén, Sabina, Vicente Amigo... y me cambió la vida. A partir de ahí fue la música lo que centró toda mi actividad. Creo que las riendas de mi carrera las llevo desde el principio porque, de alguna manera, soy músico independiente. Estuve en una multinacional al principio pero me di cuenta de que aquello no era para mí y salí. Creé mi propia discográfica, mi propia empresa, mi propia productora, y soy mi jefe. O sea, soy otro autónomo más de tantos.

-De alguna manera casi ha vivido pidiendo perdón por ser hijo de quién era y le ha costado mucho dejar atrás eso... ¿Quién es usted?

-La mejor pregunta que me han hecho desde que empecé (se queda pensativo). Pues yo soy uno que intenta hacer su propio camino y que lleva a rastras una mochila que pesa mucho. Soy el hijo de Juanito Valderrama, y más cosas. Si te quieres quedar en que soy el hijo de Valderrama, bueno, lo soy, pero si escarbas un poquito te darás cuenta de que el hijo de Valderrama hace otras cosas. Y es otra persona, es un tipo que piensa, que escribe, que reflexiona, y un superviviente más, en esta España tan dada a las etiquetas. A mí me la han puesto y ya no hay quien me la quite. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido hijo de Valderrama? No lo sé, lo soy. ¿Lo he tenido más fácil? ¿Usted cree?

-Además hizo un papel en el cine de la mano de José Luis García Sánchez en 2004 con ‘Franky Banderas’...

-Una experiencia. Me reí tanto... Juan Luis Galiardo marcó mi vida, yo nunca había conocido a nadie como él. Y luego Chiquito de la Calzada, Pablo Carbonell, Tete Delgado... Fue un descojono.

-Entremos ahora en el bloque catalán. La Fiscalía pidió citar de urgencia a Carles Puigdemont por rebelión, sedición y malversación. ¿Qué ha ocurrido en Cataluña para que se desate esta locura?

-Que llevamos 40 años inoculando odio.

-¿Cómo se debería actuar con el expresidente de la Generalitat?

-Como un español más, que responda ante la ley igual que yo. Si yo no pago a Hacienda me embargan, si no acudo al juzgado me ponen en busca y captura. Está muy bien echarle cojones a la vida, pero hasta el final, no vale que paguen los demás por ti.

-¿Cree que si la participación ciudadana en las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña es elevada, los constitucionalistas ganarán esos comicios, que el 78 vencerá al 2017?

-Han pasado muchos años. Lo que veo en la calle es que la mitad de la gente está de una forma y la otra mitad está de otra. Y que la gente joven está por el independentismo porque, en parte, eso está en el hecho de ser joven, estar en contra de lo que opinan tus padres. Y hay un choque generacional. De manera que creo que en las elecciones la cosa estará más reñida de lo que parece.

-Joaquín Sabina ha afirmado este lunes en Buenos Aires que un grupo de políticos «profundamente irresponsable» ha dividido a los catalanes de una manera «atroz» y casi los lleva al «abismo»¿Está de acuerdo?

-Siempre digo amén a todo lo que diga Joaquín Sabina porque es mi maestro y mi amigo. Pero es que esto se veía venir, cuando empiezan a poner embajadas por el mundo ¿para qué te crees que es esto, para llevar Torta del Casar?, no, eso es porque tienen un fin: la independencia. ¿A qué conduce un partido nacionalista? A escindirse del resto del país. Es que yo no entiendo una democracia que permite según qué pensamiento político. La democracia acepta ideologías que van en contra de la democracia. Toma, chúpate esa, ¿eso cómo se come? Entre las opciones políticas no ha de caber la destrucción del Estado. Si se va a reformar la Constitución deberíamos hacerlo en profundidad para que este sistema sea de segunda vuelta, como en Francia, y que en vez de pactos, el partido que gane, gobierne. Y se acaban los males.

-¿No le parece encomiable el esfuerzo de los comentaristas políticos para tomarse en serio la cháchara de Puigdemont?

-La charlotada está sacando mucho rédito televisivo.

-Vayamos a la cultura. ¿Es un drama lo que ocurre con ella en este país?

-La cultura en este país va a ocupar siempre un cuarto o quinto lugar. Si queremos igualarnos a otros países que tratan a la cultura como una industria nos queda mucho camino por recorrer

-¿Cantar en directo es una salida?

-La única. ¿Sabe lo que paga Spotify por 600.000 reproducciones de tu canción? 30 dólares. ¿Sabe cuánto vale producir esa canción? 30.000 dólares.

-¿Se canta mejor desde el dolor o desde la felicidad?

-Desde la copa de vino.

-¿Cuál es la mayor dificultad que le plantea la educación de las nuevas generaciones?

-Que lean, porque un libro te ordena la cabeza, te convierte en una persona educada. Y la gente joven no lee porque está formada en la era de lo táctil.

-¿Pero por qué hemos dejado que el mundo lo rijan las redes sociales?

-Porque son inmediatas y fáciles, son el fast food del pensamiento. Pienso, vomito, lo escribo... y ya lo leerá alguien.

-Y para terminar esta entrevista lo haremos con parte de la letra de una canción de su padre: ‘Saben en España entera que no tengo competencia, en mi fama no hay fronteras, me nombró la providencia el rey de la carretera’...

-Eso es. Amén.

   
1 Comentario
01

Por hurdano 11:51 - 05.11.2017

Ole tu Juan Valderrama, y tu padre tambien.