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Rebeca Jiménez: «¿Con todo lo que ocurre en el mundo realmente lo más vital que nos pasa es Cataluña y su independencia?»

Canta porque no puede vivir sin hacerlo, es un ejercicio terapéutico con el que saca lo que guarda dentro. Por eso su música llega, no en vano cuenta lo que nos pasa más allá de Cataluña: el amor, la insatisfacción, la vida, las emociones en definitiva. Está de gira por España, Extremadura incluida, con su ‘Tormenta y mezcal’, un disco en el que narra su estancia en México, su resurrección, el modo en que Rebeca Jiménez, una de las voces más aplaudidas del pop español, conduce su imparable viaje al éxito. Cantante (Segovia, 1975)

 

Con Rebeca Jiménez antes del concierto en la Terraza del Príncipe, el 10 de noviembre. - FRANCIS VILLEGAS

-La fotógrafa catalana afincada en Extremadura Mai Saki, galardonada con el premio Ciudad de Badajoz, pasó la semana pasada por esta entrevista y le lanza la siguiente pregunta: ‘¿Cree que en el mundo de la canción es más difícil grabar un disco o tener éxito siendo mujer que hombre?’

-Por un lado eso sucede porque el fenómeno fan se da más en las mujeres y en ese caso lo tienen más fácil los hombres.

-¿Por qué canta?

-Qué bueno (sonríe). Con 6 años empecé a estudiar piano y solfeo. Canto porque a lo largo de los años realmente me he dado cuenta de que no podría vivir sin cantar. Es algo que me acompaña desde muy pequeña, toda mi vida, incluso antes de pensar que me iba a dedicar a esto. Cantar cura y en mi caso tanto escribir canciones como cantar es un ejercicio terapéutico, la mejor manera de sacar las cosas que llevo dentro.

-Pero estudió Física y hasta Filología Germánica...

-Empecé a estudiar Física pero me di cuenta de que no. Al tiempo estudiaba Arte Dramático y me estrené con mi grupo de versiones. Luego pasé a Filología Alemana y eso me llevó a Viena. Allí comencé a trabajar con unos austriacos en un grupo que llamamos Madrid de los Austrias y grabamos dos discos. Era un cóctel de todo que desembocó en lo que soy.

-Porque en su caso cantar es un trabajo. ¿Se puede vivir de la música en un país en el que hasta por cantar en el Metro se dan codazos?

-Es complicado. Hay personas que están colocadas en unos niveles muy buenos musicalmente. Si la música te va bien, la verdad es que te va muy bien, pero es cierto que hay muchísima gente que quiere dedicarse exclusivamente a esto y no puede, no da. Desde que saqué mi primer disco como Rebeca Jiménez he vivido de la música, hay momentos mejores, hay momentos peores, pero sí que cuesta.

-Usted ha regresado después de cinco años acumulando historias y canciones y lo ha hecho con ‘Tormenta y mezcal’, un disco editado por su propio sello discográfico y con el que pasea por varios estilos teniendo como referencia México, lugar en el que ha encontrado la inspiración y las ganas de abrir ciclo personal y profesional... Defina su disco...

-En él hablo de las cosas que me han pasado y es un trabajo en el que tiene mucha importancia mi estancia en México. En 2014 estaba pensando en sacar un disco, pero decidí marcharme. Y lo que pasó en México es que cambió todo. Empecé a escribir nuevas canciones y aunque éste sigue la misma línea de mis discos anteriores, va abriendo a futuras composiciones que quiero hacer con un toque más latinoamericano, incluso estoy desarrollando un proyecto para sacar un disco puramente mejicano. En el caso de este trabajo, hay México pero también alusiones a otros sitios a los que he viajado porque en todo este tiempo que ha pasado he estado viajando y tocando. No he estado alejada de la música, he estado escribiendo y componiendo. ‘Tormenta y mezcal’ es un viaje.

-Y ese viaje la ha traído de gira a Extremadura. Hace unos días estuvo en Cáceres. Defina esta tierra...

-Extremadura siempre me sugiere una belleza en cuanto al campo y las ciudades, una gastronomía maravillosa. Es un sitio en el que, la verdad, me siento muy querida y al que siempre quiero volver.

-«Empieza una fase nueva después de la tormenta, todo se ha quedado más en calma», se ha sincerado usted. ¿Qué es la tormenta y qué es la calma en el plano personal?

-La tormenta puede darse a diario o se da por rachas. Personalmente la tormenta llega cuando hay una inquietud dentro de mí o preocupaciones de cómo tirar adelante. Ahora que no tengo detrás el apoyo de una compañía discrográfica, todo pasa por mí, todas las decisiones las tomo yo. entonces paso muchas rachas de tormenta porque todo se agita, todo está un poco en el aire, tienes que jugártela, tienes que seguir apostando. Así que la mayor calma que recibo es cuando toco, cuando canto, porque ahí es una felicidad para mí, estar en el sitio que quiero.

-Los arreglos de este disco son realmente buenos...

-Muchas gracias. Todo esto tiene que ver con la persona que ha producido este disco, Tony Brunet, guitarrista y productor, que tiene en su cabeza pura música. Ha sido muy fácil trabajar con él y me ha sorpendido su manera de escribir arreglos también. Lo cierto es que se han hecho unos arreglos de cuerda y de viento que a mi entender son espectaculares.

-Usted ha colaborado con grandes de la escena musical como Quique González, M Clan, Pereza, Coque Malla, Miguel Ríos, César Pop… y ha sido invitada por músicos internacionales como Andrés Calamaro, Neil Young y John Fogerty, para abrir sus conciertos en España. Sin embargo es algo más que todo eso, Rebeca Jiménez tiene estilo propio. ¿Le costó encontrarlo?

-Me alegra que me diga que tengo estilo propio porque eso significa que la gente escucha una voz y dice: «Es Rebeca Jiménez». Creo, eso sí, que estoy abriendo diferentes caminos y ahora el cuerpo me pide un poco más de baile.

-¿Primero hay que vivirlo para después poder contarlo?

-Si las cosas las tienes dentro es mucho más fácil que te salgan. Tiendo a escribir lo que me pasa.

-¿Ha de ser el amor un alegato de los artistas?

-Casi todas las canciones de la historia hablan de amor porque es un sentimiento universal y de una manera o de otra el público se siente identificado con aquello que contamos. En este disco es verdad que también he tocado temas sociales en canciones como ‘Nadie se salva’, porque hay cosas que ocurren en España y en otros países, que se está pasando mal por la crisis u otras cuestiones. Pero lo cierto es que me cuesta no hablar del amor, de las cosas que nos pasan a todos, reflexionar sobre la vida. Escribir sobre las emociones, en definitiva.

-Claro. La gente se identifica con sus canciones porque en ellas usted cuenta lo que nos pasa a todos...

-Exactamente. Es que yo escucho canciones de otros y digo: «Buah, es que está contando justo lo que está pasando ahora, lo que estoy viviendo y lo que estoy sintiendo». Eso es lo que hace que una canción agarre a los demás.

-Hablaba antes de las rancheras. No sé si este género se puede contemporaneizar...

-Una ranchera puedes llevártela a cualquier sitio, hasta con bases electrónicas. Dentro de mi idea de grabar rancheras no quiero que todas suenen como con un mariachi detrás.

-En una ocasión dijo usted: «No me imagino toda la vida tocando en salas pequeñas, que me encanta, pero sinceramente quiero tocar en sitios grandísimos llenos de gente». ¿Cómo hacer que eso suceda, aunque esto no significa que vaya a ser mejor cantante, a veces hay músicos que tocan en sitios abarrotados y son realmente malísimos?

-(Risas). Al decir esto me refería a que cuando te dedicas a esto y van pasando los años quieres crecer y que vaya aumentando el número de personas que van a verte. Es verdad que soy feliz tocando en espacios pequeños y con la gente muy cerca. Incluso si algún día consigo llenar salas enormes volvería a esos sitios donde empecé, a esos sitios donde amé la vida.

-El mezcal, que da nombre a su disco, calienta la garganta. ¿Es la bebida mexicana la ideal antes de un concierto?

-El mezcal está bien con moderación y me gusta tomarlo para calentar la garganta antes de tocar. Es fantástico y es para mí un ritual; representa ese amor que tengo a México. Incluso si canto una ranchera brindo con la gente con un tequila.

-Su disco se grabó en México. Una tormenta perfecta parece estarse formando en torno a ese país. En el plano interno, la crisis de inseguridad se agudiza, los escándalos de corrupción aumentan y, al tiempo, se destruyen deliberadamente las instituciones de seguridad y justicia, debilitando aún más al precario Estado mexicano. ¿Qué opina del gobierno de Peña Nieto, cree que se está llevando el país por delante?

-Es cierto que siente la inseguridad, depende de las zonas de México también. En DF hay ciertos barrios donde es mejor no arriesgar pero en otras zonas se vive tranquilo, siempre teniendo en cuenta que estás en México y siguiendo unas pautas para no liarla. Lo que he sentido es que hay un gran sector muy descontento con Peña Nieto, que se mueve saliendo a las calles y se manifiesta. La gente sufre porque hay un gobierno y hasta una policía muy corrupta.

-En esta entrevista se ha referido a su canción ‘Nadie se salva’, en la que habla precisamente de la mala hierba. Hablemos pues de esa mala hierba en varios planos ¿En primer lugar me gustaría plantearla qué cree que pasa en el mundo para que Trump decida alzar el muro de México, amenace con la cancelación del Tratado de Libre Comercio e insista en la culpabilidad mexicana en la epidemia de muertes por sobredosis de drogas que afecta a buena parte de Estados Unidos?

-Lo encuentro horrible. Cuando Trump habló de esto se lanzó una campaña con el lema ‘No construyamos muros, construyamos puentes’. Esa es la manera que tengo de ver la vida. Poner un muro entre personas de entrada me parece metafóricamente espantoso. El mundo está viviendo un momento realmente muy loco en todas partes y se nos va de las manos en muchos campos. Siempre he pensado que hace falta amor, poner más amor en las cosas y menos odio. ¿El muro? Me da mucha pena por México y, sinceramente, no llego a entender mucho a ese presidente.

-Pero hay más malas hierbas. Echemos una triste mirada a los cada vez más comunes atentados terroristas. ¿Por qué las religiones están haciendo derramar tanta sangre?

-Históricamente por las religiones se ha derramado mucha sangre. Según vamos evolucionando esto debería ir terminándose y no como está ocurriendo ahora. Al revés, se desatan odios. Respeto absolutamente todas las religiones, pero cuando uno está dispuesto a morir y llevarse por delante todo lo que sea por una religión, se me escapa. Es una brutalidad. Creo que el problema del mundo es que está manejado desde sitios muy altos, que están mucho más arriba de nosotros y que no controlamos y que no nos enteramos. Está todo muy manipulado y el pueblo tira por donde puede y creyendo en sus ideales es capaz de todo. El terrorismo que estamos viviendo es espeluznante y me da un miedo terrible.

-Sigue habiendo malas hierbas en cuanto al maltrato a las mujeres, por ejemplo, que es otro mal endémico de la sociedad actual...

-Volvemos al mismo punto: al odio, que está muy cerca del amor, por cierto. En violencia de género es impresionante que personas que se han querido sean capaces de destrozarse hasta quitarse la vida el uno al otro. Es alucinante. Con el último caso que se ha destapado lo estaba hablando con unos amigos y nos preguntábamos: «¿Cómo el ser humano puede llegar a esto?». Y luego está el miedo de una persona que está amenazada por su pareja y no se atreve a denunciar o piensa: «No, no va a volver a pasar». Es verdad que es meterse en muchas cosas, que hay muchos casos y hay muchos factores. Pero lo cierto es que la violencia contra las mujeres es otro de los grandes problemas que vivimos en la actualidad y hay que arbitrar todos los mecanismos necesarios para hacerle frente.

-Entretanto crece la violencia en las aulas.. ¿Qué tienen que hacer a su juicio las familias, las instituciones? Porque la raíz de todos estos problemas viene en muchos casos de la educación...

-Creo que la educación es importantísima para un país y sobre todo para el crecimiento, la formación y la consolidación de la personalidad de cualquier individuo. Pienso que el respeto se ha perdido un poco. Entiendo a esos profesores que tienen miedo a ir a dar clase porque deben enfrentarse a adolescentes que pasan de todo. Frente a eso también hay muchos casos de alumnos a los que les falta motivación porque no encuentran docentes que sepan motivarlos mejor. A través de la educación hay que saber ilusionar a los niños y a los jóvenes para que sepan lo que pueden hacer con su vida. Y, por último, establecer medidas para que se evite el acoso entre compañeros y se frenen casos gravísimos como los que conocemos.

-Se va esta entrevista y no hemos hablado de Cataluña. ¿Había entonado ya un aleluya?

-(Risas). Fíjese que Barcelona es una ciudad en la que he vivido, que adoro, me encanta tocar allí, me encanta ir a Cataluña pero tampoco entiendo que se quieran poner barreras o muros. Por supuesto respeto las opiniones de cada persona, de la gente que quiere el independentismo, pero me pregunto: «¿Realmente es tan necesario esto, es lo más vital con todo lo que nos pasa en el mundo, el que llevemos dos meses hablando sin cesar de Cataluña y su independencia?». Mejor estar todos juntos. Tenemos un problema de terrorismo mundial, de hambre, de gentes que están muriendo en otras partes del planeta, miles de cosas como para estar tanto tiempo pendientes de este asunto. Deberíamos haber evolucionado a unirnos y no a separarnos.

-Y para terminar esta charla lo vamos a hacer con la letra de una canción que dice así: “Volverás a llamar, volverás a venir, volverás a por mí. Y buscarás mis canciones para calmarte la sed. Te acordarás de mí, querrás estar aquí...”

-(Sonríe). Es una canción mía, ‘Te acordarás’. Has sufrido, te hace daño, pero al final el tiempo te demostará que volverá...