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Silvia Tostado: «El feminismo aboga por romper el mandato del patriarcado y ahí caben todas las luchas»

Deconstruyó muchas cosas para volver a construirlas, las desaprendió para volver a aprenderlas y así fue como Silvia Tostado consiguió la felicidad que te da ser transparente en un mundo donde la invisibilidad de las mujeres lesbianas sigue siendo un lastre, donde se banaliza su sexualidad y donde todavía es necesario tirar de etiquetas frente a los desalmados que piensan que ser otra cosa que heterosexual es una rareza. Coordina el Área de Familias de Fundación Triángulo (Miajadas, 1982)

 

Junto a Silvia Tostado en Espacio Solidario Anúmbara de Cáceres durante la entrevista. - FRANCIS VILLEGAS

-La semana pasada entrevistábamos a José Luis Gutiérrez, administrador de la página de Facebook Fotodenuncia Cáceres, que le formula la siguiente pregunta: «¿El activismo más potente que puede existir hoy en día es el feminismo?»

-Sí, porque además encierra el resto de las luchas. Mi primer activismo fue el LGTBI, por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. Es un activismo vivido muy en primera persona y desde mi posicionamiento y lo que a mí me atraviesa. El activismo base es el feminismo, es una necesidad imperiosa de cambiar las reglas del juego, reivindicar que esta sociedad no puede seguir organizada así porque es injusta y agresiva hacia las mujeres, hacia quienes están en los márgenes, hacia quienes no damos cumplimiento a una sexualidad normativa e impuesta. Es tremendamente injusta además para las pobres, para las que no son de una raza dominante, para quienes no responden a los prototipos de diversidad funcional. Y el feminismo aboga por esto. Hay que romper el mandato del patriarcado y ahí caben todas las luchas.

-Es cierto, vivimos una época que puede pasar a la historia en cuanto a la reivindicación de las mujeres en la calle. ¿Cómo lo está viviendo, cree que estamos asistiendo realmente a un cambio de mentalidad?

-Creo que sí. El movimiento feminista siempre ha estado de pie, incluso cuando estábamos cuatro en las calles. No nos valen las sentencias injustas, que estemos olvidándonos de los refugiados en las puertas de Europa, que hagamos oídos sordos a la situación de extrema necesidad que viven miles de personas en África. Son luchas que parece que están desconectadas, pero en el fondo están unidas. Hay un hartazgo y una necesidad de decir ‘ya está bien’. Si hay una población a la que siempre se le han vulnerado sus derechos, en cualquier lugar del mundo, estemos donde estemos, es a las mujeres. El movimiento feminista ha conseguido algo muy importante, que ha sido unir las voces, y afortunadamente está teniendo resultados. Yo lo vivo con mucho entusiasmo, con ganas de que esto se materialice realmente en un cambio. Vivo con la esperanza de que mi hija disfrute de un mundo más justo y más igualitario y de que por el hecho de ser mujer no sufra abusos de cualquier tipo y, por supuesto, que mi hijo contribuya, viviendo su masculinidad, de cualquier otra forma que no sea la imperante.

-Lleva razón en que algo debe estar cambiando cuando más de 300 organizaciones feministas se han echado a la calle para reclamar al anterior gobierno más medios en la lucha contra la violencia machista...

-Sí. La lucha contra la violencia de género se tiene que materializar en acciones reales. No puede ser que hablemos de un plan estatal carente de los recursos mínimos. Ese plan es un logro para hacer frente a esta lacra que es la parte más perversa y brutal del machismo, pero sin duda hay que ser más ambiciosos. Hay que exigir a nuestros gobernantes responsabilidad, dinero y sobre todo capacidad de cambiar las cosas.

-En esto de cambiar las cosas, es imprescindible la paridad. Pero fíjese, que hay muchos gobiernos del mundo que no la garantizan...

-Es vergonzoso, inadmisible. Recuerdo que cuando se intervino a Grecia salió elegido un gobierno que se autodenominaba de izquierdas y con un posicionamiento progresista, y todos eran hombres. O tras la polémica sentencia de La Manada solo se convocaron a juristas hombres para hablar de un cambio del Código Penal. No puede ser. Las respuestas a los problemas nunca deben venir siempre de los hombres. Y más si están regulando cuestiones que nos afectan a las mujeres. Por eso la paridad es justicia.

-Hablamos de ese Plan Estatal contra la Violencia de Genero y es verdad que desde el punto de vista legal se han conseguido logros, ¿pero no estima que hay que dar el salto necesario de la igualdad legal a la real?

-Hay que trabajar desde la educación, sobre todo de los niños varones, y es imprescindible que quienes ostentan los privilegios, los cedan; hasta que eso no pase van a seguir produciéndose muchas resistencias.

-Usted es coordinadora del Área de Familias de la Fundación Triángulo Extremadura. Mientras que escritores, actores e incluso políticos se declaran gays, las lesbianas siguen siendo invisibles en la vida social. ¿Qué factores explican esta invisibilidad del lesbianismo?

-Fundamentalmente que somos mujeres y el ámbito de la sexualidad de las mujeres siempre se ha intentado reducir o esconder al ámbito de lo doméstico, mientras que la sexualidad masculina siempre ha tenido representaciones. Por otra parte, creo que por esas raíces machistas que nos caracterizan, cuando se ha puesto en duda la masculinidad, el macho alfa, se ha sufrido una violencia brutal y visceral. Eso lo han sufrido nuestros compañeros gays, una violencia física que además se ha ejercido en el ámbito de lo público, en las calles, los insultos, las agresiones e incluso las leyes que han penalizado, sobre todo, las relaciones entre hombres. Eso que en algún momento de nuestra historia, no tan lejana, durante la dictadura, pudo parecer que protegía a las mujeres, no fue tanto así, porque a ellas les estaba pasando lo mismo, pero en el ámbito de lo doméstico y ni siquiera tenemos datos. Sin embargo a eso se le ha dado la vuelta y aquello que en algún momento pudiera parecer ventajoso para ocultar relaciones entre mujeres que parecía que eran amigas, las eternas amigas que han vivido juntas en los pueblos, o personas que nunca se casaban y vivían con una vecina porque así podían envejecer sin estar solas, se ha convertido en un lastre porque eso tiene consecuencias de no verte, no tener espacios públicos, no contar con las políticas o los programas necesarios para acceder a esa igualdad real que todos necesitamos.

-De modo que las lesbianas deben darse a conocer para ofrecer referentes positivos...

-Sí. Y en eso soy muy insistente. No sería necesario tener que ir con pancartas o publicando tu orientación sexual, claro que no, obvio que no, pero si hay algo que hemos padecido quienes somos lesbianas o quienes tenemos una orientación sexual no normativa es la falta de referencias públicas positivas que te sirvan para sentir que no eres un bicho raro, que tu orientación sexual no tiene ningún tipo de problema, que tú no tienes un problema con ello y que en caso de haber algún problema, ese lo tiene quien es homófobo. Pero para eso siguen siendo necesarias las referencias. Nuestra socialización la hacemos en base a referentes en todos los aspectos de nuestra vida. Aprendemos de forma directa o indirecta de todo lo que nos rodea: la familia, la escuela, los medios de comunicación... y las lesbianas seguimos sin aparecer. E incluso a veces seguimos tratando de ocultarnos de forma deliberada y nos cuesta. No se trata de exhibir tu vida privada. Yo no exhibo las relaciones que tengo con mi mujer o con mis hijos, pero no las oculto. No estoy casada con un hombre, estoy casada con una mujer y tengo dos hijos que tienen dos madres, y necesito que eso llegue a los espacios escolares, a los medios, que eso impregne, que es una normalidad como cualquier otra y realmente no pasa así y hasta que eso no pase, a nuestros hijos y a nuestras hijas el mensaje que les seguimos lanzando, aunque nos parezca que no, es que cuando eres homosexual, cuando eres bisexual, transexual o lesbiana algo está mal. Y para cambiar eso es necesario que haya gente que dé un paso hacia adelante.

-Las mujeres siempre han tenido más problemas a la hora de conquistar libertades. Las lesbianas llevaron una vida disfrazada de heterosexuales. Dice que es mucho más difícil rastrearlas... ¿Por qué?

-Porque pertenecen al ámbito de lo privado y siempre han diluido su presencia detrás de otras luchas. Dentro del movimiento feminista hay muy importantes mujeres lesbianas, pero incluso dentro de ese movimiento también se ha invisibilizado nuestra presencia, porque en algunos momentos se intentó agredir al propio feminismo como si la homosexualidad fuera algo que te permitiera atacar a alguien. Y por unas razones o por otras no se fue muy justo con las lesbianas que participaron del movimiento feminista y fueron las propias lesbianas quienes necesitaron buscar espacios propios dentro de colectivos LGTBI o incluso promoviendo espacios específicos. ¿Hay más razones? Claro que sí, también la parte histórica de tratar de protegerte de las violencias físicas o públicas, pero no nos estábamos dando cuenta de que esas violencias se estaban sufriendo en lo privado y en las esferas familiares. Hay muchas lesbianas que sufrieron por parte de sus familias los más duros machaques, situaciones que nos llevaríamos las manos a la cabeza. Y no están documentadas esas situaciones, con lo cual ese rastreo es imposible. Hay muchas lesbianas que fueron sometidas a terapias de electroshock, a violaciones, se les impuso una cárcel en sus familias y esto ha tenido consecuencias.

-Facebook, Instagram o Twitter se han convertido en el lugar ideal para manifestar apoyo y respeto por los derechos de homosexuales. ¿Son las redes un aliado en su defensa?

-Creo que sí. Somos demasiado críticos con las redes sociales y no somos capaces de valorar en su justa medida todo lo que han aportado a mucha gente. Si nos vamos a Extremadura y hablo del mundo rural, las redes han conectado a gente que vivía en espacios donde se podían relacionar con un núcleo de 200 o 300 personas y ahora les ha abierto un espacio en el que pueden conectar con millones de personas prácticamente con un clic.

-En Irán, ser gay puede conllevar una condena a muerte para los hombres. Pero aunque se habla menos de las lesbianas, ellas también se enfrentan a severos castigos, incluyendo latigazos y flagelaciones... En España habremos hecho algo bien...

-Sí, pero en este sentido suelo ser bastante crítica. Evidentemente existen más de 80 países en el mundo que criminalizan la homosexualidad y la transexualidad, porque es la visible, porque a las mujeres no se les presupone esa sexualidad siquiera. Evidentemente esto tiene que ponernos en alerta, pero no podemos caer en la tentación de apuntar con el dedo a los países que criminalizan la homosexualidad olvidándonos de las responsabilidades que tenemos a título individual y en nuestras propias fronteras. Asistimos a situaciones en nuestro país que claman al cielo, una persona transexual ha sido agredida hace no tanto en Almería, en Madrid han echado a parejas de chicas y de chicos por el hecho de darse un beso y han sufrido agresiones por el mismo motivo. Entonces tenemos que estar muy pendientes de nuestras libertades porque los derechos, igual que se ganan, se pierden.

-¿Al hilo de esto, cuáles son los próximos retos del lesbianismo?

-Reivindicar nuestras luchas dentro del movimiento feminista que está en auge en este momento, que se visibilicen esas discriminaciones que se acumulan: cuando somos mujeres y somos negras sufrimos doble discriminación, cuando somos mujeres, negras y somos además discapacitadas sufrimos triple discrimación, cuando somos mujeres migrantes, también.

-¿Por qué se banaliza esta forma de sexualidad?

-Porque parte del sistema que la domina la ha banalizado, es decir, la sexualidad femenina y de las mujeres lesbianas ha sido muy recurrente dentro incluso de la industria del porno dirigida hacia hombres heterosexuales. Y porque todo lo relacionado con la vida de las mujeres en algunos aspectos se ha banalizado, entonces nuestra sexualidad también. Las generaciones que vienen detrás llegan con una fuerza brutal y no van a dejar que esto siga pasando.

-¿Por qué en ‘Instinto básico’ no es Michael Douglas el bisexual?

-Pues porque responde a un patrón machista brutal que la industria del cine también ha perpetuado. Porque supondría, entiendo, cuestionar la masculinidad sagrada. Por otra parte, el consumo de cine o de sexo mantenido entre mujeres es un negocio. ¿Para quién se hizo ‘Instinto básico’, destinado a qué público, a qué consumidores se dirigía la película? Ahí está la respuesta.

-¿Cree que todavía se tiene, como sociedad, la visión de que, bien eres hetero, bien eres gay y no hay espacio para la bisexualidad?

-Para la bisexualidad, para los géneros no-binarios, para quien no quiere etiquetarse... Creo que eso va cambiando más rápido de lo que nos parece. Quienes defendemos todavía declararnos lesbianas, por visibilizarlo y llevarlo a todos los ámbitos, tenemos muy claro que eso fue necesario. Pero se tiene que conseguir una cosa antes, y es que la diversidad que existe o el no etiquetarnos, no nos presuponga una heterosexualidad, o no nos impongan desde que nacemos: ‘tú eres un niño, tienes que cumplir con esto, vestirte de esta manera, tener una habitación azul, vas a jugar al fútbol, te vas a casar con una princesa, la vas a salvar, la vas a proteger...’ Cuando eso deje de ser el patrón que nos imponen, cuando realmente demos a nuestros hijos y a nuestras hijas la libertad de elegir y de construirse a sí mismos como quieran, sin sufrir violencia en los patios de los colegios, sin que en los libros de texto solo aparezcan las mismas imágenes de hombres y de mujeres, sin que sea mejor tener un determinado modelo de familia que otro, sin que se cuestione si una chica que juega al fútbol es una marimacho, sin que al niño que no quiere jugar al fútbol se le imponga el insulto de maricón en el patio del colegio, hasta que eso no pase realmente creo que todavía siguen siendo necesarias las etiquetas.

-Usted, además, es presidenta de la Coordinadora de Oenegés de Cooperación al Desarrollo en Extremadura. ¿Somos solidarios los extremeños?

-Somos comprometidos. Dentro de la coordinadora estamos 50 organizaciones extremeñas que están trabajando en muchos ámbitos contra la pobreza y contra la vulneración de los derechos humanos; creo que es necesario seguir insistiendo en que no es suficiente. Tenemos todavía la perspectiva de que la solidaridad es algo que damos o ejercemos en algunas fechas del año muy señaladas quizá con una visión muy caritativa, y eso hay que romperlo, tenemos que ser conscientes de que nuestro trabajo y nuestras aportaciones son algo que se hace por justicia social.

-¿Cómo recuerda su infancia?

-Tuve una infancia feliz, sí que es verdad que mi militancia y mi activismo no es porque sí, viví en una familia comprometida con la educación pública, mi padre trabajó siempre en una cooperativa en el campo, compartiendo su trabajo y su vida con seis compañeros. Con respecto a mi sexualidad, con mi familia hubo que trabajar, no voy a decir que siempre fue todo estupendo y maravilloso, no, hubo que trabajar, pero igual que tuve que trabajar conmigo misma, deconstruir muchas cosas para volver a construir, desaprender muchas cosas para volver a aprender. Hubo que hacer mucha pedagogía con todas las partes, pero afortunadamente puedo decir que disfruto de mi familia, mi familia disfuta de mí y de mis hijos, y todo ello desde la forma más transparente y más bonita posible.