GAVIAS Y BESANAS

Historias lunáticas

08/01/2012

Hace mucho, un grupo de amigos se juntó en renombrada finca para hacer un aguardo y de paso hacer lonchas a un jamón, de esos que no se venden, y destapar una arroba de vino, de esas que no se compran. Como pudieron, se colocaron en los puestos y el más veterano, por aquello de la edad, ocupó el último, en lugar preferente. El sitio dominaba una querenciosa baña de greda, frecuentada por un macareno de quitar el hipo. Las horas fueron pasando y el aguardista, inmóvil, con sombrero de ala ancha para evitar reflejos en las gafas de algún rayo de luna inoportuno, se fundía con el entorno. Poco a poco, la luz del satélite se fue apagando y el cazador miraba de reojo para descubrir alguna nube que estuviera ocultando a la valiosa aliada, que tenía a su espalda. Nada, todo despejado y cada vez más oscuridad, hasta el punto de no verse nada. En ésta desesperación estaba, en completa penumbra, cuando sintió al viejo jabalí revolcándose en el barreadero. Impotente, miraba por el visor y sólo acertaba a ver un bulto informe y no quiso arriesgarse con el disparo para dejarlo herido. Con resignación sintió su marcha y, al rato, el campo retomó su luz plateada de luna. La vuelta al cortijo fue triste, y más al comprobar que todos los compañeros se habían quitado sin esperarle. Al primero que encontró en la casa lo abroncó."El jamón podía esperar,coño". A lo que respondió el compañero: "Nos quitamos cuando empezó el eclipse".

EDUARDO JIMENEZ RODRIGUEZ.

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