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ENTREVISTA A UN CAMPEÓN

"Me flipa que la gente diga: 'Mir es el siguiente Márquez'"

 

El piloto mallorquín Joan Mir. - ALEJANDRO CERESUELA

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
11/10/2017

Tendrían que ver su reloj digital. Ahora, en Motegi (Japón), donde si el domingo acaba segundo será ya flamante campeón del mundo de Moto3, recién cumplidos los 20 y poseyendo ya el récord de victorias en un año con ocho (Catar, Argentina, Francia, Catalunya, Alemania, República Checa, Austria y Aragón), la esfera del peluco del dicharachero, parlanchín e inteligentísimo Joan Mir (Palma, 1 de septiembre 1997) marca las 15.36. ¡Vaya!, el 36, él ganará el título, el 15 de octubre.

–¿Cómo, dónde, con quien, en qué lugar empieza esta locura?  Esto empieza de muchas maneras, en muchos sitios y de ninguna forma. Quiero decir que no sé muy bien cómo empieza, desde luego no porque un niño llamado Juan quisiera tener una moto antes que un balón de fútbol o porque, como relatan muchos pilotos, a lo primero que me subí, antes de caminar, fue a una moto de juguete. ¡Ni hablar! Esto empieza porque a mi padre Juan le gustan las motos, sí, y a mi tío Guillermo, las motos de agua. Pero si por familia fuese, yo debería ser campeón de skate, pues papá tiene una tienda en Palma que flipas. Pero, ya ves, Eva Perelló, la prima de papá, tuvo un romance con Jorge Lorenzo, y el primo de mi padre, Juan Perelló, tuvo de maestro a Chicho, el padre de Jorge, y yo acabé sintiendo curiosidad por ver cómo era la escuela de Chicho y ¡boooom! ahí me quedé.

–Y empezaron los sufrimientos de mamá y la protección de papá.  Bueno, bueno, tampoco. Sí es verdad que a mamá Ana no le gustaba demasiado que corriera, pero ella siempre ha estado de mi lado en todo, en todo. Igual que papá, que si hubiese escogido el skate o el surf, pues también tiene tablas de surf, me hubiera apoyado a tope.

–De todos modos, tengo la sensación de que los genes de la velocidad son más de mamá que de papá, al igual que sucede con Valentino Rossi y Stefania, su madre, pues Ana tiene otro hijo, Mauro, de su segunda pareja que también es piloto.  ¡Oooooh, sí, Mauro! Mauro es tremendo. Es veloz, sí, sí, otro apasionado de las motos. Tiene 11 años y quiere ser como su hermano Juan. Pues sí, puede ser que el gen sea de mamá, puede. No me había fijado en ese detalle y tiene gracia: Luca Marini, el hermanastro de Vale, es piloto y veloz; y Mauro va camino de serlo.

–Todo el mundo elogia su inteligencia sobre la moto, en plena carrera.  No sé, esas son las cosas que no puedes entrenar. Si lo tienes, lo tienes de serie. Me gusta, sí, estudiar las carreras, a mis rivales… pero, bueno, este año me está saliendo todo bien. Mi respuesta en la pista tiene mucho de intuición, improvisación, creer en lo que haces, ser determinante.

–Las carreras de Moto3 son, todas, una auténtica locura ¿verdad?  ¡Uf!, es lo único que no me gusta de Moto3, porque son carreras, grupos, de vértigo, donde puede pasar todo, incluso hacerte daño. Lo de este año de Silverstone (acabó séptimo) y Mugello (terminó quinto) fue una auténtica locura y son carreras dificilísimas de gestionar y no estuve demasiado bien, no. Además, son carreras que llegan en una época donde los pilotos se están buscando la vida de cara al año que viene y hacen todo, y más, por agradar. ¡Tremendo!

–¿Cómo es posible pensar yendo en un grupo de 15 a 200 km/h?  Bueno, bueno, eso de pensar… La verdad es que, desde fuera, parece más caos de lo que es. Cierto, cuando somos muchos es todo imprevisible, pero cuando nos juntamos los cinco de siempre, entonces es una delicia, pues vas como formando parte de un ballet, pegaditos, muy deprisa, acelerando y frenando todos en el mismo puntos. Pero, sí, hay carreras que son de vértigo.

–¿Ya se siente campeón?  Detesto esa sensación. Ya no puedo fallar. Al inicio del año, ser favorito no me molestaba, al contrario, me motivaba, me agradaba, al fin y al cabo estamos aquí para ser favoritos, para intentar ganar, para tratar de conquistar el título, pero ahora… ¡uf! espero que esto acabe bien.

–Todos los sabios del 'paddock' dicen: 'Joan Mir es el próximo, es el siguiente Marc Márquez'. ¿Qué le parece?  ¿Lo dicen en serio? ¡me flipa!, me flipa mucho porque me están poniendo a la altura o en los inicios de pilotos que han sido mis ídolos, todos, todos, ponga usted el nombre que quiera. Y me flipa porque he sido de los chavales que ha empezado en esto más tarde, con más años o menos joven. Me flipa que la gente diga ‘este Mir es el siguiente, el nuevo Márquez, o Lorenzo, o Pedrosa, o Viñales'. Me enorgullece ¡claro que sí! y me lo tomo muy positivamente, pero para mí solo significa que voy por el buen camino, solo eso. Que es muchísimo, por supuesto.

–Descríbame a su piloto robot.  De Dani (Pedrosa) escogería su finura a la hora de pilotar; de Marc (Márquez), ese punto de locura que me encanta, entrar por donde no hay sitio, ese caerse y levantarse de inmediato, esa furia, me encantaría tenerla; de Vale (Rossi), el saber aprovecharse de todo en carrera para sacar lo mejor, tenga o no la moto a punto; de Lorenzo, su inmaculado pilotaje, finísimo; de Dovizioso, su determinación, inteligencia; de Viñales, lo práctico que lo veo, lo rápido que se adapta a todo, es de admirar.

–¿Le gusta está vida?  Me gusta todo menos los viajes. Entrenarme para estar más fuerte y ser más rápido, me gusta, sí. Si eres fuerte tienes más posibilidades de pensar mejor y que las decisiones que tomes, incluso en plena carrera, sean acertadas. Todo es una competición y, sí, me gusta. La vida con el equipo también, hay buen rollo y eso es vital en las motos, vital.

–¿Lo primero que hace cuando acaba un GP es llamar a mamá?  Pues no, no, ella y los míos saben esperar. Cuando acabo, si me ha ido bien, si me ha ido mal prefiero no contarlo, es desconectar del todo. Si pudiese desaparecer del circuito tocando un botón, lo haría. Pero tenemos muchas obligaciones, entre ellas atenderos a vosotros. Pero yo, lo que más adoro tras una victoria, es meterme en el coche de alquiler, tumbarme en el asiento trasero y descansar, dormir, es uno de mis placeres. A mamá la llamo más tarde. Y a papá. Y al tío Guillermo.