21/04/2003

Francisco Pilo es policía nacional en Badajoz. Suple su falta de formación universitaria e investigadora con la pasión y la disciplina. Cuando se sacan a colación sus trabajos, en los ámbitos académicos se suelen descalificar con un simple gesto. Sólo Francisco Espinosa reconoce los valiosos testimonios que recoge en sus libros.

Pilo alaba el gran trabajo de Casalá. "Pero él se basa en los consejos de guerra y en ellos, lógicamente, no aparece nada sobre las represalias arbitrarias en la plaza de toros". Casalá cree que se podrán demostrar 7.000 fusilamientos. "Yo no niego las cifras de muertos, pero sí discrepo del lugar donde se realizaron las matanzas".

Sobre la veracidad de las matanzas, cuestionada por Pío Moa y algún otro historiador, existen no sólo los datos de registros civiles y otras listas documentadas por Casalá o Espinosa, sino también los fotogramas de la película grabada en Badajoz el 16 de agosto por René Brut, fotógrafo francés de Pathé Newsreels, algunas de cuyas impresionantes tomas están recogidas gráficamente en el libro de Espinosa.

Por no hablar de las declaraciones de Yagüe a John T. Whitaker para el New York Tribune cuando dice: "Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contra reloj? ¿Suponía que iba a dejarlos sueltos a mis espaldas y dejar que levantaran otra Badajoz roja".

Más controvertido resulta el tema de la plaza de toros. Gutiérrez Casalá es tajante: "No he encontrado ningún testigo ocular de los hechos en la plaza, pero sí del lugar donde yo creo que se produjeron los fusilamientos: la plaza de San Juan". Recoge además en su tesis la declaración de uno de los 14 legionarios que sobrevivieron al asalto a la brecha de Trinidad.


UN LEGIONARIO GALLEGO

Se trata de un gallego que se casó con una enfermera pacense y se quedó a vivir en la ciudad. Casalá se lo encontró en un club de ancianos y el exlegionario le relató cómo él y la legión fueron alojados en la plaza de toros el 14 de agosto. "La guardia civil se llevó a unos 20 presos y en la plaza no mataron a nadie", concluía el jubilado gallego.

Sobre el acuartelamiento de la legión en la plaza de toros, Pilo recoge los espacios exactos donde se alojó cada compañía legionaria. "Efectivamente, en la plaza se quedaron los supervivientes de la sexta bandera que habían entrado por Trinidad en labores de vigilancia".

"El resto de la legión, prosigue, se desplegó por las murallas en labores defensivas por si esa noche llegaban las columnas Sosa y Campini que eran esperadas. Cualquier cabo furriel sabe que no se puede meter a 2.000 legionarios en una plaza de toros porque un ataque aéreo acabaría con la tropa".

Casalá no aporta en su tesis testimonios de testigos oculares de la plaza de toros, aunque sí de los fusilamientos en San Juan. Sin embargo, frente a la falta de testigos oculares de Casalá, Pilo aporta en su libro dos testimonios directos de lo ocurrido en la plaza de toros.

En Ellos lo vivieron, Francisco Pilo facilita el relato de la experiencia de Francisco Moreno Ramírez, superviviente de la matanza en la plaza de toros. Son siete páginas de narración espeluznante. Tenía entonces 15 años. Ahora cuenta con 82. "La última vez que supe de él fue hace cuatro meses. Su hija me contó que estaba internado. Vive en San Roque".

Otro testimonio que aparece transcrito por Pilo es el del ayudante del conductor de la camioneta que trasladaba los cadáveres desde la plaza de toros hasta el cementerio. Trabajaba como contratado en el ayuntamiento. Cuenta cómo la guardia civil fue a buscarlo a su casa a las tres de la madrugada del 15 de agosto "porque había trabajo. (...) Uno de los civiles dijo que cogiera el camión del corral, que nos teníamos que ir a la plaza de toros".

A las tres y media llegaron a la plaza. "Dentro del ruedo, a mano izquierda, había varios muertos en fila y nos dijeron que los cargáramos en el camión y nos los lleváramos al cementerio". Volvieron a la plaza y dentro "había más muertos, pero no todos juntos, sino un montón aquí y otro más allá. Después supe que los sacaban por tandas y los iban fusilando. Aquel día dimos por lo menos seis viajes".

Pilo no facilita el nombre de este testigo ocular, pero hemos podido confirmar su sobrenombre: El Charlas. Ya ha fallecido. Pilo cuenta con otros dos testigos de lo ocurrido en la plaza. Uno es un guardia civil que vive en Almendralejo y que prefiere no hablar. Mandó un pelotón de fusilamiento en la plaza de 20 guardias.

El cuarto testigo se apellida Galán Luengo, vive todavía en el barrio badajocense de San Roque y es hijo de uno de los guardias civiles que fusilaban en la plaza. Recuerda que su padre se enteraba del servicio en el pelotón de ejecuciones cuando lo veía en el tablón del cuartel cada mañana.


Pilo calcula que en la plaza de toros hubo unos 500 fusilamientos. Coincide con las cifras que da en su crónica fechada el 16 de agosto Mario Pires, el periodista portugués que enloqueció.

Jacques Berthet, uno de los periodistas que entró el 15 de agosto en Badajoz, envió ese día una crónica a su periódico, Temps, donde hablaba de las continuas matanzas en la plaza de toros. El 16 envía otro artículo con este encabezamiento: "No son 500, sino más de 4.000 muertos. Badajoz está tranquila". Esa tranquilidad, escribiría años después el periodista Peter Wyden, era la premonición de Auschwitz.

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