+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Es decir

Un asco nuevo

 

Daniel Salgado Daniel Salgado
02/01/2018

La palabra de 2017 es «aporofobia», según la Fundéu. Se trata de un neologismo cuya traducción es «rechazo al pobre» y cuya acuñación pertenece a la filósofa Adela Cortina, que ha explicado que el rechazo a inmigrantes o refugiados no es xenofobia ni racismo, ya que no se produce por su condición de extranjeros sino por su condición de pobres. Traducido rectamente, pues, se trata de asco. ¿O qué es, si no, el racismo y la xenofobia? Asco al otro. Si hasta ahora lo era por su raza o por su nacionalidad, ahora lo es también por su pobreza. Aporofobia. El problema es que no es correcto reconocer que los pobres son repugnantes y producen asco. Mejor que produzcan rechazo, que es eufemismo que hermana bien con términos como «miedo» o «desconfianza», entre otros, para lograr así una definición decente.

Desconozco los criterios de la Fundéu para elegir la palabra del año, pero hasta ahora parecía ser la popularidad. Ocurrió con «escrache» en 2013, con «selfi» en 2014, con «refugiado» en 2015 y con «populismo» en 2016. Fueron populares por reflejar fenómenos de repercusión social o política. «Aporofobia», en cambio, solo deben de conocerla quienes hayan leído los artículos periodísticos de Cortina, que ha sido quien ha puesto la palabra en circulación. Pero el éxito de «aporofobia», o sea, su elección como palabra del año, no se explicaría sin sus dos padrinos. Uno, la RAE, que la había incorporado a la versión on line de su diccionario. Y el otro, el Código Penal, que tipifica la aporofobia como una circunstancia agravante en caso de delito. He aquí, por tanto, un vocablo para expresar lo que quizá no existía mientras carecía de nombre.

En cuanto se crea una palabra, ella sola se llena de contenido y, lo mejor, enseguida le salen usuarios. Así, más de uno reconocerá que tiene síntomas de padecer aporofobia y podrá expresarlo desinhibidamente, sin cuidado de que le afeen el confesar que la pobreza le repugna: «No, yo lo que tengo es aporofobia». Ciertamente, nada alivia más que saber que lo que se siente tiene nombre y, porque lo tiene, existe. Y ya existe la aporofobia, ese asco nuevo.

*Funcionario.

Buscar tiempo en otra localidad