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soliloquios

Avaricia

Juan Jiménez Parra Juan Jiménez Parra
20/03/2017

 

Te preguntas si el avaricioso nace o se hace. El caso es que, ante la posibilidad de acumular, atesorar, acaparar, amontonar –o como quieras verbalizar la avaricia–, cada persona actúa de manera diferente. Unos son más conformistas y otros nunca están satisfechos con su caudal. Sin embargo, algunos avariciosos disfrutan de sus abundantes acopios pegándose la vida padre –podríamos llamarlos avariciosos lógicos–; y otros –los avariciosos absurdos– viven como menesterosos por no gastar, y suele ocurrir que sus descendientes se funden en cuatro días lo que ellos acumularon en toda una vida.

Dice un dicho: «Lo que vayas a dejar a los sobrinos, gástatelo en vino». Hace unos días terminaste de ver una serie norteamericana de televisión que ha visto media España, y la otra media debería ver. Se titula Breaking Bad, y trata, principalmente, de los estragos que hace la avaricia en un hombre que a priori no es codicioso. En cierto modo, puedes considerar esta serie didáctica, ya que enseña lo peligrosa que puede ser la avaricia. Lo dice otro dicho: «La avaricia rompe el saco». Si hubiese un medidor de nivel de avaricia en una persona, crees que tú no darías un contenido muy alto de «avariciosis».

Pero nunca se sabe, no has sido consejero de una caja de ahorros; ni tesorero de un partido político; ni cargo público; ni directivo de un instituto, de una fundación o asociación dedicada a organizar y administrar eventos de interés social. No has tenido la oportunidad de manejar dinero público y hacerlo crecer para que fuese a parar a raudales a tu bolsillo. Los avariciosos que se forran con dinero público suelen ser personas muy listas para hacerse con el botín ansiado; y muy torpes para dejar que su voracidad les complique la vida. Suele ocurrir que llegan a acumular pasta para vivir como marajás cuatro vidas, sin embargo no se conforman con eso y siguen dejándose seducir por la codicia. Al final terminan viviendo una vida para visitar juzgados y cárceles; y siendo ejemplos de lo que es un ciudadano corrupto repudiado por toda la sociedad. Pero a ellos quizá les dé igual, porque en muchos casos no devuelven la fortuna sisada.