WLw a decisión del Gobierno israelí de cancelar el domingo el bombardeo contra los domicilios de dos militantes de Hamás en Gaza, protegidos por escudos humanos, parece estar directamente relacionada con la resolución de condena de los ataques en la franja de las últimas semanas, aprobada el viernes por la Asamblea General de la ONU. La clamorosa soledad de EE UU en la defensa de Israel ante la comunidad internacional y el agotamiento de los combatientes han sido más útiles para detener la carnicería que las características de la resolución, que, a diferencia de las aprobadas por el Consejo de Seguridad, carece de fuerza ejecutiva.

Eso y el cambio de estrategia de Hamás, que aspira a formar un Gobierno de coalición con Al Fatá, la formación del presidente Mahmud Abbás, partidario de dar otra oportunidad al diálogo con el Gobierno israelí y a la moderación para sacar del atolladero a los territorios palestinos. Hamás está lejos de los movimientos que se inspiran en el pacifismo y la resistencia civil, pero no hay duda de que los escudos humanos son una piedra en el zapato israelí frente a los cuales el recurso a la fuerza bruta, como sucedió hace unos días con los disparos contra un grupo de mujeres, garantiza una derrota segura ante la opinión pública internacional.En esta ocasión hay que añadir las dificultades del Gobierno de Ehud Barak con muchos de sus generales, defraudados con los errores de dirección de la guerra del Líbano, el pasado verano, y la exagerada movilización de efectivos en las fronteras de Gaza. Un exceso de fuerza que la dirección de Hamás, como hace un judoca con su oponente, aprovecha para alcanzar sus propios fines.