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Cartas al director

 

21/09/2017

TAMBIÉN OPRIMIDO

Un país reprimido

Ángel Morillo Triviño // Castuera (Badajoz)

Antes de nada, para los que como yo han estudiado lo justito, vamos a quedar claro lo que significa reprimir y lo que se conoce como oprimir. Reprimir significa contener, refrenar, templar o moderar; y el vocablo, según la RAE, viene del latín reprimêre, de re ‘re’ y premêre, que nos lleva a oprimir. Ambos vocablos, aunque uno sea consecuencia o símil del otro, tienen la grave diferencia de que para reprimir se puede emplear la violencia y para oprimir no es estrictamente necesaria, pues se puede someter a una persona, a una nación, a un pueblo, etcétera, vejándolo, humillándolo o tiranizándolo, pero sin llegar a las manos, suavizando la criminalidad.

Retratando sólo los últimos tiempos (de los anteriores mejor olvidarse), desde la II república hemos estado, en mayor o menor grado, oprimidos económicamente, y durante la guerra incivil y una gran parte de la dictadura también hemos sufrido la correspondiente represión. Aunque, todo hay que decirlo, ignoramos como hubiera sido de haber triunfado los que perdieron la contienda, pues ya sabemos cómo se las gastaban Stalin y compañía a la hora de reprimir o de llevar a cabo sus famosas purgas. O sea, como decía una persona muy querida: «Para donde quiera que tire, estoy perdida».

En este país nuestro, y especialmente en Extremadura (oprimida y reprimida incluso cuando vivían Hernán Cortés, Pizarro y otros conquistadores), siempre se estuvo económicamente oprimido; siempre hemos sufrido y seguimos sufriendo con la democracia --algo increíble, por otra parte-- la opresión económica de todos los que nos han gobernado. España, da igual que haya república o democracia, no deja de ser saqueada por los poderes fácticos protegidos por los que mandan, que, lógicamente, se llevan su tanto por ciento (lo de Cataluña, tiene capítulo aparte).

Basta con señalar lo último que hemos sabido días pasados en los que se nos comunicaba por el Banco de España que, resumiendo, habíamos perdido la más que respetable cantidad de ¡40.000 millones de euros! a costa del camuflado --pero patente-- rescate bancario.

¿Por cuantos cientos de miles de millones va el desvalijamiento ya? Y encima, aún hay jueces que siguen dando la razón a ese atajo de filibusteros de la banca en lo de la cláusula suelo y demás reclamaciones de los usuarios que han sido y siguen siendo estafados.

Y, por poner un ejemplo, aunque no se criminalice la pobreza: Que once millones de trabajadores con trabajo sean pobres es, sencillamente, represión y opresión, las dos cosas. ¿Pero qué hacer ante tanta burrología despreocupada?