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Cartas al director

 

13/01/2018

La generosidad del rico

Manos arriba: La filantropía

Ángel Morillo Triviño // Castuera (Badajoz)

En España, la filantropía es algo más que reírse de la dignidad. Ya en año 2008 en un escrito titulado «filantropía demencial» denuncié cómo los políticos nos tomaban por estúpidos al anunciar «la magnanimida»” de que se iban a congelar el sueldo. Remuneraciones, de media entonces, rondando los ¡100.000 € anuales!, mientras a los trabajadores de la época se les pagaba de media --más o menos como ahora-- unos miserables 20.000 € al año. Y no en todas las comunidades, pues en la extremeña no llegamos, ni siquiera ahora ya, a los ¡14.000 €/año! de media (imagínense entonces). Del dispendio a los pensionistas mejor no hablar: encima de que tenemos las pensiones más bajas de los países civilizados (por cierto, nuestros políticos no están civilizados y la ética más elemental se la pasan por donde les parece), es raro el pensionista que no tiene que mantener a algún hijo o nieto parado o incluso -y esa sí que es gorda- trabajando por la chilindrina de ¡1.900 €/año!, caso en el que se encuentran dos de cada tres nuevos asalariados o alguno de esos ¡doce millones! que a pesar de tener trabajo son pobres. ¡Cómo para olvidarse de la economía sumergida!

Pero eso sí, las grandes empresas españolas, casos, por ejemplo, de Caixabank y alguna que otra Gran Superficie, gozan de una filantropía inigualable a base de conceder becas (seguro que a los hijos de sus mejores clientes) o de donar unos cientos de miles de cajas leche para los comedores sociales y contentar así al padre Ángel. Todas estas «humanitarias» empresas que pertenecen al Ibex o son de las más cotizadas en bolsa, no conviene olvidarlo, «se aprovechan» cada año de la no poco inestimable cantidad de ¡90.000 millones de euros! de fraude fiscal, para luego figurar como grandes benefactoras de las sociedad con sus «políticas sociales» de gran calado entre la gente ignorante o entre los que tienen intereses en sus repartos de beneficios. Todas sin excepción convierten, mediante ingeniería financiera (ya acomodada por la política del filibusterismo que ellos mantienen con sus donaciones y condonaciones), el 30% de sus beneficios en un nimio 3%, que ya está demostrado ha hecho reducirse los ingreso del erario considerablemente (más de ¡20.000 millones de euros! por año). Es increíble como en este país se explota a las clases trabajadoras --de modo cercano a la esclavitud-- sin la más mínima conciencia y luego con cuatro perras se hace filantropía para reconocimiento de la sociedad. Con la connivencia de Hacienda, obviamente. Aquí no es el mercado el que los hace ricos, es el Estado. Pero el trabajador, queridos idealistas, no quiere ningún tipo de beneficencia ni de altruismo, quiere que se le pague dignamente por el trabajo que realiza y punto. La generosidad (muy relativa, por cierto) para Trump y personajes de esa calaña.