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Extremadura desde el Foro

Complejos. Complejidad

La ideología nunca deberia ser una red que atrape y una barrera frente a la realidad

 

En 1992, dentro de un libro de enorme repercusión en su época, el pensador estadounidense Francis Fukuyama se lanzaba a decretar en su «El fin de la historia» la definitiva defunción de las ideologías. Aquello, pueden imaginar, generó no ríos, sino auténticos mares de tinta, y sobre todo, abrió la puerta de los corifeos de la indignación, espantados como aquellos lores a los que se caía el monóculo en el café.

Seguramente, todo porque el libro (que no ha resistido especialmente bien el paso del tiempo) asumía triunfante el axioma del capitalismo como el último y definitivo sistema, lo que colocaba a todos aquellos que desconfiaban de él (y sus excesos) en la sorprendentemente cómoda posición de destapar las fallas que se pronosticaban frente a su supuesta hegemonía. Fukuyama --para nada santo de mi devoción-- erraba en la complejidad del diagnóstico: no era el fin de las alternativas ideológicas sino de los regímenes políticos posibles. Volveremos a ello.

Más o menos en esos mismos tiempos, mi adolescencia se interesaba por los encendidos debates políticos nacionales, en el inicio de un momento que después se llamó «la crispación». Por supuesto (Francis, no te enterabas) las ideologías seguían más que vivas, enfrentadas. La izquierda acusaba a la derecha de ser derecha, y la derecha se centralizaba gritando a la izquierda que era «demasiado» izquierda. La canción seguro que les suena.

Sin embargo, hay dos rasgos propios de aquellos días que, ya entonces, me llamaban la atención. Pese a que vivíamos una época de tensión política creciente (a un paso de la alternancia), se cuidaba mucho encender la mecha del odio. Supongo que porque el pasado --entonces por supuesto más reciente-- aún suponía una línea que no cruzar para evitar repetir errores. Pero también por el pleno convencimiento político de la necesidad de no dividir artificialmente a la sociedad. No quiero ser demasiado inocente: recuerdo vídeos con dobermans, apelaciones al franquismo, estados defendiéndose en las cloacas. Pero también acuerdos de estado, en los que se podía sumar hasta los nacionalismos periféricos. Había menos complejos en medio de la diversidad.

Otra cosa me llamaba la atención: los que aquí se proclamaban defensores de la democracia frente a opciones más reaccionarias, no dudaban en hablar de Cuba como un paraíso terrenal. Era su «tierra prometida» y lo que demostraba un triunfo del socialismo. Pero no lo era. Y tanto no lo era que la siguiente generación de socialismo se fue paulatinamente desafectando de un sistema que no es más que una dictadura mal (propaganda y Varadero incluidos) encubierta. Se quitaron ese complejo propio de otros tiempos y trabajaron en un acercamiento mucho más lógico a una tierra que vive una política de herencia familiares y propiedades (muy) privadas.

Pero el paso de los años todo lo borra. Y hete aquí que nos encontramos con una nueva izquierda que, abrazada a férreos condicionantes ideológicos, vuelve a apoyar allí lo que aquí denosta y no duda en excitar para ellos las corrientes nerviosas del odio en nuestra sociedad. Y no debe permitirse

Cuba, Venezuela, con los matices que se les quiera incorporar, son dictaduras. Opuestas a toda forma de democracia. Si bien Cuba da (pequeños) pasos a una ligera apertura, habrá que pedir que se incidan en ellos. En el caso de Venezuela, la situación es más que límite.

Por ello chirría el bolivariano apoyo de unos pequeños caciques locales sólo con la inservible excusa ideológica. La ideología nunca debiera ser una red que atrape y una barrera frente a la realidad. Los asesinatos a manos del gobierno en Caracas exigen una repulsa y un apoyo para que se pueda recuperar una sociedad civil en Venezuela. Que por cierto tampoco hubiera venido mal que esa derecha y ese centro-derecha nacional, que tan «comprometido» se mostró --foto en mano y voto a la vista-- con el pueblo venezolano, haga seguimiento de esa labor. Si era algo más que mera estrategia.

Afortunadamente, conocí y conozco ese país y el deterioro en los últimos años será (lamentablemente) caso de estudio en el futuro. Y no deben existir dudas: no es la ideología. No hay un triunfo de izquierda o derecha, hay un triunfo del régimen político: vivir en libertad, en democracia, con capacidad para decidir y sin injerencia, control o represión de los poderes público. Y eso no es ideología. Lo demás, eso sí, es puro complejo.

   
1 Comentario
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Por vistacorta 9:30 - 21.04.2017

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Según mi entender las ideologías siempre llevan algo de fanatismo que lo acompaña. Entre el comunismo y el capitalismo caciquismo no hay grandes diferencias para el trabajador