LA CURIOSA IMPERTINENTE

Deporte y culpa

CARMEN Martínez-Fortún (profesora) 08/02/2012

Pese al clásico "Mens sana in corpore sano" o a que el descacharrante Rabelais consagrara la superioridad de una mente bien hecha sobre una muy llena y el poder del ejercicio para conservarla además cuerda, la literatura ha propiciado al deporte algunos detractores y no precisamente tontos. En su novela, Marido y mujer , Wilkie Collins criticaba la obsesión deportista de los ingleses en el siglo XIX y en el extraordinario premio Goncourt de Novela joven, HHhH, Laurent Binet se despacha con un definitivo "el deporte es una mamarrachada fascista". Viene esto a cuento hoy cuando las noticias sobre dos de nuestros más emblemáticos deportistas conmueven, sorprenden, confirman pesimistas presagios o testimonian a qué oscuro nivel desciende a veces la naturaleza humana. No me impresiona que el PP haya perdido un punto de apoyo por mes en el Gobierno, ni que el PSOE no levante, aún, cabeza pero sí que Alberto Contador , al contrario que Camps , haya sido hallado culpable. También las escabrosas manifestaciones de Arancha .

En la jurisdicción ordinaria, pese a que el pueblo y los periodistas suelen condenar de antemano y convertir los prolegómenos del juicio en calvario, los jueces al final absuelven si no hay pruebas. El fiscal y la acusación deben probar la culpabilidad, no el acusado su inocencia. En el deporte, parece que no. El dopaje ha envenenado física y mentalmente a deportistas, que no son los que más se han enriquecido con ello. Es justo y necesario acabar con él. Pero detecto en el caso Contador una intención revanchista y ejemplarizante. Declarado culpable, ha perdido incluso el Giro en el que sin duda no se dopó. Víctima de una instrucción nefasta, con patrióticas presiones e injerencias, en mi ignorante opinión es inocente al no probarse su culpa. No así Arancha. Sin ser juzgada la hallo culpable de airear cutremente sus frustraciones en espectáculo telebasuril. Contador, condenado sin pruebas. Las que Arancha aporta de estar contaminada por miserable sustancia: exhibir sus odios familiares sin rastro de pudor.

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