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Resiliencia urbana

Empatía contra el cambio climático

Hay que establecer una estrategia de avance hacia un modelo de ciudades sostenibles

TOMÁS Carrión
13/08/2017

 

Según los últimos datos de Naciones Unidas, 3.500 millones de personas viven ya en las grandes aglomeraciones urbanas de nuestro planeta. Para el año 2050 otros 2.500 millones se trasladarán a estas zonas en una espiral de crecimiento urbano que incrementará la vulnerabilidad de dichos territorios a los efectos del cambio climático. Los cálculos recientes del World Watch Institute (2016) nos aportan una realidad en rápido cambio de 2 megaciudades en 1950, 29 en 2016, y 41, con más de 10 millones de habitantes, en el año 2030. Los episodios climáticos extremos, como lluvias torrenciales, fuertes temporales e incendios forestales, se prevén cada vez más frecuentes y afectarán de manera importante a los habitantes de las áreas marginales de estas grandes urbes. El crecimiento urbano de Nueva York, El Cairo, Tokio, Pekín, Osaka, Karachi, Calcuta, Sao Paulo, México o Estambul demuestra claramente esta tendencia que destaca, de manera más clara, en el continente asiático. Esas ciudades se enfrentan, hoy, a la escasez de metales, minerales y combustibles, así como a los impactos en los sistemas de alimentación, transporte y edificación. El 70% del consumo de energía y el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEH) se produce en estos grandes ecosistemas urbanos que contribuyen por tanto, de manera principal, al cambio climático.

Es fundamental, pues, establecer una estrategia de avance hacia un modelo de ciudades sostenibles y resilientes. Si aceptamos la definición de resiliencia como la capacidad de afrontar y superar la adversidad, así como, de mejorar la capacidad para afrontar nuevos retos, debemos aceptar, también, que las ciudades deben ganar en resiliencia y que la sostenibilidad es un instrumento para ello. El cuidado del medio rural, la creación de oportunidades de desarrollo y la protección de los espacios naturales, tan importante en tierras extremeñas, reducirá la presión sobre las ciudades limitando el éxodo de la población hacia las mismas.

Gary Gardner, director de publicaciones del World Watch Institute, plantea que una de las formas más directas de poner freno a la expansión es simplemente decir: «Éste es el límite de nuestra ciudad y no vamos a expandirnos más allá de él». Además, en el informe anual del WWI 2016, resume en siete las claves para conseguir una ciudad sostenible y más resiliente: Reducir, hacer circulares, y no contaminantes los flujos de materiales; otorgar espacio a la naturaleza mediante infraestructuras verdes y soluciones basadas en la naturaleza (Nature Based Solutions); planificar un desarrollo compacto y conectado; construir lugar (placemaking) creativo generando sentimiento de pertenencia para sus habitantes; fortalecer las ciudades como centros de bienestar, saludables y de acceso a los recursos para toda la población; mantener a las personas en el centro del desarrollo y asegurar una gobernanza participativa compartiendo el poder y consultando a la ciudadanía en los principales procesos de decisión.

Pero, además de la resiliencia, las ciudades necesitarán mucha empatía para abordar el reto de la adaptación al cambio climático. Frans de Waal, etólogo y una de las personas más influyentes del mundo, defiende que el altruismo y la empatía son algunos de los rasgos que nos hacen humanos y que compartimos con algunos animales, en particular, con nuestros parientes próximos los primates. Es necesario que esos dos rasgos nos permitan alejarnos de los riesgos del darwinismo social o de la máxima que solo sobrevivirán los más aptos.

Cuando los expertos señalan que «las ciudades son centros de pobreza», (aproximadamente 1 de cada 7 habitantes de zonas urbanas vive en la pobreza, generalmente, en asentamientos marginales de los países en desarrollo), que alrededor del 10% de la población urbana de dichos países en desarrollo carece de acceso a la electricidad o que el 18% continúa utilizando la madera, el estiércol o el carbón para cocinar, las ciudades resilientes deberán liderar el desarrollo sostenible y el fortalecimiento de las sociedades urbanas basándose en la empatía entre sus habitantes.

*Experto en Riesgos Ambientales.