Editoriales

Fracturas de convivencia

06/05/2006

WEwscuela y violencia eran concebidos hasta ahora como dos términos antagónicos, lamentablemente cada vez menos distantes. La Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras ha organizado unas jornadas sobre ´Convivencia escolar en Extremadura´ en las que, muy oportunamente, abordan un problema que, según los expertos, es creciente: la violencia en el ámbito de la escuela. Un trabajo realizado por la Uex pone de manifiesto que los insultos, las discusiones, el ´hacer el vacío´ entre los alumnos es un comportamiento, no mayoritario, pero sí frecuente y, al mismo tiempo, señala que las amenazas, las agresiones, el acoso y la coacción son bajos. Es decir, el estudio, que se ha basado en un campo extenso: más de 2.100 encuestas entre escolares de la región, refleja una realidad que se mueve en los límites de la normalidad. ¿Qué niño no ha insultado a otro, no se ha peleado con otro o no se ha enemistado con otro?

Sin embargo, este tipo de acciones parecen haber abandonado el pupitre de al lado para mostrar fotografías extremas . Lo ocurrido en Jaraíz ayer es un ejemplo de las reiteradas advertencias hechas por el profesorado en los últimos tiempos. No parece lógico que los 94 profesores que forman parte de la plantilla del instituto de ESO Maestro Gonzalo Korreas secundaran ayer un paro de una hora para protestar y denunciar las amenazas que sufren los docentes por parte de algunos alumnos, y que éstos últimos reciban además el apoyo de sus padres.

En situaciones así se abren nuevas incógnitas que debían encontrar respuestas en las propias aulas, espacios concebidos para la socialización y el fomento de la convivencia, pero que no encuentran salidas a un problema emergente.

La violencia escolar, entendida como la agresión, la amenaza, la coacción, es un asunto lo suficientemente serio como para no confundirlo con comportamientos que, aunque conflictivos, no dejan de formar parte del aprendizaje del vivir y por eso, y en ello los medios de comunicación tienen una parte de responsabilidad, es necesario deslindar conductas. No todo lo que es reflejado en una estadística debe ser elevado a la categoría de ´problema´, precisamente porque, para atender a lo que verdaderamente lo es y concentrar los esfuerzos en remediarlo, es necesario desbrozar el camino. La serenidad, no demonizar episodios banales, y proveer a la escuela de materiales didácticos, como los que preparan los autores del estudio citado, para que los alumnos se eduquen en el respeto son maneras sensatas de abordar esta cuestión.

Pero de poco puede servir educar en valores si los padres no contribuyen a frenar la situación de indefensión en la que, en muchas ocasiones, se encuentra el profesorado. Los poderes públicos han de dar a la sociedad medidas para luchar contra la violencia, pero ésa es una labor de conjunto, en la que hay que tener en cuenta que tan mala es para el futuro agresor una educación autoritaria como negligente.

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