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La trastienda / el artículo del director

Gente de partido

La política como profesión forma parte de nuestro sistema, se mire a donde se mire, y los partidos son así máquinas de poder

 

Los partidos se han creado para transformar las cosas y es uno de sus propósitos alcanzar el poder para ello. Sin embargo, se han convertido también en máquinas electorales que tratan de asaltar las urnas casi desde el momento en que acaban unos comicios. Me hace gracia cuando se dice que unas elecciones se ganan o se pierden durante los quince días que dura la campaña. Todo el mundo sabe que, saboreadas las mieles de la victoria o pasado el luto de la derrota, los que conforman los partidos se ponen manos a la obra a por la próxima. Les va la vida en ello. Unos por vocación, otros por convicción y muchos otros por necesidad. Porque no nos engañemos, la política también se ha convertido en una forma de vida de la que depende mucha gente, sobre todo en territorios como el nuestro donde lo público juega un papel fundamental. Hay casos de vocación manifiesta, gente que le pierde dinero a la cosa pública, pero resultan los menos. En su mayoría le sacan partido a la política, sobre todo a esa que pasa del escalón meramente municipal.

Qué tendrá eso de la política que quien se sube al carro, la que hay que liar para bajarlo. Y se puede mirar a todos lados, derecha o izquierda, rojo, azul o ahora naranja o violeta. Porque los nuevos partidos son eso, demasiado nuevos, pero denle tiempo. A ver cuántos profesionales salen dentro de unos años ahora que parece claro, así al menos lo dicen las encuestas, que han venido para quedarse y que la partida ya no es a dos sino a dos más sus respectivas bisagras. No es pecar de demagogia, y no se trata de eliminar a los políticos porque son necesarios en este sistema que nos hemos inventado para vivir en relativa libertad, pero estarán conmigo en que tampoco vamos a hacernos trampas al solitario siendo políticamente correctos u obviando una realidad que está delante de nuestras narices.

Los partidos los conforman gente. Y aparte de sus respectivos congresos, donde hay que estar avispado para no quedarse fuera de juego, siempre se tiene un ojo puesto en las urnas y el otro en lo que hace el enemigo. Aún así, el PP extremeño está más adelantado; digamos que el gobierno relaja, no hay tiempo para andar en estrategias, mientras que la oposición tensiona, todo el tiempo se emplea en lo mismo: hacer campaña y ampliar la estructura de partido, sobre todo donde se falla, en este caso en los ámbitos rurales.

De todas formas, cada vez estoy más convencido de la teoría del aire de Madrid. ¿Que qué es eso? Pues el tono, la ola de positividad o negatividad que llega desde la capital para una determinada formación, la cual influye sobremanera en el resultado final de unas elecciones. Eso no es excusa para olvidarse de lo que pase en esta tierra, pero como decía un veterano político extremeño: «hay que tener un buen caballo traído desde Madrid, porque de lo contrario el jinete, por muy bueno que sea, dificil lo va a tener para ganar la carrera».

En este sentido, el PP parece vivir ahora un momento relativamente dulce con un gobierno en Madrid y un presidente que acaba de ganar un congreso de continuidad casi sin despeinarse, frente a un PSOE que está a punto de meterse en unas primarias a cara de perro con dos candidatos primordiales, Susana Díaz y Pedro Sánchez, cuya pugna todo el mundo sabe cómo va a empezar, a la gresca, pero nadie conoce a ciencia cierta cómo va a terminar: si con un partido de unidad conformado en torno a un líder o dos facciones difíciles de conjugar. En cualquier caso, vuelvo a lo del principio: una vez acabada la contienda y alzado su ganador, ya entrarán en juego las personas y todos sabemos que hay que sumarse al vencedor, de lo contrario se acaba en la estacada.

El asunto va a quedar resuelto a finales de mayo, justo cuando se cumple la mitad de la legislatura. Tiempo hay de arreglar las cosas y ponerse manos a la obra para recuperar el espacio perdido. Porque está claro que la contienda es de dos, en este caso de Vara, que se presentará de nuevo a la secretaría general del PSOE y ya verán que no hay contrincante, y de Monago, cuyo congreso regional es el fin de semana que viene y nadie se mide contra él. El resto de formaciones ya veremos qué derroteros toman, pero complicado lo tienen para liderar un proyecto hoy por hoy en esta tierra. Eso sí, su papel de acompañante lo tienen garantizado. Tal y como van las cosas, las mayorías absolutas se han acabado aquí y en el resto de España por mucho tiempo.