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Tribuna

La inmoralidad pública

 

Apesar de tantas noticias sobre corrupción, no sería exacto afirmar que la mayoría de los políticos españoles son deshonestos; pero, así como una epidemia que arrebatase la vida al uno por ciento de los habitantes de un país se consideraría como una gran catástrofe, bastaría probar que el uno por ciento de los políticos son inmorales para justificar la idea de que la política española es corrupta. ¿En qué país del mundo occidental se saquean los fondos públicos con tanto descaro? Existen personajes que, cuando alcanzan la condición de político, pretenden hacer ostentaciones de nuevos ricos. Y lo peor es que en muchos casos actúan con total impunidad. La consecuencia más grave de la deshonestidad pública es la dolorosa comparación entre los personajes improductivos y parásitos que son los políticos corruptos y la masa trabajadora y sacrificada de mujeres y hombres que están en paro o sufren para llegar a fin de mes.

Las anteriores reflexiones, mutatis mutandis, las hizo Lucas Mallada hace casi siglo y medio, pero desgraciadamente siguen vigentes. Y es que los españoles no podemos sustraernos al lastre histórico de la corrupción. Este estado de opinión comienza a hacer mella en el partido del Gobierno. No es la única formación política que tiene que purgar sus pecados. Pero parece que algunos otros están intentando lavar sus faltas en este río revuelto. No sabemos si es el periodo de nuestra historia en que más corrupción ha habido. Pero sin duda es uno en los que mejor está funcionando el sistema policial y judicial.

La credibilidad de las instituciones democráticas de un país depende de muchos factores, pero principalmente descansa en la confianza que los políticos puedan generar en la ciudadanía. Y ésta parece que se está perdiendo a marchas forzadas.

La inmensa mayoría de los políticos son honrados. Sin embargo, en los cargos públicos, por desgracia, siempre encontraremos dos tipos de especímenes: los que viven de la política y los que viven para política. Los primeros suelen introducirse subrepticiamente en la vida pública y anhelan los cargos como medios para medrar y lucrarse, en tanto que los otros son quienes se entregan a la política como servidores de una causa y no manifiestan apego al cargo. Actúan de una manera recta e íntegra, sin buscar prerrogativas y asumiendo las consecuencias legales o morales de sus actos.

Se tiene la impresión de que en los últimos tiempos la laxitud moral ha crecido. Y, pese a lo que se escribe en los programas electorales, en la práctica no se apuesta por un verdadero rearme moral. Ni los políticos de la vieja casta, ni los de la nueva, que antes de acceder a sus cargos se mostraron tan combativos, renuncian a sus privilegios ni saben conjugar el verbo dimitir.

Así las cosas, los próceres de la nación deberían estudiar con más celo la manera más enérgica de que nuestro país funcione verdaderamente como un Estado de Derecho. En otras palabras, que los servidores públicos sepan desempeñar el cargo con toda la dignidad e integridad que corresponde a su alta función.

5 Comentarios
05

Por JUAN GONZALEZ 11:16 - 19.06.2017

Hay que exigir la devolución de lo que se ha demostrado que se ha robado ¡¡¡¡YA!!!. Es una vergüenza.

04

Por Alcandor 10:13 - 19.06.2017

Es triste que esas palabras sigan hoy teniendo vigencia. La cuestión es que la historia se repite. Cambian las caras el cuento es el mismo. ¿ alguna responsabilidad tendremos o soes suficiente con acusar al que mete la mano en la caja? Buena reflexión, profesor.

03

Por para más INRI 9:49 - 19.06.2017

Si los políticos corruptos, se acogen al aforamiento para seguir robando, y si les pillan ser juzgados por los jueces nombrados por ellos mismos, y si les condenan aún les queda el indulto del consejo de ministros... ¿como se llama a eso? DEMOCRACIA POST FRANQUISTA

02

Por vistacorta 8:53 - 19.06.2017

No creo que la mayoría de políticos sean corruptos, pero si que la mayoría de corruptos son políticos.

01

Por Asunción Glez. 8:18 - 19.06.2017

Desde siempre los políticos, o algunos políticos, han sido corruptos. Lo importante es que, a medida que avanza la sociedad, parece que no se corrige este grave defecto. Esperemos que una mayor transparencia haga posible que exista mayor ética entre todos los que se dedican a los cargos públicos. Si esto no ocurre, seguirán desprestigiados.