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La curiosa impertinente

La misma ilusión

 

Yo viví esos tiempos, y alguno de ustedes seguro que también, querido lector, en que ante un roscón de Reyes nos reuníamos seis adultos y veinte niños. Tiempos en que las familias numerosas lo eran porque el número de hijos superaba no solo tres sino a veces sus múltiplos. Los hermanos nos llevábamos con el siguiente entre un año y dos o menos, y tras la noche mágica del cinco de enero apurábamos las últimas horas de ilusión, estrenando, correteando pasillos, armando escándalo.

Ahora vivo unos tiempos en que ante un roscón de Reyes, nos reunimos veinticinco adultos y tres niños, tiempos distintos, ni mejores ni peores, por mucho que la nostalgia dé ventaja a los pasados. Y tras la noche mágica del día cinco, aunque los pequeñajos de otra época nos sacan la cabeza, apuramos las últimas horas de ilusión porque los que volvieron a casa, tras caminar de nuevo pasillos y armar un escándalo más sensato, pero escándalo al fin, pronto volverán a sus vidas, que a la fuerza transcurren lejos.

Y en estos momentos en que se prolonga a punto de desvanecerse de nuevo con la ausencia, la atmósfera cálida en familia, confianza, alborozo y seguridad, me recuerdo hace muchos años, niña repipi de seis, preguntándole sabionda a mi joven madre si era verdad lo que una amiguita más sabionda que yo me había revelado en el cole sobre la verdadera naturaleza de los Magos de Oriente. Y la recuerdo también a ella, serena y convencida, explicarme que los Magos lo eran y existirían siempre, aunque delegaran en quienes tenían el encargo de cuidarnos. Y que por eso era posible que cada noche de Reyes los niños tuviéramos lo que deseábamos. Tan convencida me lo dijo que me convenció. Sin duda porque era verdad. Porque los mismos Reyes de entonces y de hace más de dos mil siglos, siguen llegando a las ciudades y encendiéndolas con la cabalgata de alegría que permite no ya los regalos para los peques, que también, sino que los niños de ayer que hoy custodian la ilusión de los nuevos vivan estos momentos con idéntico entusiasmo. ¿No creen que era muy sabia la respuesta de mi madre? * Profesora