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La curiosa impertinente

Navalmoral, estación de autobuses

 

Siempre fue el tren uno de mis medios de transporte favorito desde que una vez, tras pasar con mi numerosa familia las navidades en Madrid, cayó una nevada memorable, como son todas las nevadas de la infancia, y volvimos en un Talgo.

Aquel regreso nos permitió a mis hermanos y a mí corretear por los pasillos, curiosear el diminuto baño que parecía de juguete, y visitar el vagón restaurante, con todas las connotaciones novelescas que semejante lugar presentaba para una lectora voraz de novelas de Agatha Christie.

El Talgo Madrid-Barcelona no era el Orient Express, pero viajar en él era mucho mejor que hacerlo en el mil quinientos familiar donde solían tocarme los asientos habilitados en el maletero, pequeños, incómodos y que obligaban a mirar atrás.

Viajé también mucho en ferrocarril durante la carrera, en largas noches de litera. Y más esporádicamente lo hice en aquel Talgo Cáceres-Madrid, el tiempo que duró.

Ahora casi nunca voy en tren por razones obvias. No apetece quedarse parada en medio de la nada y esperar que vengan al rescate. Sobre todo cuando es casi seguro que va a ocurrir, como me explicaba un taxista el otro día: --Señora, se rompe todos los días, es una vergüenza-- relatando las cuitas que a su vez le habían contado algunos sufridos viajeros recogidos en la estación. Yo bajaba del bus de Avanza.

El exprés maravilloso, con wifi y asientos comodísimos que me permite, cuando quiero, disfrutar de un fin de semana cultural, salir a las siete y media de Cáceres el sábado y volver el domingo a las ocho de la tarde. Lo único malo y más que malo es, no ya la obligada parada en Navalmoral, en cuya cafetería sirven unos churros celestiales, sino el estado asqueroso de los servicios de la estación. Es esta parada obligada para muchos autobuses y presentación por tanto de Extremadura. Y es una vergüenza que los lavabos presenten tal grado de suciedad, deterioro y abandono. Retrotrae a una España olvidable y a una Extremadura andrajosa que no se corresponde con la realidad. Y urge que los responsables pongan remedio ya.