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La mirilla

Palabras al vacío

Marian Rosado Marian Rosado
08/01/2017

 

Hay palabras que animan, otras que hieren, muchas a veces duelen y otras pasan, justa o injustamente, desapercibidas. La palabra puede intentar ser verdadera o tratar de engañar, puede cambiar el mundo a mejor o acabar de hundirnos más. Puede tener también un significado muy distinto entre el que la expresa y quien la escucha.

Y a todos nos gusta hablar. Las redes sociales dejan claro que los propósitos de Año Nuevo se han convertido en una tarea tan tradicional como las doce uvas. Nuestras páginas de inicio se llenaron de balances del año que nos dejó y de propósitos para éste en el que acabamos de entrar. Hoy, poco más de una semana después, habría que ver cuántas de esas determinaciones siguen en pie.

Debería implantarse la costumbre de alistar una serie de buenos propósitos de manera generalizada al menos una vez al mes, o incluso cada semana, así quizás no se nos olvidan en el transcurso de los próximos doce meses. Pero cómo culpar al pueblo de las mismas fallas que vemos institucionalizadas. Éstas vienen en forma de discursos televisados. El más emblemático, el de su majestad el rey Felipe VI, apuntando mínimo histórico de audiencia y la sucesiva valoración de los respectivos partidos al día siguiente volviendo a ser tan previsibles que si repitieran lo mismo del año anterior difícilmente alguien se percataría. Tan comedido como estéril.

Dicen los analistas que el 2016 se convirtió en el año de la anti-retórica. El triunfo del Brexit en el Reino Unido y la victoria de Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, lo demostrarían. El discurso ruidoso, que conmueve, el que apela a los sentimientos, a las vísceras y a las soluciones sencillas --que nunca lo son-- es el que gana. Resulta que a los británicos les irá mejor alejándose de nuevo del viejo continente y que América será grande otra vez. Puede que sí, puede que todo lo contrario.

Los españoles, sin embargo, seguimos con la tradicional retórica de corrección y elegancia. Pero dicen nuestros vecinos italianos que al final las acciones hacen más ruido que las palabras. Y es verdad que todo el poder del verbo, sea bonito o feo, y de quien lo enuncia, recae en que se haga efectivo, vengan de tu amigo el cansino que además no deja de enviarte invitaciones de vidas para el último juego chorra del Facebook, vengan del actual jefe del Estado. Que los buenos propósitos se cumplan este 2017. * Periodista

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