+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Desde el umbral

Tallaje

 

El transcurso del tiempo trae consigo nacimientos y decesos. Pero, aunque así se presuponga, no siempre es bueno lo que nace y terrible lo que desaparece. A veces, lo alumbrado es maravilloso; y, en otras ocasiones, horripilante. Y ocurre lo mismo con lo que se esfuma. Porque se puede perder parte de aquello que más se quiere. Pero, antes o después, también se evapora todo aquello que nos incordia o aflige. Y no me refiero con esto a las personas, sino a sus obras, a sus inventos, comportamientos, modas, artilugios, procedimientos y estrategias. El ser humano evoluciona gracias a muchas de estas variables, pero, también, se degrada por causa de otras. Somos mejores que ayer en ciertos ámbitos, pero mucho peores en otros. Y lo triste es que ni siquiera nos damos cuenta de lo que vamos desgastando o amortajando. 

Por ejemplo, se supone que estamos construyendo una sociedad más justa, en la que la igualdad de oportunidades ha dejado de ser una quimera para convertirse en una realidad más cercana y constatable. Pero sucede que, si bien esto está ocurriendo en muchos planos de la realidad, al mismo tiempo se están abriendo paso, de manera silenciosa, nuevas formas de discriminación. Algo que puede parecer tan nimio como la ropa se ha convertido en una fuente inagotable de complejos y marginación. 

Ocurre ya en la más tierna infancia y en la adolescencia, cuando niños y púberes comienzan a juzgar a sus iguales por cómo visten. Pero ocurre, también, en la juventud y adultez, porque, aunque no reparemos en ello, el tallaje en las prendas de vestir, comercializadas por muchas multinacionales del sector textil, se ha convertido en un instrumento para clasificar a personas con unas determinadas características, e incluso para excluirlas y hacerlas sentir peores por el mero hecho de no poder vestir algunas de esas populares marcas. En este sentido, hay que denunciar que muchas personas, con un peso superior a la media, tienen que deambular por decenas de tiendas antes de encontrar modelos que les permitan vestir como sus contemporáneos. Y no hay derecho a ello. Porque todos deberíamos tener opciones para vestir del modo en que nos plazca y a un precio asequible.