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IMPACTO DE UNAS EXCAVACIONES EXCEPCIONALES

Atapuerca, historia de un éxito

Un historiador analiza en un libro la enorme popularidad del yacimiento. Vincula el proceso al nacionalismo y al gran trabajo de divulgación

 

El investigador del CSIC Oliver Hochadel, en el Museo de Arqueología de Barcelona. - Foto:FRANCESC CASALS

Trabajos en el yacimiento de Atapuerca. - Foto:FRANCESC CASALS

MICHELE CATANZARO
11/03/2013

Cuando el historiador de la ciencia Oliver Hochadel recaló en Barcelona, hace cinco años, apenas había oído hablar de Atapuerca. Las excavaciones en la sierra burgalesa, que han arrojado restos de los homínidos más antiguos de Europa, entre otras maravillas, forman parte del imaginario popular español, pero "en el extranjero prácticamente solo las conocen los expertos", asegura Hochadel, hoy científico titular de la Instituto Milà i Fontanals del CSIC.

Observaciones como esta le impulsaron a destripar El mito de Atapuerca , titular del libro que acaba de publicar en Ediciones UAB. Los hallazgos de Atapuerca son "de primer orden", aclara el investigador, pero su éxito popular no se puede desligar de una "industria de la divulgación" única en España. Gracias a ella, Atapuerca se ha convertido en "la versión científica de la Roja", el paradigma de una ciencia española por fin campeona del mundo. Pero también se han apropiado de ella historiadores que han identificado en esos restos a "los primeros españoles", unos huesos menos conflictivos que los de las fosas comunes franquistas.

"Desde finales de los 90 se han producido más de 30 libros divulgativos sobre el yacimiento, una exposición itinerante en 20 ciudades, rutas guiadas que atraen a 100.000 personas por año, miles de artículos de prensa y documentales, y se ha abierto el Museo de la Evolución Humana", detalla Hochadel, que trabajó durante dos décadas como historiador y periodista en Suiza, EEUU y Austria. Esta explosión se dio después de los grandes hallazgos de los 90: Miguelón y Elvis, un cráneo y una pelvis casi íntegras de Homo heidelbergensis, en 1992 y 1998, y el Homo antecessor, el primer europeo, en 1997.

DIRECTORES ACTIVOS "Los descubrimientos son muy importantes, pero no habrían tenido tanto impacto sin un gran esfuerzo divulgativo", opina Hochadel. Los codirectores de Atapuerca, José María Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga y Eudald Carbonell, se volcaron en la comunicación para paliar el desconocimiento de la evolución humana que había marcado la cultura en el franquismo. Pero también lo hicieron para obtener el apoyo social y financiero necesario para seguir excavando, según Hochadel, que ha entrevistado a muchos de los protagonistas.

Una de las razones por las que el éxito popular de Atapuerca no ha superado las fronteras de España es la idea, defendida inicialmente por los científicos españoles, de que el Homo antecessor fuera el ancestro común de neandertales y sapiens: esta teoría nunca prosperó en el extranjero. Pero la motivación principal es que Atapuerca se ha vinculado fuertemente a la identidad española: "Correos empezó su serie de sellos sobre historia de España con una imagen del Homo antecessor, las excavaciones se presentaron en el pabellón español de la exposición universal de Hannóver e incluso salieron libros con títulos como Historia de España, de Atapuerca al euro", detalla Hochadel.

En contra del criterio de los científicos, algunos historiadores de derechas empezaron a bautizar los restos como "los primeros españoles". "Esta tendencia coincidió con la llegada al poder de Aznar y con las primeras exhumaciones de las fosas del franquismo, observa Hochadel. Mientras estas representan la historia reciente de una España dividida, Atapuerca proporciona la imagen de un pasado común del que todo el mundo está orgulloso".

"Los medios presentan Atapuerca como un cuento ejemplar sobre la ciencia española", afirma Hochadel. Antes de esas excavaciones, investigadores extranjeros se apropiaron de fósiles y restos prehistóricos (como la Dama de Elche) o desacreditaron descubrimientos como las cuevas de Altamira. Los científicos de Atapuerca evitaron que eso volviera a ocurrir: crearon una cantera de arqueólogos y alcanzaron las máximas cotas en sus publicaciones científicas. ±Una historia como esta entusiasmaría a los medios en cualquier país. El mensaje es: por fin España se ha liberado de su imagen de retraso científico", concluye.