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ANIVERSARIO DE UN ICONO EN HORAS BAJAS.

Barbie cumple los 50 ante el desinterés por las muñecas

Los videojuegos y el cambio en los gustos de las niñas causan su declive.

 

JUAN RUIZ SIERRAJUAN RUIZ SIERRA 09/03/2009

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Barbie cumple 50 años.

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Bbarbara Millicent Roberts, Barbie, la elegante, sana e independiente mujer que ha trabajado como astronauta, médica militar, buceadora, bombera y candidata presidencial mientras lucía modelos de Gucci, Galliano, Versace o Calvin Klein y suscitaba el odio furibundo de las feministas, cumple hoy 50 años en triple crisis: la global, la asociada a su edad y la del sector muñequero. Casi nadie permanece ajeno a la primera y Barbie puede buscar ahí consuelo; para combatir la segunda, el juguete más vendido del mundo, en uno de sus últimos modelos, se ha tatuado el cuerpo --también podría haberse comprado un deportivo, pero ya lo tiene y es rosa--; la tercera, sin embargo, es mucho más complicada.

Durante el último trimestre, las ventas de la muñeca han caído el 6% en EEUU y el 28% en el resto del mundo, un lugar distinto al de aquel 9 de marzo de 1959 en el que paseó por vez primera su estilizada figura. En el principio, fue creada para que jugasen niñas de entre 9 y 12 años; hoy es un objeto para quienes tienen de 3 a 7. Y como Barbie, las demás. "Ante el avance de los videojuegos --dice Miriam Morante, experta en tendencias del Instituto Tecnológico del Juguete (AIJU)--, los fabricantes crean muñecas para niñas cada vez más pequeñas. La franja superior ya se da por perdida".

VUELTA ATRAS En cierto sentido, el mundo ha vuelto a ser el que era antes de Barbie. Hace medio siglo, cuando Mattel, basándose en una ficticia prostituta alemana, creó a Barbie, casi todas las muñecas tenían forma de bebé y las niñas jugaban a ser sus madres. Entonces apareció Barbie y lo cambió todo: era una mujer hecha y derecha y las crías podían imaginarse sus vidas a través de ella, como refleja el anuncio de 1959, el primero destinado a los niños y no a sus padres. "Algún día seré igual que tú --decía la narradora--. Hasta entonces sé perfectamente lo que voy a hacer. Barbie, hermosa Barbie. Fingiré que soy tú".

En pocos meses, la "hermosa Barbie" se había convertido en el juguete número uno en Estados Unidos. Se vendieron 350.000 piezas durante el primer año, una cifra ridícula si se compara con las actuales: cada segundo de cada día, se venden tres Barbies en 140 países del mundo, explica Mattel, que en estos tiempos difíciles trata de abrirse al mercado asiático a través de una megatienda de seis plantas en Shanghái y un nuevo modelo de muñeca de rasgos orientales.

Lo que se sabe ahora, y no entonces, es que la angelical muñeca, modelo para millones de inocentes niñas, tiene un origen repleto de sexo. Su creadora, la norteamericana Ruth Handler, se basó, probablemente violando los derechos intelectuales, en una muñeca alemana de vida disipada, Bild Lilli, una prostituta cuyos clientes eran hombres de negocios. Hay más: según la reciente obra Toy monster: the big bad world of Mattel , el principal diseñador de Barbie, Jack Ryan, casado en múltiples ocasiones --una con la actriz Zsa Zsa Gabor--, se dedicaba a montar orgías con mujeres idénticas a su criatura de plástico. El libro cita a Gwen Flora, la voz de Barbie entre las muñecas parlantes, quien cuenta: "Jack me dijo una vez que le gustaba que fuese tan alta porque podía pegar su nariz a mis pechos cuando me abrazaba".

LAS ASPIRACIONES "Barbie es, sin duda, la representación de lo que la mujer actual quiere y aspira a llegar a ser", asegura la delegada en España de Mattel, Gloria Bosch. En un estudio publicado en el 2006, Agnes Nairn y Patricia Gaya Wicks, profesoras de la Universidad de Bath, en Inglaterra, informan de lo contrario. A través de entrevistas, concluyen que las niñas de entre 7 y 11 años disfrutan torturándola. Un ejemplo: Primera niña: "Nuestra amiga hace eso con las Barbies". Segunda niña: "Sí, las mete en el microondas". Entrevistadora: "¿Las mete en el microondas? Oh, vaya". Primera niña: "¿Verdad que lanzó una desde el tejado?" Segunda niña: "Sí. Acabó en el jardín del vecino".

El estudio sostiene que despierta el sadismo al verla desechable, pero, sobre todo, porque es "infantil", porque "la ven como algo de su niñez, de la que quieren olvidarse". Solía pasar lo contrario: la rechazaban porque representaba lo adulto y dotado de sexo, y tenían sentimientos ambivalentes. El mundo cambia y eso es algo que la experimentada Barbie debe saber.