El hombre de 69 años de edad J.B.F., que asesinó en agosto de 2007 en Beas (Huelva) a su compañera sentimental, F.P.G. de 59 años, tras asestarle 18 martillazos, reconoció los hechos ante un jurado popular en el juicio celebrado hoy, al tiempo que ha mostrado su arrepentimiento.

Así, durante su declaración, J.B.F reconoció que acabó con la vida de su compañera mientras ésta dormía, no obstante apuntó que "si volviera atrás, no lo haría nunca en la vida".

Por su parte, la defensa, María Reposo Carrero, señaló que "este señor es humilde y sensato, sin problemas con la ley ni con los vecinos, pero no pudo soportar la presión de tener que abandonar a la persona que quería".

La Fiscalía, la cual ha renunciado a todas las pruebas testificales, ha pedido para J.B.F 17 años de cárcel, mientras que la acusación ha solicitado a su vez 20 años. Según expone el escrito de conclusiones provisionales, al que tuvo acceso Europa Press, ambos estaban unidos desde 2002, cuando decidieron convivir en el domicilio de la víctima. Durante estos años, la convivencia entre la pareja fue buena hasta que, en los últimos meses, debido al cambio de carácter y los celos que el agresor manifestaba, se resintió la relación.

Así, la víctima expresó su deseo de que una vez que terminaran las fiestas, la cuarta semana del mismo mes de agosto, abandonara el domicilio que habían compartido. J.B.F. llegó a manifestarle días antes de quitarle la vida que si ella lo dejaba "él se suicidaría y sería el último día de su vida".

Siendo consciente de que se le estaba agotando el plazo que F.P.G. le había dado para dejar el domicilio, según relata el escrito, sobre las 15,00 horas del día 23 de agosto, y viendo que dormía la siesta en la mecedora, se dirigió al corral de la casa en la que guardaba herramientas, cogió un martillo tipo machota, de 32 centímetros de longitud, y se acercó por detrás, con intención de quitarle la vida, comenzó a propinarle martillazos en la cabeza hasta matarla.

Acto seguido, se cambió de ropa y zapatos, al estar manchados de sangre, y colocó un paño en el rostro de F.P.G., así como dio aviso de los hechos a la Guardia Civil. Como consecuencia de los hechos, la víctima sufrió lesiones mortales de necesidad, consistentes en traumatismo craneoencefálico severo, fractura ósea completa, que se extendía en profundidad, entre otros.

En el momento de su muerte tenía 59 años y cuatro hijos mayores de 25 años. Este caso de violencia de género, el último que ha tenido lugar desde entonces en la provincia, conmocionó a la provincia y al municipio de Beas. Además, esta mujer se convirtió en la primera víctima de la violencia de género en la provincia onubense desde octubre de 2004.