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DOS PERSONAJES DE LA ALTA CLASE ESTADOUNIDENSE

Joshua Kushner y Karlie Klos, los cuñados de América

La supermodelo y el joven financiero, que alternan en el círculo íntimo de Jared Kushner y la hija del prresidente norteamericano, Ivanka Trump, viven en el Village de Nueva York y son dos máquinas expendedoras de mucho dinero H Tienen fama y poder

 

BARCELONA
19/01/2017

Antes de que la prensa empezara a despachar panegíricos sobre Jared Kushner, dueño del New York Observer, yerno de Donald Trump y ahora parece que Rasputín en jefe de la Casa Blanca, el Kushner que provocaba sueños lascivos entre los notarios del Upper Manhattan era, sin embargo, su hermano pequeño, Joshua, de 31 años, novio de la supermodelo Karlie Kloss e inversor de capital riesgo al que la revista Forbes lo entronizó en un artículo titulado Los dueños del nuevo dinero, y Vanity Fair lo colocó el año pasado en su terna de favoritos al «próximo establishment».

«Kloss y Kushner amenazan el reinado de parejas como [¿lo adivinan?] Kim Kardashian y Kanye West, y Beyoncé y Jay-Z», proclamaba esta última publicación, a la que le gusta glosar la celebridad como si fuera una intriga vaticana. Pero lo cierto es que, sin necesidad de vivir en streaming como los Kardashian, la modelo y el financiero se han convertido en el último hueso en el que olisquea la prensa, que les sigue el rastro –joven, millonario, despreocupado– por el Village y el Soho de Nueva York. Al fin y al cabo, pocas cosas hay ahora con más pedigrí que el pertenecer al Camelot de relaciones de Jared e Ivanka.

Íntima de Taylor Swift

Ella, Kloss, es amiga íntima de Taylor Swift –con la que parece vivir un extraño proceso de mímesis–, el martes se colgó en París el brilli-brilli de Victoria’s Secret, y desencadena tornados de admiración porque, además de ser la tercera top mejor pagada del mundo, resulta que ha estudiado computación en la Universidad de Nueva York –es una nerd del código Ruby– y beca a 80 chicas que quieren dedicarse a la informática y a la ingeniería de software. Él, cuatro años menor que su hermano, cuenta con un instinto animal para las finanzas y una espesa red de influencias que le permiten colocar el dinero en el lugar y el momento adecuados.

Nacido en Nueva Jersey, nieto de supervivientes del Holocausto e hijo del magnate inmobiliario Charles Kushner, Joshua, criado en la ortodoxia judía, aún estudiaba en Harvard cuando su hermano tomó las riendas del imperio familiar, después de que el padre ingresara en el 2005 en prisión por evadir impuestos, hacer donaciones ilegales a partidos y amenazar a testigos. En la universidad –a la que había accedido con un expediente académico mediocre tras una donación familiar de 2,5 millones de dólares–, Joshua no perdió el tiempo: fundó y dirigió la revista Scene, una especie de Vogue de la Ivy League que fue muy criticada porque glosaba la vida universitaria como si fuera un capítulo de Gossip Girl. Los chismes premium, sin embargo, le quedaban pequeños a su espíritu emprendedor, y con un compañero lanzó una empresa de juegos on line que ha llegado a registrar 30 millones de usuarios en América Latina.

Antes de los 25 años, Joshua ya había trabajado –y abandonado– Goldman Sachs, y había impulsado la firma de inversiones de capital riesgo Thrive, centrada en star-ups vinculadas a medios e internet, para la que atrajo a asesores como Jack Dorsey, cofundador de Twitter y Square, y cuyo último fondo ha reunido 700 millones de dólares. ¿Su primer pelotazo? Invirtió en Instagram tres días antes de que Facebook comprara la aplicación por mil millones de dólares.

Socio también del actor Ashton Kutcher, su pelo revuelto y pantalones de pitillo son un imán de inversores institucionales como la Universidad de Princeton. Con su hermano Jared comparte una firma de inversiones en bienes raíces llamada Cadre y en solitario gestiona el seguro médico Oscar Health, que se ha hecho de oro al calor del programa de salud Obamacare y que está valorada en 2.700 millones de dólares.

Una de las preguntas –de momento retóricas– que sobrevuelan Washington y Nueva York es si su hermano Jared habrá susurrado algo al oído de Trump, para que este haya reconsiderado su idea de desmantelar de raíz la ley de salud de Obama. Lo que sí se sabe –porque un portavoz lo hizo público– es que Joshua no se subió al autobús de campaña de Trump, sino que dio su voto a Hillary Clinton, pero prefirió no decir nada cuando sus primos lamentaron que Jared excavara la memoria de sus abuelos para blanquear los escupitajos antisemitas de Trump. «No lo odio por ser guapo, rico, admirado por sus colegas o porque esté saliendo con una modelo –salivaba nada menos que el editor de Business Insider Nicholas Carlson–.Dejémoslo aquí, que esto se está poniendo feo para el resto de nosotros».

Por cierto, que la modelo aquí glosada como un trofeo de pómulos felinos, 23 años y 1,87 metros de altura es también una máquina expendedora de dólares: este año, Klose ha ganado 10 millones, el doble que el anterior. Desde su apartamento de dos millones del West Village, también gestiona una empresa que se dedica a hacer galletas «con leche de almendras» y fines caritativos, y llega a acuerdos como el que recientemente selló con Versace, por el que, hasta diciembre del 2016, la compañía destinaría 100 euros de los 500 que cuestan sus bolsos Palazzo a su programa Kode with Karlie de ayudas para futuras informáticas. «Necesitamos más mujeres estudiando y trabajando en programación –ha dicho Kloss–. Las compañías tienen gran influencia en nuestra vida, y es importante que las mujeres formen parte de esta ecuación». Así funciona la redistribución de rentas y la justicia social en la era del turbocapitalismo.

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