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La realidad de los trans extremeños, en una exposición de fotografías

Su autora es Mai Saki y se inaugura el día 25 en la Diputación de Badajoz

 

«He intentado hacer un trabajo alegre, pero no lo he conseguido». Ha sentido demasiada tristeza, demasiadas cicatrices, ha visto vidas marcadas por un sufrimiento injusto y ha concluído que la sociedad no está aún preparada para una realidad todavía bastante desconocida y que, entre otras cosas, inquieta y, muchas veces, asusta. No obstante, le queda una esperanza: una niña de 4 años que ha retratado y en quien ve una luz pura. Confía que ella, cuando le llegue la hora de ser adulta, no se tenga que sentir también un bicho raro.

Es el sabor de boca que le ha quedado mientras recopilaba el material que compone la exposición Personas, una muestra de 15 dípticos en los que la fotógrafa Mai Saki, afincada en Badajoz, ha reflejado la realidad de 15 familias (de las 89 que existen en Extremadura) donde hay un transexual. «Primero he fotografiado a la persona en su habitación, que me parece un lugar muy íntimo con mucho significado. Y luego la he retratado con su gente», explica la autora de este trabajo que se inagurará el 25 de mayo en la sala de la Diputación de Badajoz y durará dos semanas.

«Es un tema delicado, por eso las imágenes pueden resultar duras e incluso tristes. Y hay de todo: por ejemplo, Diego, de 52 años, que ha sufrido muchísimo, y adolescentes en los que ves que el contexto ha cambiado. Pero aún les queda demasiado por delante. Yo calculo que unos 15 años».

Y explica esta reflexión: «¿Tenemos una sociedad preparada para que haya hombres sin genitales masculinos? ¡Si todo lo basamos en los genitales! Hasta la campaña que se llevó a cabo contra el autobús transfóbico se basó igualmente en los genitales». «¿Yo por qué tengo que mutilar mi cuerpo (operaciones de cambio de sexo) para sentirme hombre o mujer y entrar así dentro de una normalidad? Es que yo me puedo sentir un tío aunque tenga tetas, es así de simple. Cuando hablo con los niños pequeños me doy cuenta de que ellos tienen claro lo que son, pero después empiezan a crecer, a rellenar su mochila de datos y surgen los problemas. Porque lo que ahora se pretende es que sean normales. ¿Y eso qué significa? Parecerse a una mayoría».

Mai Saki asegura que ha querido retratar a las personas, sin etiquetas, sin que tengan que ser parte de un colectivo, para que esa visibilidad que comienzan a tener los trans «se viva con la mayor naturalidad posible».

LOS PUEBLOS / Aunque haya tenido momentos de oscuridad mientras se sumergía en este complicado mundo, ha encontrado igualmente rayos de luz que le han devuelto el optimismo: «He de reconocer que estaba equivocada en una cosa. Yo soy de Barcelona y creí que allí era más fácil ser homosexual o transexual que en un pueblo. Pero no es así, ellos defienden lo que es suyo, y cuidado con atacar algo que consideren de su propiedad. Es una tranquilidad haber sentido que se protegen así entre ellos», asegura esta fotógrafa.