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Ni pena ni miedo, Grande-Marlaska

 

María José Trinidad Ruiz de Mérida - 24/08/2017

Tenemos en común más cosas de las que nos diferencian. Todos. Incluso Grande-Marlaska y yo, viva la osadía. Cubiertas las necesidades básicas, básicamente necesitamos cubrir más necesidades. Que Maslow me perdone. Me gusta leer biografías, historias personales, victorias y lamentos, ora prodigiosos ora perturbadores. Ahondar en el de enfrente, para llegar a entendernos nosotros mismos. Y sólo me interesa aquello que quiere contar, el resto siempre debe ser suyo, no caed hermanos en la trampa del juicio.

La figura del juez Fernando Grande-Marlaska, nos llegó a través del plantel mediático al que le llevó algunos de sus más célebres casos. Su perfil de hombre inteligente, cosmopolita, trabajador, intelectual y comprometido en la defensa de los animales y de la libertad sexual, consigue poner un vasto grano de arena en pro de la visibilidad y normalización de la homosexualidad siendo el primer magistrado que se declara gay de una forma clara y abierta. Y la figura un día nos presenta a la persona. Protegido por grandes amigos, con una sensibilidad infinita semejante a la suya. Leer a Rosa Montero o Nativel Preciado las palabras que le dedican, reafirma las sospechas, Grande-Marlaska es especial. Centro del universo de los que nunca saben que lo son. Ni pena ni miedo, es un geoglifo que se encuentra en el desierto de Atacama, en Chile, y es la bandera que ondea el juez junto a un puñado de amigos que conforman uno de los pilares de su vida hoy en día.

De nacionalidad europea, nos acerca a la experiencia de vivir de cerca el hostigamiento del grupo terrorista ETA como conciudadano y a su vez juez que ha dictado valerosas sentencias. "Este mundo pequeñito y ramplón representado por el nacionalismo..." y sus múltiples ramificaciones, añadiría yo, localismos retrógrados. Lo vive sin miedo, curiosamente más ahogado por el hecho de llevar escoltas, que por necesitarlos. La tasa que pagan los impávidos se cotiza alta y se resarce únicamente por la complacencia de ser fiel a la honestidad propia. Las cicatrices más que dirigir, guían el camino. A él, al igual que a nosotros, no era tanta la osadía, le sucede lo mismo. No hay batalla aislada, en cada una encuentra vestigios de la anterior.

Desglosa puntos importantes de su vida personal y de la situación política y social en la que vivimos, mostrando su posición en cada uno de ellos, y cuanto más ahonda y desgrana, más unidos y entrelazados se encuentran. El cristal con el que miramos el mundo se abrillanta con experiencias. No está nada mal tener la oportunidad de ver a través de las gafas de Fernando Grande-Marlaska. Su batalla más dura, tal vez sea la librada consigo mismo. En su entorno familiar abordaron el tema de su homosexualidad con estupor y rechazo y le costó perdonar a tiempo. Nada se olvida; uno se acostumbra, nada más. La costumbre sale cara, desaprender lo aprendido es la mejor de las terapias. Alexandr Milov hizo de esta congoja una escultura: "Love" Me encuentro en él. En el amor a amigos que desean que forme parte de sus vidas, en el desconcierto ante tantas injusticias sociales, en el sentimiento de pertenencia al mundo sin entender bien las fronteras, en la orfandad que tanto nubla. Yo también he llorado Nativel. Imposible no hacerlo mientras lees Ítaca y le imaginas recitándolo frente a su dolor. Pero sus palabras son inspiradoras, porque hace algo esencial para seguir caminando en el sendero de la felicidad, toma decisiones. "Alejar la tristeza y ser valientes es una bonita manera de vivir" Nativel Preciado. M.J.Trinidad Ruiz www.trinidadruiz.com