Cuando Florián Lopezosa decidió cambiar Madrid por Almendralejo no podía imaginar que esa decisión modificaría el rumbo de su árbol genealógico para siempre. «Estaba cansado de la gran ciudad y buscó algo diferente». Llegó con una oportunidad laboral y, apenas un año después, montó su óptica particular. Fue el primer óptico de carrera en la capital de Tierra de Barros. Y en febrero del año que viene, la óptica de Lopezosa cumplirá 50 años.

Ubicada ahora en la calle Francisco Pizarro (número 33) y llamada Federópticos Lopezosa, sus inicios hay que buscarlos en la calle Cervantes, al menos, hasta el verano del 94. Montse Lopezosa, una de sus hijas, graduada en óptica, optometría y audiología, fue la única de cuatro hermanos en seguir sus pasos y, aunque estuvo muchos años trabajando fuera y absorbiendo conocimientos, allá por 2009 decidió tomar el relevo natural y ponerse al frente del la óptica.

«Para nosotros es un centro óptico y lo entendemos como un centro sanitario, más que por un negocio. Nuestra visión siempre ha sido la de ayudar y mejorar la calidad visual y auditiva de la que gente que viene a pedirnos ayuda. Ver la sonrisa de esa persona a la que ayudas a ver o a entender mejor, eso realmente no tiene precio», confiesa Montse.

Florián ya está jubilado, pero pasa habitualmente por el centro para comprobar que todo sigue en orden. «Yo estaba bien fuera, pero venir a Almendralejo era una forma de devolverle a mis padres todo aquello que ellos antes habían hecho por mí».

Consolidada

Federópticos Lopezosa cuenta con una clientela fiel y consolidada de muchos años. Aplica todo tipo de servicios relacionados con la mejora de la vista y la audición y reconoce que «la gente tiene que darle más importancia a la calidad de estos sentidos. Muchos se preocupan por lo externo, estar en forma y sólo hacer gimnasia, pero la vista y el oído también se entrenan y hay que tenerlos activos», dice Montse que desvela que cuentan con un servicio especial de entrenamiento y terapia visual para cualquier tipo de cliente.

Entre sus muchos consejos como profesional, recomienda que los niños equilibren mucho sus actos cotidianos. «Que salgan y jueguen fuera, que reciban sol y vitamina D, es más importante de lo que creemos. La miopía precoz ha avanzado mucho y puede traducirse en problemas más graves de adulto. Y la pandemia ha acelerado todo este proceso», reconoce Montse Lopezosa.