Descubrió la lectura siendo poco más que un chaval. Leía mientras cuidaba un rebaño de ovejas. Luego llegarían “las responsabilidades familiares, el trabajo, la lucha diaria…”, condicionantes que le hicieron apartarse del mundo lector hasta hace poco más de dos años. Manuel Villalba Rodríguez, a sus noventa años ha vuelto a quedar atrapado por la que fue una de sus grandes pasiones.

 Sabedores de esta afición, su familia cambió sus tradicionales regalos de cumpleaños o Reyes por libros. Su nuera Ángeles, narra cómo “se ha leído todos los libros que tenemos por casa”, con lo que al final, Manuel Villalba ha acudido hasta las instalaciones de la biblioteca municipal ‘Cervantes’, para hacerse socio, y así poder disponer de toda la variedad de títulos con los que cuentan los fondos de este centro de lectura, a través de su servicio de préstamo.

 Consumidor de cualquier tipo de género literario, Manuel se decanta por las novelas: “son más bonitas. Te entretienes más, aunque también me gustan los libros de amor o de historia”. Lee diariamente hasta cuatro o cinco horas, “si no tengo nada mejor que hacer, cada mañana me pongo a leer sobre las once, y hasta las doce y media, o la una”. Y por la noche, “otro ratito”, dice Manuel, “otro par de horas como mínimo, antes de irse a dormir”.

Mejor que la tele

 Pese a sus problemas de visión, --la luz intensa y directa le causa molestias--, Manuel Villalba prefiere “la lectura a la televisión”. Los libros, a través la belleza de las palabras, expresan sentimientos y mundos ficticios con los que nuestro protagonista se siente plenamente identificado.

 A sus noventa años se ha convertido en el socio de mayor edad de la biblioteca municipal de Monesterio. Retiró su primer libro hace ahora poco más de una semana, se titula, Perros mirando al cielo, novela negra del escritor extremeño Eugenio Fuentes, “tiene 339 páginas y ya solo me quedan dos o tres por leer”, cuenta el nonagenario lector.

 Manuel Villalba Rodríguez, “anima” a mayores y jóvenes a leer. “Nunca me han preguntado si yo recomendaría la lectura, pero ya que me lo preguntan, les diré que sí”, señala Manuel, hombre tranquilo y sereno, para quién, pese a los avatares de la vida la lectura le supone ese punto de relajación y evasión, manteniendo su mente ocupada frente a otras preocupaciones.