La actriz placentina Laura Heristone, trajo hasta Monesterio su obra teatral ‘No es la guerra de Lucía’. La escenificación tuvo lugar en el auditorio de la casa de la cultura, como broche final a la extensa programación incluida en las III Jornadas LGTBI de la localidad, organizadas desde la concejalía de igualdad del ayuntamiento.

 Un proyecto teatral que versa sobre el ciberbulling y la lgtbifobia en la adolescencia. Una historia basada en hechos reales, escrita y dirigida por Laura Rodríguez, (Laura Heristone), que se abre al público con el principal objetivo de mostrar una perspectiva realista sobre los problemas que pueden surgir a la hora de descubrir nuevos sentimientos.

 Según manifiesta la autora, que se desplazó hasta Monesterio para acompañar al elenco de jóvenes actrices que participaron en la escenificación, (Helena de la Cruz, Lourdes Guisado, Pilar Ortiz, Alicia Crespo y Almudena Bermúdez, de la asociación cultural T – Erizo Producciones), el texto forma parte de su recuperación terapéutica. “Es una experiencia personal sobre el ciberbullin y el acoso que sufrí durante la adolescencia”. La obra, señala Laura, “está escrita desde el corazón”, con el deseo de transmitir al espectador un “mensaje optimista”, pues, “quienes sufrimos este tipo de persecución, no estamos solas y no debemos esconder aquello por lo que sufrimos”.

Para los jóvenes

 Aunque muy recomendable para todos los públicos, la obra está especialmente dirigida a la población más joven y a sus padres. La autora desvela los motivos: “El relato trata esta problemática desde diferentes puntos de vista. Los de la protagonista, su acosadora y su madre”. En este contexto sobresale la postura y la actitud de la adolescencia frente a este tipo de acoso. Una etapa de la vida “muy importante, en la que se forma tu personalidad y en la que muchas veces, no somos conscientes del daño que se puede recibir, o hacer, a través del uso inadecuado de las redes sociales”.

 En el plano familiar, sobresale “el punto de vista materno” y la forma en la que los progenitores pueden ayudar a sus hijos e hijas, “haciendo que se sientan más cómodos y puedan expresar sus sentimientos”.

 Una historia “muy dolorosa”, contada desde la experiencia personal de su autora que no deja impasible al espectador, y que como no podía ser de otra manera, tiene un final feliz.