Las altas temperaturas que hemos venido soportando este verano, y las que todavía pueden acompañarnos durante las próximas semanas, vuelven a suscitar imágenes de siempre en el verano de Monesterio. La sana costumbre de sacar las sillas a la puerta de casa cuando cae el sol y tomar el fresco sigue siendo una arraigada tradición en este pueblo.

  La sociedad ha ido evolucionando y convirtiéndonos cada vez en seres más introvertidos; aún así, familias al completo; pero sobre todo vecinas con cierta edad, esperan cada tarde con deseo ese momento de reunión en el que disfrutar de largas conversaciones, trabar tertulias y saludar a quienes se paran. Tomar el fresco en verano es una práctica con la que desconectar de los quehaceres diarios y socializar. Una tradición que ha trascendido a las generaciones y que ojalá permanezca.

 En muchas calles de Monesterio aun se puede contemplar esta típica estampa estival, propia de casi todos los pueblos. Una tradición sana, placentera, lúdica y distendida para la que solo se necesita una silla, una rebeca, por si refresca y ganas de charlar.

Familia Calderón Iglesias cenando al fresco en la puerta de su domicilio familiar Cedida

Cenar al fresco

 Desde hace algunos años, un grupo de entusiastas de esta costumbre, con la intención de incentivar y seguir perpetuando la tradición, además de sus sillas, sacan a la calle mesas, manteles y cena. Se trata de celebrar en compañía de sus compadres de tantas largas veladas el final del verano. De despedir tantas noches de reunión y charla, de forma fraternal.

 Un claro ejemplo son las dos cenas al fresco de las calles Libertad y Cervantes. La última, en la plaza Eduardo Naranjo, reconvertida en improvisado comedor bajo las estrellas. Comida de sequillo a la vista de todos. Tortillas, gazpacho, pescado frito, ensaladas, carne empanada, croquetas… Cada uno se encarga de elaborar parte de un apetitoso menú para saborear disfrutando en compañía.

 Los corros de vecinos en las noches de verano forman parte del paisaje estival de Monesterio. Gentes amables, ávidas de cotilleos, noticias y confidencias.  Un espacio donde compartir historias y recuerdos con mecedora y cojín. Una estampa que jamás deberíamos perder.