La búsqueda por cerrar heridas

«Badajoz es el Guernica del sur»

Medio centenar de personas acudieron este domingo al acto en recuerdo a los represaliados republicanos durante la Guerra Civil, que se conmemoró coincidiendo con el día de la República, el 14 de abril

Diego Escobar perdió a su abuelo el 30 de diciembre del 36, lo mataron y lo enterraron; 43 años después su enterrador dijo dónde lo ocultó. Cada año su familia se acerca a aquel campo de Barcarrota para rendirle homenaje. Escobar fue uno de los asistentes al acto este domingo en Badajoz en recuerdo a los represaliados republicanos durante la Guerra Civil, que se conmemoró coincidiendo con el día de la República, el 14 de abril.  

Medio centenar de personas acudieron a uno de los escenarios más importantes de la llamada ‘masacre de Badajoz’, el exterior del Palacio de Congresos, donde se situaba la antigua plaza de toros.

Se celebraron dos actos: uno organizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Matilde Landa y otro por parte de la agrupación IU. La primera no quería presencia de ninguna sigla política.

El colectivo Matilde Landa lleva 26 años realizando este homenaje en el que reclaman la dignidad de tantas familias que se vieron afectadas por el franquismo; también apelan a la llegada de la tercera República. En el acto estuvieron los políticos Alfonso González Bermejo, Manuel Sosa y Felipe Cabezas, entre otros. 

El acto de IU estuvo encabezado por Javier Pache, coordinador local de la agrupación, que reclamó la deuda que la ciudad tiene con los represaliados: «Badajoz es el Guernica del suroeste del país, es una injusticia tremenda lo que ocurre en esta ciudad con la memoria».

El testimonio

Diego Escobar recuerda cómo la falta de su abuelo se silenció en casa. Tanto es así, que para no condicionar más el futuro de su familia, su abuela aceptó otra causa de la muerte para evitar más señalamiento: «Hubo gente que testificó que había sido muerte natural, mi abuela aceptó para que sus hijos empezaran a trabajar». 

Su abuelo era carabinero republicano, se fue de Badajoz el 12 de agosto de 1936 para llevar a parte de la familia a Valencia de Mombuey. Cuando regresó le alertaron: «No vuelvas que el Badajoz que dejaste no es el mismo». Se refugió en la sierra de Monsalud, entre Torre de Miguel Sesmero y Barcarrora, y «en una de las muchas refriegas en la sierra lo mataron». 

En el homenaje Escobar quiso dejar clara su postura: «No vamos contra nadie, no se trata de eso, porque no tiene sentido». 

Otro de los testimonios que ayer se escuchó fue el de Micaela Estrecha, que contó cómo su padre, Agustín, estuvo encarcelado durante 13 años, realizando trabajos forzosos. «Trabajaba en la casa del pueblo de Almendral, cuando entraron los sublevados en el pueblo huyó y combatió con el bando republicano, cuando terminó se entregó pensando que no iba a pasarle nada», narraba su hija. Pero lo detuvieron y lo condenaron a muerte. Mientras tanto, su mujer estuvo sufriendo la misma represión pero en su pueblo: «La apresaron, la pelaron y la pasearon por las calles con su hija de ocho meses en brazos», relató su hija Micaela. 

Tras 13 años Agustín volvió a su casa y, según cuenta su familia, no fue nada fácil: «Vino hecho polvo de la cabeza, de las palizas, los trabajos forzados...», asegura Sheila González, su nieta. Murió muy joven y recibió, casualmente, meses después de fallecer, la carta de libertad

Son dos de los muchos testimonios que este domingo se dieron cita en la antigua plaza de toros y que hablan de heridas abiertas que, aún pasando 90 años, no se consiguen cerrar.