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No sin mi cabra: la surrealista situación que se ha vivido en Primark de Badajoz

Una chica acudía a una jornada de compras acompañada de su mascota y esto es lo que ocurrió

Los clientes se hacían fotos con el chivo entre las estanterías.

Los clientes se hacían fotos con el chivo entre las estanterías. / La Crónica

Irene Rangel

Irene Rangel

La moda 'pet friendly' es un concepto que ha llegado para quedarse. Poder entrar con tus animales a tiendas, restaurantes y espacios de ocio ha supuesto una ventaja para todos los dueños de mascotas que no quieren dejar a su mejor amigo en casa.

En Badajoz, muchos son los locales que se vienen sumando a esta corriente desde hace años. Tanto en el centro de Badajoz como en el centro comercial El Faro las tiendas han abierto sus puertas a los pequeños peludos. Aun así, el número de mascotas que podemos ver paseando dentro de los establecimientos pacenses no es muy alto.

Los perros son los 'clientes' más habituales de todas las tiendas. No son los únicos, también los gatos van de compras -aunque, en su mayoría, dentro de transportines- e, incluso, se ha podido ver algún pájaro sobre el hombro de su dueño. Sin embargo, 'pet friendly' no quiere decir que la autorización se ciña a perros y gatos... y esto ha hecho que ayer se viviera una curiosa imagen en una tienda de Badajoz.

La estrella de la tienda

Eran las doce de la mañana cuando hacía su entrada en el establecimiento de Primark una chica con su mascota... una pequeña cabra. Blanca y negra, paseaba entre los estantes en brazos de su 'madre' humana. La chica, joven, ojeaba la mercancía de la tienda ajena a las miradas que se posaban sobre ella.

El precioso chivo, aún de corta edad, descansaba sobre los brazos de su dueña, de donde no se bajó en ningún momento. Dilay, que así se llama el animal, causó sensación durante toda la jornada.

Si bien al principio tanto las miradas como los comentarios eran discretos, poco a poco la clientela del establecimiento se atrevió a bromear con ambas, llegando incluso a pedirle fotos a la dueña con el animal. «Si no lo veo, no lo creo», comentaban, divertidos, los clientes del establecimiento.

Entre pijamas y calcetines, la pequeña se convirtió en la estrella de la tienda durante algunos minutos.

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