Vivir las fiestas navideñas en un centro de emergencia
Antonio, persona sin hogar en Badajoz: «Es nuestra manera de celebrar la Navidad, con la familia de la calle»
Los 26 usuarios del albergue que gestiona Cáritas en la calle Bravo Murillo han contado con un menú y un horario especial por estas fechas señaladas
Unos se adaptan a las circunstancias, otros añoran momentos felices de su pasado

Varios usuarios comen su menú especial de Navidad en el centro de emergencias Bravo Murillo en Badajoz. / J. H.

«Es nuestra manera de celebrar la Navidad, con la familia de la calle, la que tenemos en estos momentos», dice Antonio Pizarro. Él lleva pocas semanas en el centro de emergencias Bravo Murillo, pero desde hace tres años recibe ayuda de Cáritas. Es nuevo en este albergue, pero conoce muy bien el estar «en situación de calle».
Este centro gestionado por Cáritas ofrece refugio para 26 personas cada día y normalmente tiene el 100% de ocupación. En las fiestas navideñas amplían su horario para que los usuarios puedan celebrarlas también, ya que normalmente abren de 17.00 a 09.00 horas.
Un menú especial
Para Nochebuena y Navidad, además, contaron con un menú especial. «Nos lo ha traído un catering», cuenta Hassan Hassan, usuario y responsable de la cocina de este centro.
Embutidos, jamón, gambas, cordero, pollo con patatas fritas o sopa de marisco han sido algunos de los bocados que han degustado estos días. Así, han tenido en cuenta a los musulmanes ofreciendo un menú halal.
«Echo de menos es a mi hijo»
«Ha estado muy bien. Estaba todo muy rico», cuenta Pizarro. Él recuerda con emoción cómo celebraba la Navidad cuando su madre vivía: «Nos juntábamos todos los hermanos y disfrutábamos mucho. Ahora eso no existe. Estoy solo, en la calle», dice emocionado mientras mira al cielo y vuelve a hablar: «A quien más echo de menos es a mi hijo, que tiene once años», reconoce.

Antonio Pizarro instantes después de terminar la comida de Navidad en el centro de emergencias Bravo Murillo en Badajoz. / J. H.
En muchas ocasiones piensa en el momento en que empezó a vivir en la calle: «Tenía 16 años. Mi madre me quiso imponer unas normas, yo no las quería y me fui de casa», relata. A día de hoy, recuerda aquel momento con gran nitidez y acierta a decir que si pudiera volver atrás en el tiempo cambiaría aquella decisión.
Vuelta a su ciudad natal
A poco espacio de él se encuentra José Rodríguez. Como Antonio, lleva poco tiempo viviendo en el centro de emergencia. Hace solo unos meses que volvió a la ciudad en la que nació. «He vuelto para intentar buscar un empleo y salir de la calle en la que estoy desde hace seis años».
Cuando era muy pequeño su madre entregó su custodia a la Junta de Andalucía, región en la que residía: «Ella no podía mantener la familia y lo hizo para que yo pudiera tener unos estudios y un futuro», argumenta. Cuando tuvo la mayoría de edad se vio obligado a abandonar el centro en el que vivía, desde ese momento la calle es su casa.
Los propósitos para 2025
Para él, celebrar estas fechas en el centro supone una alegría, «lo hemos pasado con armonía, felicidad y aportando cada uno lo que tiene para la comunidad», asegura. También afirma que la comida ha sido un acierto y la convivencia con sus compañeros es buena: «Hemos pasado momentos divertidos. Nos hemos reído mucho», asevera.

José Rodríguez es uno de los usuarios del centro más jóvenes. / J. H.
Con la meta puesta en mejorar y conseguir una independencia, este joven de 25 años se prepara para obtener el permiso de conducir. Además, sueña con ser deportista. Desde que era pequeño practica lucha olímpica y le encantaría poderse dedicar a ello: «Soy un muchacho sano. A diario salgo con la bicicleta. Quiero ser boxeador, es mi mayor reto», confiesa.
«Quiero encontrar un trabajo»
Apoyado en la misma barandilla del patio del centro reposaba la comida Mikheil Berikashvili. Él es georgiano y tiene 43 años. Es otro de los usuarios que ha vuelto después de un tiempo fuera de este recurso de Cáritas. Durante la pandemia llegó por obligación, se marchó del centro cuando encontró trabajo y hace un año tuvo que recurrir de nuevo a él.
De entre todo lo que recibe de esta organización de la Iglesia, destaca a los trabajadores. «Están a nuestro lado y lo que necesitamos intentan dárnoslo», dice mientras mira a David Medina, uno de ellos.
Tiene muchos retos para el próximo año, pero uno se encuentra sobre el resto: «Tengo ganas de irme de aquí. Quiero encontrar un trabajo y tener mi casa».
Para él, estas son unas fechas muy destacadas: «Desde que era un niño me ha gustado mucho celebrar la Navidad», afirma. Por ello, agradece tener la opción de vivir unos días diferentes en compañía del resto de usuarios, quienes se han convertido en su familia.
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