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Denuncia vecinal

Vecinos de Badajoz: "En Las 800 estamos marginados"

Los residentes del barrio reclaman una intervención urgente ante el deterioro del entorno

Aseguran que debido a la maleza, la basura y las condiciones del pavimento las calles son intransitables

Vecinos de Las 800 reclaman mejores condiciones para el barrio en la calle Laurel.

Vecinos de Las 800 reclaman mejores condiciones para el barrio en la calle Laurel. / Santi García

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Badajoz

«Tengo la puerta llena de maleza. Por la derecha no puedo salir. Por la izquierda tampoco. Un vecino tuvo que arrancar las hierbas de mi puerta porque, si no, no podía hacer mi vida». Visitación Blanco habla desde la acera de su casa en la calle Laurel. Lo hace con serenidad, pero con esa firmeza que da la paciencia agotada. Usa andador y apenas puede salir de su casa sin ayuda. Literalmente, la vegetación le ha cerrado el paso.

«Estamos marginados». Lo dicen los vecinos de Las 800 para describir las calles del barrio. Se quejan de que caminar por la zona se ha vuelto cada vez más difícil entre vegetación, basura y escombros. Aseguran que algunos tramos están tan descuidados que cuesta incluso caminar, especialmente para las personas inválidas o las más ancianas. «Nos tienen olvidados», protestan.

La situación en esta zona no es nueva. Basta con caminar unos metros para ver el panorama: aceras devoradas por la maleza, hierbas de casi un metro de altura, basura acumulada y arquetas taponadas. Un entorno que, según quienes lo habitan, se ha vuelto «insostenible».

«Aquí vivimos personas», insiste Andrea Acevedo, vecina de la misma calle. Su marido, José, es inválido y moverse en silla de ruedas por la zona es misión imposible. «Por aquí no se puede pasar. No es que cueste, es que no se puede», dice esta mujer señalando la puerta de su vivienda.

Foco de incendio

Las quejas no son solo por la vegetación desbordada. «Ratas, bichos, cucarachas… de todo. Además, cuando llega el calor, esto es un foco de incendio», advierte Andrea. Su amiga Visitación asiente con rapidez: «Ha prendido fuego un montón de veces. Solo mandan a cortar la maleza cuando ya no da más de sí. Se espera al último momento. Esto no es vida digna», agrega esta vecina. 

Julián Sánchez conoce bien el terreno. Su suegra vive también en esta zona y él trabaja desde años como jardinero. «En cuanto caiga un cigarro, esto arde. Y con los coches aquí aparcados, imagínate». A esta problemática se suma que recientemente varios vehículos han sido incendiados en la zona. «Ahora están quemando coches. ¿Qué pasará si llega aquí? O los coches se queman por la maleza, o la maleza por los coches», dicen los vecinos.

Mantenimiento «mínimo»

Magdalena Silva, otra residente, se suma a la conversación desde la calle Laurel para reivindicar lo que consideran «una injusticia». «Pagamos nuestros impuestos como todo el mundo. Y lo que pedimos es algo tan básico como que esto esté limpio, que se mantenga. Echamos en falta un mínimo mantenimiento. No viene nadie».

Y no lo dicen como queja puntual, sino como una realidad diaria, que como señalan los residentes, arrastran desde hace años. Lo corroboran otros vecinos como María Isabel Caldeira, que lleva más de seis décadas en el barrio: «Es inhumano. Encima ahora quieren que paguemos por la basura. ¿Pero cómo vamos a pagar si no limpian?». «Es que ni los contenedores están en condiciones», protesta Andrea. «Los tiran en el suelo, sin pedal. Aquí estamos dejados, totalmente olvidados». «Si nuestras puertas están limpias es porque los vecinos barremos», añaden. 

Los residentes denuncian que no se trata solo de una cuestión estética. Es un problema de salud pública, de seguridad y de convivencia. «Esto no está en condiciones para vivir. Los niños no pueden jugar. Las personas mayores no pueden caminar. Las personas con movilidad reducida están atrapadas en sus casas».

A la falta de limpieza se suma el deterioro del pavimento, las grietas en las aceras, el mal estado del mobiliario urbano y el nulo desbroce. Según los propios vecinos, cuando se hace es superficial y puntual. «Limpian por encima, para que se vea bonito un día, pero no hacen un trabajo a fondo. Aquí no se desbroza desde hace tiempo», dice Julián.

Y añade, mirando a su alrededor: «Lo mismo que son Las Vaguadas, somos nosotros. ¿Qué nos van a marginar?». María Isabel lo tiene claro y responde sin titubear: «Ya estamos marginados». Los vecinos culpan a las instituciones de la situación del barrio. «Nos da igual a quien le corresponda», señalan. 

Por otra parte, entre los residentes ha empezado a tomar forma una idea: la necesidad de una asociación de vecinos sólida, activa, que presione a las administraciones. «Una asociación en condiciones que nos escuche y que tenga voz para exigir», reclama Julián. 

La desesperación ha llegado a tal punto que ya piensan en movilizarse. «Si hay que hacer una manifestación, se hace. Vamos donde sea. Pero que alguien nos explique por qué estamos así», dice mientras otros asienten en silencio.

La versión del consistorio

Desde el ayuntamiento aseguran que el desbroce se realiza «cuando es la época, es decir, cuando cesan las lluvias». Señalan que actualmente «no se puede hacer desbroce, pero sí se está llevando a cabo mantenimiento ordinario, como ocurre en todos los barrios». La versión del consistorio, como exponen, contradice a la de los vecinos que aseguran que ese mantenimiento no se está ejecutando en todas las calles de Las 800. Con mantenimiento ordinario el ayuntamiento hace referencia a «barrenderos, alumbrado, limpieza, etc». 

Los residentes de la zona, sin embargo, no corroboran la versión institucional: «Aquí no se ve mantenimiento de ningún tipo. Lo que hay es abandono», denuncian.

Fuente: La Crónica de Badajoz

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