Un helecho acuático
Azolla, la otra invasora del Guadiana en Badajoz
Aunque no alarma como el nenúfar, esta planta ya ha causado estragos en el Tajo
La CHG admite que lleva años presente en el río y su expansión en Badajoz se repite cada verano

Azolla en el río Guadiana en Badajoz. Foto cedida por la Universidad de Extremadura. / LCB

Más de 2.000 personas salieron el pasado octubre a las calles de Badajoz con una petición clara: un Guadiana sin especies invasoras. El nenúfar mexicano —esa planta de hojas vistosas y raíces largas— es el enemigo público número uno. Su proliferación ha puesto sobre la mesa una inversión de 4,5 millones de euros para combatirlo. Pero no está solo.
Un visitante mucho más discreto lleva años asentado en el río. Se llama Azolla, y aunque no cubre kilómetros como lo hizo el camalote ni supone aún una amenaza urgente, ya ha causado estragos en otros lugares. Lo saben bien en el Tajo. Ahora, empieza a dejarse ver con más frecuencia en Badajoz. La pregunta es: ¿hay que preocuparse?
Un helecho con vida propia
«Es un helecho acuático, muy diferente a los que tenemos en casa como plantas de interior», explica el zoólogo y profesor pacense de la Universidad de Extremadura, José Blanco, que ha investigado a fondo esta especie. «Lo curioso es que flota libremente: sus raíces no se agarran a nada, y si el agua se mueve, la planta se desplaza con ella».
La Azolla no es autóctona de Europa, sino que procede de América. Se ha expandido por todo el mundo, y aunque en muchos casos este tipo de especies viajan por su uso ornamental, en este caso su llegada pudo deberse al transporte de tierra, sustratos o incluso aves que la arrastraron sin querer. En Extremadura se tiene constancia de su presencia desde los años 70.
Pese a su tamaño minúsculo —una planta que puede ser más pequeña que una uña—, tiene una rápida capacidad de reproducción. «Se reproduce vegetativamente y también por esporas, lo que la hace muy difícil de erradicar. Las esporas son tan pequeñas que ninguna red puede filtrarlas del todo», cuenta Blanco.

El zoólogo y profesor investigador de la Uex, José Blanco, sujeta una muestra de azolla. / Santi García
Tapiza y cubre
Cuando las condiciones son propicias —aguas quietas, altas temperaturas y nutrientes como el fósforo, común en zonas de regadío—, la Azolla puede formar una especie de alfombra verde sobre la superficie del agua. «Donde más problemas ha dado ha sido en el Tajo, especialmente en zonas como Monfragüe. Allí impresiona verla cubrir completamente el río», señala este zoólogo.
En Badajoz ya se han visto focos. «Por ejemplo, bajando por el Puente Real, cerca del margen», indica Blanco. Su expansión se da sobre todo en zonas de poca corriente, algo habitual en tramos del Guadiana retenidos por azudes. Y aunque de momento su presencia no es alarmante, sí requiere seguimiento.
Desde la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) confirman que la Azolla lleva más de una década presente en este tramo del río. De hecho, según la CHG, su presencia en la Península Ibérica se remonta a 1920 en Portugal, y hoy está extendida por la mayoría de las cuencas hidrográficas, especialmente las del Tajo, Guadalquivir y Guadiana.
¿Riesgo para la biodiversidad?
La confederación aclara que no supone un riesgo importante para la biodiversidad del tramo urbano de Badajoz: «Lleva muchos años presente en el Guadiana sin afectar significativamente a la biodiversidad», aseguran. Tampoco su presencia se debe —según destacan— a una falta de «gestión activa» en el río.
Sin embargo, sí reconocen que en zonas con aguas lentas y altas temperaturas, como ocurre en Badajoz durante el verano, se dan las condiciones idóneas para que aparezcan los famosos blooms o explosiones de biomasa vegetal. «Este fenómeno es característico y suele prolongarse unos cuatro meses», explican desde la CHG.

Azolla en el río Guadiana. / Universidad de Extremadura
Las actuaciones directas son limitadas: solo se colocan barreras en embalses que abastecen a núcleos de población, lo que no afecta al tramo urbano de Badajoz. Y recuerdan que la lucha contra este tipo de especies solo será efectiva si va acompañada de medidas contra los vertidos agrícolas y ganaderos, «competencia de las comunidades autónomas», así como de «proyectos de restauración fluvial a largo plazo».
Fácil de propagar
«La mejor manera de actuar», dice José Blanco, «es cuando el foco es pequeño. Entonces se puede extraer manualmente o con barcas especializadas. Si esperas a que tapice todo el cauce, el problema crece exponencialmente». Porque aunque la Azolla desaparece en invierno, las esporas sobreviven, listas para germinar en la siguiente temporada.
En el equilibrio de especies, esta planta incluso podría competir con el nenúfar mexicano, al impedir la entrada de luz en el río. «Todas las invasoras son un problema, por pequeñas que parezcan. Y aunque el nenúfar sea ahora el foco principal, hay que estar atentos a cualquier nueva expansión», recalca el zoólogo.
De momento, esta pequeña planta de aspecto inofensivo sigue su curso flotando por el Guadiana. Quizá no llame tanto la atención como otras, pero, como nos recuerda la historia reciente del río, a veces las especies más discretas también pueden causar un gran impacto.
Fuente: La Crónica de Badajoz
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