Por su labor social
La comunidad educativa de Badajoz homenajea a doña Agustina
Durante quince años dirigió el colegio San Pedro de Alcántara y es referente en la inclusión del alumnado gitano
«Me voy con el alma llena de recuerdos y de cariño», confesó rodeada de familias, alumnos y asociaciones

Agustina Carmona es homenajeada en la Biblioteca de Extremadura, ayer, por su labor social en sus 15 años de docencia en el colegio San Pedro de Alcántara. / Santi García

En el Casco Antiguo de Badajoz todo el mundo la conoce como doña Agustina. Vecinos, alumnos y familias del colegio San Pedro de Alcántara la mencionan con respeto y cariño, como quien habla de alguien cercano. Este viernes, tras su jubilación el pasado 3 de septiembre, ese aprecio se hizo visible en un homenaje sorpresa en la Biblioteca de Extremadura, donde decenas de personas -entre familias, antiguos alumnos, autoridades, asociaciones y compañeros- se reunieron para agradecerle 15 años de trabajo, compromiso y entrega en las aulas.
Una década y un lustro dan para muchos recuerdos. Y Agustina Carmona no olvida el primero: aquel día en que entró por la puerta del colegio y le asignaron, junto a Fátima Murciano, actual directora del centro, la cotutoría de un quinto curso considerado complicado. «Me pareció una empresa difícil», recordó. Pero pronto entendió que no bastaba con colocarse frente a los pupitres y dar la lección. Descubrió que tenía que ponerse a la altura de sus alumnos, aprender sus códigos, compartir su forma de mirar el mundo y mimetizarse con ellos. Solo así la enseñanza podía fluir y la escuela convertirse en un espacio de confianza y respeto mutuo.
Quienes han trabajado a su lado coinciden en que la cercanía fue siempre su sello. «Se ha dejado la piel por las familias, incluso en los momentos más duros», expresó Mónica Villalobos, jefa de estudios del San Pedro de Alcántara. «Es generosa con su tiempo y hasta con su sueldo, siempre está dispuesta a ayudar», añadió Fátima. Esa manera de entender la enseñanza trascendió las aulas y convirtió el colegio en un hogar para alumnos y padres. Y es que en el centro educativo, donde todo el alumnado es gitano, Agustina rompió estereotipos: abrió la escuela al barrio, implicó a las familias y logró que la educación se viviera en comunidad. Los niños aprendían en los museos y en las farmacias, se relacionaban con los vecinos y hacían del barrio y de quienes viven en él parte de su aprendizaje.
«Nunca se limitó a dar clases: abrió la puerta del colegio a todo el Casco Antiguo», resumió la actual directora del centro. Con ella al frente, el San Pedro de Alcántara se convirtió en un referente de innovación social, pionero en programas como la peluquería escolar, la autoescuela o las competencias clave para adultos. Iniciativas que ofrecieron nuevas oportunidades a padres y madres sin titulación.
Esa comunidad que ella ayudó a construir se reunió este viernes en la Biblioteca de Extremadura para darle las gracias. Padres y madres, antiguos alumnos, asociaciones gitanas, personal del centro, autoridades y sus propios compañeros de claustro llenaron la sala en un homenaje coral.
Pero el acto de ayer no quiso ser solo un tributo a su figura. «Reconocemos en ella lo que significa ser docente», subrayó Fátima Murciano, recordando que en el colegio San Pedro de Alcántara enseñar siempre ha ido de la mano de un «fuerte compromiso social». Intervinieron asociaciones, antiguos alumnos y familias para insistir en esa idea: que la docencia no se limita a dar clase, sino que implica una labor dentro y fuera del aula.
No es un adiós
«Con el corazón encogido», Agustina saludó a amigos, familias y compañeros que ayer se reunieron en el homenaje. Porque aunque el pasado 3 de septiembre dejó oficialmente las aulas del colegio San Pedro de Alcántara, no tardó en volver: su nombre sigue resonando y ya está planteando nuevos proyectos. Ella misma lo resumía antes del acto con una sonrisa entre la emoción y la nostalgia: «Me siento absolutamente feliz, aunque también agridulce, porque esto ha sido parte de mi vida».
Para Agustina, la jubilación no significa despedida. «Esto forma parte de mi vida, no me voy del todo», insistía entre risas y lágrimas. Seguirá colaborando en proyectos con las familias y participando en actividades del colegio. En el Casco Antiguo, doña Agustina seguirá estando presente, como maestra y como referente para muchas generaciones.
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