Cuidado y entrega
Juana Vivero, primera voluntaria de cuidados paliativos en Extremadura: "Dejar ir es una forma de amar"
Esta pacense lleva más de 35 años acompañando a personas enfermas en la etapa final de sus vidas
Su testimonio es el más veterano de la Feria del Voluntariado en Cuidados Paliativos, celebrada en Badajoz para despertar vocación entre los más jóvenes

Juana Vivero, primera voluntaria de cuidados paliativos de Extremadura. / Santi García

"Dejar ir también es una forma de amar”. Lo dice Juana Vivero con la calma de quien ha pasado media vida acompañando a otras personas en sus últimos días. A sus ochenta años, sigue siendo una de las voces más queridas de la Asociación Española Contra el Cáncer en Badajoz, donde empezó hace más de tres décadas. Fue la primera voluntaria de cuidados paliativos en Extremadura y aún hoy continúa acudiendo al hospital, convencida de que no hay gesto más humano que dar la mano cuando las palabras ya no bastan.
Su historia en el voluntariado comenzó lejos de la región, en Santander, donde trabajó junto al equipo del hospital de San Martín. Después, la vida la llevó a Logroño y, finalmente, a su Badajoz, hace unos treinta años. Tras una vida dedicada a despedir a personas enfermas, define con la palabra "amor" a los cuidados paliativos. En su memoria caben cientos de pacientes, de rostros y también de aprendizajes. "Esto vale la pena. Recibes más de lo que das”, repite. Es la frase que mejor resume su forma de entender la vida: acompañar sin miedo, mirar de frente la enfermedad y celebrar cada pequeño momento de compañía.
Para Juana, "los cuidados paliativos son sinónimo de amor". Para María Engracia Manzanedo, educadora social y coordinadora del voluntariado de la Asociación Oncológica Extremeña, esa palabra se traduce en paciencia y escucha. “A veces lo que más necesita un paciente es silencio, que alguien esté simplemente al lado”, explica. Ella sabe bien que el voluntario no sustituye al sanitario, pero completa su labor: “Somos equipo. Su voz y su participación son claves para cubrir las necesidades del día a día”. En Extremadura, su asociación coordina a cientos de voluntarios que acompañan a pacientes adultos y pediátricos, dentro y fuera del hospital, haciendo más llevadero el proceso de la enfermedad tanto para ellos como para sus familias.
Porque, aunque cualquiera puede tener la voluntad de ayudar, no todos están preparados para hacerlo. “Lo principal es la motivación”, subraya Manzanedo. Antes de incorporarse, cada persona pasa una entrevista con una psicóloga y una formación específica: tres cursos donde aprenden a comprender la enfermedad, acompañar a los pacientes y cuidar también su propio bienestar emocional. “Hay quien llega porque ha vivido de cerca la enfermedad y quiere devolver lo que recibió”, añade. Por eso, insiste, no se trata solo de “estar” sino de saber estar. En muchos casos, los voluntarios se convierten en ese hombro que escucha lo que los pacientes no se atreven a decir a sus familias. Y aunque la experiencia cuenta, también hace falta relevo: jóvenes que mantengan viva la cadena de acompañar.
Entre quienes hoy descubren ese camino está Aitana Jiménez, alumna del ciclo de auxiliar de enfermería en el colegio de Las Adoratrices. “A mí siempre me ha gustado acompañar, ayudar a las personas. Me gustaría ser voluntaria en paliativos”, dice. Ha salido convencida este miércoles de la Feria del Voluntariado en Cuidados Paliativos, celebrada en el Hospital Centro Vivo de Badajoz. Una jornada para conocer de cerca cómo funciona esta red de apoyo a la que han acudido más de medio centenar de estudiantes.
La formación la traen del aula. La imparten docentes como Laura Barquero, profesora de la asignatura de Higiene y Apoyo psicológico al paciente en Las Adoratrices. Como explica, el voluntariado implica una formación en varios niveles: sanitario y psicológico. "También es vocacional. Mis alumnos vienen ya con esa inclinación sanitaria y esa vocación", dice.
Despedida digna
El encuentro, explica Gumiel, buscaba algo más que dar visibilidad: “Queremos que la gente se acerque, que pregunte, que encuentre su lugar”. En la feria participaron catorce entidades que forman parte de la red de voluntariado en cuidados paliativos de Extremadura, un programa que la plataforma coordina junto al personal sanitario de las ocho áreas de salud de la región. Desde 2002, esta red acompaña tanto a pacientes oncológicos como a personas con otras patologías, y desde 2019 también cuenta con equipos pediátricos. “Cada vez hay más necesidad de estar presentes en esos últimos momentos”, asegura Gumiel, “porque todos merecemos una despedida digna, adecuada y humana”.
Durante la jornada, asociaciones y visitantes compartieron experiencias, canciones y pequeños gestos que recordaban el sentido último de acompañar. “En los últimos momentos, lo importante es que la persona se sienta en paz”, señala Gumiel. “A veces basta una mano, una palabra, una melodía”. Por eso, entre las entidades presentes también estaba Músicos sin Fronteras, que lleva su arte a hospitales y residencias para aliviar el silencio de las despedidas. “Queremos que cada persona se marche acompañada, porque la soledad no debería formar parte de la muerte”, añade el presidente de la plataforma.
El diputado de Cultura, Ricardo Cabezas, subraya la importancia de que instituciones y ciudadanía caminen juntas en esta tarea. “El Hospital Centro Vivo fue en su origen un espacio sanitario, y abrirlo hoy a esta feria es devolverle su sentido más humano”, afirma. Cabezas aprovechó la cita para recordar la figura de Guillermo Fernández Vara, quien impulsó en 2002 las primeras unidades de cuidados paliativos en la región: “Tuvo la visión y la humanidad de entender que también en los últimos días hay dignidad”. Además, destacó la presencia de estudiantes de ciclos sanitarios como un motivo de esperanza: “Necesitamos cuidadores y cuidadoras bien formados, pero sobre todo con vocación”.
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