Testimonio
El hijo de la mujer muerta en Badajoz tras una paliza de su marido: "No sabían vivir sin esa violencia"
Para Pedro Rodríguez, esto es el desenlace de más de veinte años de una relación marcada por la toxicidad y la dependencia emocional

El hijo del matrimonio recibe muestras de condolencia durante el minuto de silencio, ayer. / S. GARCÍA
Carmen Díaz falleció el lunes 12 de enero de 2026 en el Hospital Universitario tras la paliza que le propinó su marido. Su hijo, Pedro Rodríguez, a pesar del duelo que está sufriendo, asegura que se encuentra "en paz". Para él, esto es el desenlace de más de veinte años de una relación marcada por la toxicidad y la dependencia emocional.
Pedro describe la relación entre sus padres como "tremendamente tóxica", una convivencia sostenida durante décadas en la que la violencia y la dependencia emocional se entrelazaban de forma constante. "No consentían separarse por ningún medio", expresa., A pesar de los múltiples intentos de ruptura que se produjeron a lo largo de los años, añade, siempre acababan en una reconciliación.
Según su relato, los episodios de conflicto eran frecuentes y bidireccionales. "Había una situación de violencia mutua física, psicológica y verbal", lamenta. En ocasiones, destaca, "mi madre lo esperaba con algún objeto amenazante o lo insultaba"; en otras, era su padre quien provocaba los enfrentamientos. Aun así, ninguno de los dos lograba abandonar definitivamente la convivencia. Pedro insiste en que el vínculo entre ambos se basaba en un enganche emocional extremo. "Era una dependencia total y absoluta", señala, especialmente por parte de su madre, quien, según explica, necesitaba que fuera su marido, y no otra persona, quien la cuidara. "Ella decía que necesitaba a alguien que la llevara a los médicos, que la atendiera, y no quería que fuera yo; quería que fuera él".
Intentos fallidos de separación
Los intentos de separación, sostiene, fueron constantes y siempre fallidos. "He perdido la cuenta de los pisos que he alquilado para que mi padre se marchara de casa", así como de las fianzas perdidas y de los convenios de separación que nunca llegaron a consolidarse. Incluso cuando se logró una plaza en una residencia para su madre, ambos acudieron juntos para rechazarla. "Dijeron que no era necesaria, que estaban muy bien y que convivían sin ningún problema".
La imposibilidad de romper esa dinámica quedó patente incluso tras episodios graves. Pedro recuerda que en 2006 ambos acabaron en los calabozos tras una agresión mutua, pero "ninguno quiso denunciar al otro". "Se acogieron a su derecho a no declarar", expone. Para Pedro, el patrón era claro y se repetía siempre. "Era el ‘ni contigo ni sin ti'", resume. "No sabían vivir sin esa violencia. Era una toxicidad extrema".
La llamada
El jueves por la noche, alrededor de las 21:15 horas, Pedro recibió una llamada de la Policía en la que se le informaba de que se había producido una agresión en el domicilio de sus padres. Mientras se dirigía hacia allí, una segunda llamada le indicó que debía acudir directamente al Hospital Universitario. "Cuando llegué, me encontré a mi madre con una agresión brutal".
Carmen Díaz presentaba "toda la cara llena de moratones, de hematomas", describe su hijo. El primer informe médico confirmó, además de las lesiones externas, un hematoma craneal y una fisura con sangrado intracraneal. A pesar de la gravedad del cuadro, Carmen permaneció consciente durante toda la noche. "Llegó orientada, sabía lo que había pasado, sabía dónde estaba y estaba totalmente consciente", apunta Pedro.
Alta médica "precipitada"
A la tarde siguiente, mientras él acudía al juzgado para ratificarse en la denuncia, se le comunicó que su madre había recibido el alta hospitalaria. "Me informan a las cinco de la tarde de que ya estaba el informe de alta de mi madre", informa. Una decisión que cuestionó desde el primer momento, especialmente tras una "tensa" conversación con una neurocirujana del hospital. "Mi madre no se ha dado ningún golpe. Mi madre no ha sufrido ninguna caída. A mi madre le han dado una paliza brutal", le dijo. Según Pedro, la médica se limitó a valorar la evolución del TAC sin tener en cuenta el contexto de violencia de género.
Aun así, el alta, firmada a las cinco de la tarde, no le fue entregada directamente. "No me autorizan a llevármela hasta las nueve y media de la noche", enfatiza, y añade que fue un vigilante de seguridad quien finalmente le entregó el documento. "La doctora consideró que yo le había faltado el respeto y no me dio el alta en mano".
Esa misma noche, Pedro llevó a su madre de regreso a su domicilio. Su padre quedó en libertad con una orden de alejamiento, aunque durante horas insistió en que su hijo le llevara ropa y documentación. "Decía que no se iba a quedar en ningún alojamiento porque tenía una casa, cuando sabía perfectamente que no podía volver por la orden de alejamiento".
"Preguntaba por mi padre todo el tiempo"
Durante el viernes y parte del sábado, Pedro estuvo entrando y saliendo de la vivienda de su madre. Carmen seguía consciente, aunque mostraba una creciente confusión emocional y una constante preocupación por su marido. "Me preguntaba por mi padre todo el tiempo", insiste. El sábado por la mañana, tras una conversación tensa, Pedro abandonó el domicilio, olvidándose las llaves dentro.
Cuando regresó por la tarde y no obtuvo respuesta al llamar insistentemente al timbre, escuchó un balbuceo desde el interior. "Oigo a mi madre balbucear", explica. Llamó a la Policía, que accedió a la vivienda, y se encontró a Carmen estaba tendida en el suelo de la cocina, completamente desorientada. "No hablaba, no conocía, no seguía la mirada, estaba con la mirada totalmente perdida". Fue trasladada de nuevo al hospital, donde ingresó directamente en la sala de críticos. Durante la noche del domingo, su estado se agravó de forma alarmante. "Tenía dificultades para respirar incluso con oxígeno, tenía momentos de apnea de más de un minuto", relata. Las pulsaciones alcanzaban las 180 por minuto y la tensión arterial se mantenía peligrosamente elevada.
"Le dije que empezaba su viaje de felicidad"
Aunque Carmen Díaz falleció el lunes por la tarde, Pedro asegura que ya se había despedido de su madre horas antes. "Le dije que no luchara más, que se fuera en paz", afirma. Tras su fallecimiento, se abrazó a ella por última vez. "Le dije que empezaba su viaje de felicidad, la que no había sabido encontrar aquí".
Ahora, Pedro ha decidido hacer público su testimonio no solo para honrar la memoria de su madre, sino también para dar voz a quienes viven atrapados en situaciones de violencia de género, ya sea como víctimas directas o como familiares que intentan intervenir desde fuera. "A todas las personas que puedan estar en medio de una pareja envuelta en esta espiral de violencia, quiero darles mi apoyo", aclara. "Mis testimonios y mi participación en los medios van a seguir siendo activos, por ellos".
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