Bajará la persiana tras casi cuatro décadas de actividad
Pepi Barquilla se jubila y Verdi, un comercio emblemático de Badajoz, podría cerrar sus puertas en marzo
La tienda de artículos de decoración y regalos, ubicada actualmente en la calle Enrique Segura Otaño, busca una persona que continúe con su legado y tradición

Santi García

Durante casi cuarenta años, Verdi ha sido mucho más que una tienda para Badajoz. Su nombre ha acompañado a generaciones de pacenses en momentos cotidianos -un detalle para un amigo, una pieza especial de decoración- y también en decisiones importantes, como elegir un mueble a medida para el hogar o un regalo de boda para un familiar. Con el paso del tiempo, el establecimiento se convirtió en un punto reconocible del comercio local, asociado no solo a su oferta, sino a una manera de atender: cercanía, conversación y trato personal, ese sello de “comercio de toda la vida”.
Ahora, Verdi se asoma al final de una etapa marcada por la constancia y la adaptación. Sus fundadores, Pepi Barquilla y Carlos Rodríguez, se preparan para el relevo que impone el calendario: la jubilación. Un adiós que no se plantea como un cierre brusco, pero que ya se percibe inevitable y cargado de emoción.
Un proyecto que nació en Menacho en 1988
La historia de Verdi comenzó en 1988, en plena calle Menacho, cuando el centro era el escenario natural del comercio y la vida diaria de la ciudad. Allí permaneció 22 años, consolidándose como una tienda de referencia y formando parte del recorrido habitual de quienes buscaban algo especial para su casa o un obsequio con gusto. “Era otro Badajoz, otra forma de comprar y de vivir el comercio”, recuerdan sus responsables.
Con el tiempo, Verdi fue creciendo y diversificándose. Hace 25 años, Pepi y Carlos abrieron una segunda línea de negocio en el polígono El Nevero, centrada en muebles a medida, una apuesta que convivió durante años con la tienda del centro. Esa doble vía les permitió responder a necesidades distintas: por un lado, la parte más vinculada al detalle, la decoración y el regalo; por otro, la vertiente del trabajo personalizado, pensado para encajar en espacios concretos y con un enfoque más artesanal.
Esa especialización en lo hecho a medida terminó por convertirse en una de las señas de identidad de la marca: un modo de trabajar que prioriza la adaptación a cada encargo y el acompañamiento al cliente en el proceso.
Enrique Segura Otaño, la última etapa
Hace ocho años, Verdi inició su última etapa en la calle Enrique Segura Otaño, donde continúa en la actualidad. El local, amplio y funcional, cuenta con 200 metros cuadrados de tienda y 150 de almacén, y reúne en un mismo espacio artículos de regalo, decoración, muebles auxiliares y trabajos a medida. Es, en cierto modo, la síntesis de todo lo que ha sido Verdi: un lugar donde conviven el detalle y lo práctico, lo decorativo y lo funcional, la compra rápida y el encargo que requiere tiempo.
El punto de inflexión llega con una fecha concreta: Pepi Barquilla se jubila en marzo. Y, aunque la jubilación supone el cierre de un ciclo, Pepi tiene una idea clara: que Verdi no desaparezca. “Me daría muchísima pena cerrarlo sin más. Me gustaría que el negocio lo continuase otra persona para que no se pierda su esencia”, explica a este diario.
La propietaria insiste en que, si alguien decidiera tomar el relevo, el camino sería directo: “Quien lo quiera podría abrir mañana mismo, solo habría que hacer el cambio de titularidad”. El negocio está preparado para continuar si aparece una persona dispuesta a asumirlo y a mantener el rumbo.
"Este negocio hay que moverlo con lo que ahora se demanda: redes sociales, vídeos y nuevas formas de llegar al cliente”
Comercio de proximidad
Pepi defiende que Verdi mantiene potencial, aunque reconoce que la realidad comercial ya no es la misma. Los hábitos han cambiado y, con ellos, la manera de atraer y fidelizar al cliente. En su visión, el comercio de proximidad no está condenado a desaparecer, pero necesita nuevas herramientas: “El comercio de proximidad debería continuar, pero hay que moverlo con lo que ahora se demanda: redes sociales, vídeos, nuevas formas de llegar al cliente”.
Asegura que ha habido personas interesadas, aunque por ahora no se ha concretado nada. Mientras se resuelve el futuro, Verdi ha iniciado ofertas por liquidación. Para los clientes de siempre, es la ocasión de volver a un lugar conocido y llevarse algo de una tienda que, durante décadas, ha sido un punto de referencia en Badajoz.
Más que una tienda
Verdi no es solo un establecimiento. Es el reflejo de una forma de trabajar basada en la constancia, el trato cercano y el vínculo con el entorno. Por eso, la posibilidad de un cierre sin continuidad pesa más de lo que parece a simple vista. “Cerrar así, sin continuidad, dolería mucho”, admite Pepi, consciente de que con su jubilación se va algo más que un negocio: se apaga una parte del comercio tradicional de Badajoz.
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