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Viven con el temor de un nuevo episodio

"No podemos vivir pendientes de los desalojos": vecinos de las Casas Aisladas plantean marcharse definitivamente

Una explotación ganadera pierde cuatro terneros

La vuelta a la normalidad implica limpiar y evaluar los daños

Vídeo | Los vecinos de las Casas Aisladas vuelven a sus hogares

Santi García

Rebeca Porras

Rebeca Porras

Badajoz

La última borrasca ha dejado de nuevo inundaciones en las Casas Aisladas de Gévora, en Badajoz, donde el agua ha llegado a alcanzar un metro de altura en algunas parcelas, anegando caminos y obligando a varias familias a abandonar sus viviendas. La crecida, además de los daños materiales, ha golpeado de lleno a quienes viven de la explotación ganadera, como Basilio González, ganadero de Badajoz que mantiene reses en la zona desde 1992.

Según ha contado a este diario, la entrada de agua ha mojado máquinas y herramientas y todavía están evaluando el alcance real de las pérdidas. "Estamos viendo si se ha estropeado algo más" y lo peor es que “se me han muerto cuatro terneros”, explica.

Pese al golpe, Basilio asume la situación porque son "cosas del tiempo". “Ahí no puede nadie hacer nada. Si llueve tenemos que soportar las circunstancias que vienen", afirma, y recuerda que lo más angustioso ha sido la carretera cortada y la imposibilidad de llegar hasta la explotación. "No nos dejaban venir porque el paso era intransitable. Nos cortaron el acceso de la carretera y eso ha sido lo peor, no poder entrar a comprobar cómo estaban los animales y atenderles".

La ausencia forzada tuvo, por tanto, consecuencias inmediatas. “He estado muy disgustado, no hemos podido entrar para ordeñar las vacas, y eso era un problema”, cuenta el ganadero, que durante los días críticos no ha podido supervisar la situación dentro de la finca, en la que ha perdido animales por segunda vez. La última en 2022, a consecuencia de la borrasca Efraín.

"Así no se puede vivir"

Muy cerca vive Francisco Javier con su familia. Asegura que el episodio ha sido el empujón definitivo para plantearse dejar la parcela. “Hemos sentido alegría de poder volver a casa pero incertidumbre de pensar hasta dónde nos había llegado el agua… No sabes qué te vas a encontrar dentro de tu casa”, señala.

A su juicio, la situación se repite con demasiada frecuencia: "Esto es una situación que ya es todos los años. Ya van dos veces este año, ya estamos cansados y así no se puede vivir". Cuenta que quiere marcharse de alquiler a otro sitio: “Me quiero ir al campo, pero a un sitio donde no llegue el agua y estemos más tranquilos”. Una idea, que según indica, tienen en mente más vecinos.

Desalojos y vuelta a casa tras tres noches fuera

En el mismo entorno, Eva, otra vecina afectada, tuvo que desalojar su vivienda y pasar tres noches fuera. “Nos desalojaron, hemos estado tres noches en casa de mi hijo en Badajoz. Tenemos la suerte de poder quedarnos allí”, explica. El regreso, cuando finalmente se autorizó, lo vivió con mucha emoción: "Cuando ayer nos dijeron que podíamos volver sentimos muchísima alegría. Eso es como si te hubiese tocado el cupón”.

Eva insiste en la necesidad de mantener la calma y colaborar con los equipos que gestionan la emergencia. “Contra el tiempo no se puede hacer nada y hay que colaborar y ya está”, resume. Aun así, admite que ella y su marido han estado preocupados: "Nunca se sabe qué puede pasar y bueno, gracias a Dios ha quedado todo en un susto”.

Vecina de toda la vida, asegura que ella no se plantea marcharse: “Yo llevo toda la vida aquí, desde que me casé hace 38 años y nos gusta estar aquí. Lo que ha ocurrido ha sido una cosa extraordinaria y esperemos que no pase más”.

"Falta de información" y desalojo forzoso

Otro testimonio es el de Francisco Delgado, que describe unos días marcados por la falta de información y el temor a lo desconocido. “Lo he vivido con mucha incertidumbre sin saber lo que iba a suceder, porque esta gente información daba la justa. Te decía que el pico era a una hora y luego era a otra…”, lamenta. Su salida de la zona, asegura, fue obligatoria: “Para abandonar vinieron los policías nacionales y todo y Guardia Civil y nos obligaron a salir forzosamente”.

Sin familiares a quienes recurrir, Francisco agradece la ayuda recibida: “Gracias a Dios tengo buenas amistades y he estado en casa de ellos, porque familia no tengo. Tengo una buena amiga que fue la que me ha cobijado”. En esta ocasión, afirma que el agua no entró en su casa, aunque el recuerdo de episodios anteriores sigue presente: “En 2022 sí entró: un metro y medio. Fue impresionante”. Ahora, cuenta, la marca de la crecida se quedó fuera, visible en la suciedad acumulada: “Ha llegado hasta la canasta esa de ahí… se ve la marca de la suciedad del río”.

Mientras tanto, la vuelta a la normalidad pasa por limpiar, revisar daños y recuperar rutinas, con una preocupación común: que el próximo episodio de inundaciones vuelva a sacarlos de sus casas.

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