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Investigación

Perseguido por impío y sodomita: descubren quién fue el dueño de la biblioteca emparedada de Barcarrota

Los libros, entre los que había una valiosa edición de ‘Lazarillo de Tormes’, aparecieron en 1992

Ahora se sabe que su propietario fue el portugués Fernão Brandão

Los libros de la biblioteca emparedada de Barcarrota.

Los libros de la biblioteca emparedada de Barcarrota. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Ascensión Martínez Romasanta

Ascensión Martínez Romasanta

Badajoz

En 1992, durante las obras de reforma en el doblado de una casa de Barcarrota (Badajoz) apareció al golpear uno de los tabiques un insólito hallazgo. A media altura la piqueta abrió un hueco disimulado que contenía un pequeño fardo con libros, protegidos con paja y ceniza, para preservarlos de la humedad. Eran libros muy antiguos, todos ellos datados en el siglo XVI, escritos en varios idiomas: castellano, portugués, francés, italiano y latín. Entre los volúmenes había uno de especial valor: una edición desconocida del ‘Lazarillo de Tormes’, impresa en Medina del Campo en 1554

Junto a este libro, había un ejemplar de ‘Alborayque’, una feroz sátira contra los judeoconversos, dos tratados sobre quiromancia, un manual de exorcismos, una obra polémica de Erasmo de Róterdam, un pequeño libro de oraciones en latín, griego y hebreo, una rarísima ‘Oración de la emparedada’ en portugués y un diálogo erótico de carácter homosexual, ‘La Cazzaria. El descubrimiento de la denominada biblioteca oculta de Barcarrota se dio a conocer en 1995 cuando la Junta de Extremadura la adquirió.

En un amuleto

Una reciente investigación ha sacado a la luz quién fue el dueño de aquellos libros. El resultado del estudio, realizado por Pedro Martín Baños, doctor en Filología Hispánica y profesor en el instituto Carolina Coronado de Barcarrota, ha sido publicado por la Universidad de Extremadura y la Universitat Autónoma de Barcelona. ‘La biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão’ se presentará el próximo 12 de marzo en Badajoz, en la Biblioteca de Extremadura.

El profesor Pedro Martín Baños.

El profesor Pedro Martín Baños. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Además de los libros escondidos se conservó una delicada nómina-amuleto circular, de unos 11 centímetros de diámetro, manuscrita y recortada sobre papel. Estos objetos solían llevarse al cuello o en el pecho, doblados y protegidos dentro de una bolsa y a los textos e imágenes que contenían se les atribuían propiedades mágicas o de protección. Este amuleto ha sido clave para identificar al propietario de la biblioteca. Curiosamente, es muy extenso en su dedicatoria y su contenido ha permitido descubrir al titular de los libros emparedados y que ahora desvela esta nueva investigación. La dedicatoria que contiene el amuleto es bastante extensa. Menciona el nombre de Fernão Brandão, portugués de Évora, «signor de São Manços, ingeniorum cacumen» (Cumbre de los Ingenios). En el reverso figura un texto en italiano, fechado en Roma en 1551, en que el que un amigo anónimo promete al destinatario que la distancia no acabaría con su amistad: «perchè io sempre me ricorderó di te».

El amuleto que contiene el nombre del propietario de los libros.

El amuleto que contiene el nombre del propietario de los libros. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Sobre la base del nombre inscrito en el amuleto, la nueva investigación ha destapado varias denuncias registradas en el Tribunal de la Inquisición de Évora, entre los años 1547 a 1549, que ofrecen coordenadas biográficas de su propietario, acusado de impiedad e irreligiosidad y de sodomía.

Las acusaciones contra Brandão: comía pescado en fiestas de guardar y jugaba a la pelota en lugar de ir a misa

La investigación ahora publicada destapa varias denuncias registradas en el Tribunal de la Inquisición de Évora. Los genealogistas portugueses constatan que Fernão Brandão se exilió en Castilla "por los excesos cometidos en su reino". Las acusaciones inquisitoriales contra Brandão se encuadran en dos categorías. De un lado, impiedad e irreligiosidad: comía pescado y carne los viernes, domingos y fiestas de guardar, no rezaba nunca, jugaba a la pelota con sus criados en lugar de ir a misa, desaparecía de la ciudad durante la Cuaresma para refugiarse en una casa de campo, no se confesaba, blasfemaba contra dios y los santos y poseía algunas figurillas de metal con las que practicaba ciertos rituales de magia o hechicería aprendidos en una estancia en Roma.

Por otro lado, se acuaba a Brandão de practicar la sodomía y de poseer "un libro de sodomía, a manera de libro de canto (forrado como si fuera religioso) en el que están hombres figurados cabalgando contra natura unos a otros por detrás". Entre los libros de la Biblioteca de Barcarrota se halló 'La Cazzaria', del italiano Antonio Vignali (de hacia 1525), difundido en Europa de manera clandestina.

En la contextualización histórica, el reciente estudio destaca que el hecho de que la biblioteca de Barcarrota apareciese emparedada significa que su dueño pudo sentir que corría verdadero peligro conservando estos libros. Sucedió hacia 1559 o 1560, cuando se publicó el Índice de Libros Prohibidos del inquisidor Fernando de Valdés, en el que figuraban al menos cuatro de los títulos tapiados.

La monografía se ha organizado en dos grandes apartados, con el prólogo del catedrático de la Uex Miguel Ángel Lama, una de las personas involucradas en las primeras fases de la divulgación y el estudio de la Biblioteca de Barcarrota, tras su descubrimiento. El punto de partida de la primera parte fue el hallazgo de la documentación inquisitorial inédita sobre Fernão Brandão y su genealogía. Así, se ha intentado establecer a quién perteneció a mediados del siglo XVI la casa donde aparecieron los libros, en un barrio entonces denominado Altozano de Nuestra Señora. Se ha determinado que allí tuvieron propiedades varias familias hidalgas y existen indicios de que entre la vecindad estuvo Fernão Brandão.

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