Plaga
Badajoz pone coto a las procesionarias con trampas en los troncos de los árboles
El concejal de Medio Ambiente asegura que este año no han recibido quejas, porque no ha habido orugas en el suelo de parques y zonas verdes

Pinos de Las Vaguadas con las trampas abrazadas a sus troncos, cuando se colocaron en febrero. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Cada año a partir de febrero y marzo cuando empezaba a despedirse el invierno, en Badajoz surgían quejas en distintos puntos por la aparición molesta de la oruga procesionaria. Cada año por esas fechas siempre había vecinos que reclamaban soluciones por el riesgo que representan para las mascotas, fundamentalmente para los perros.
La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es la oruga de una polilla nocturna que se caracteriza por que las larvas viven en 'bolsones' blancos en la copa de árboles que les sirven de refugio. Su apodo describe su forma de desplazarse en largas filas, una detrás de otra. A finales de invierno y principios de primavera abandonan los nidos y bajan de los árboles para enterrarse y completar su ciclo vital.
Estas orugas están cubiertas de miles de pelos naranjas que contienen una toxina. Cuando se sienten amenazadas, lanzan estos pelos, que pueden flotar en el aire y causar reacciones alérgicas, dermatitis, picor e irritación ocular en personas. Son especialmente peligrosas para perros y gatos. Si las huelen o ingieren, pueden sufrir hasta necrosidad en la lengua y otras reacciones graves.

Imagen de archivo (2023) de un nido de procesionarias en la copa de un pino en Puerta Pilar. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
En Badajoz se habían convertido en un problema, pero el ayuntamiento parece haber dado con la clave para ponerles coto. Lo explica el concejal de Medio Ambiente, Rubén Galea. Su concejalía acaba de contratar la adquisición de 1.500 trampas collar ecológicas, para las que reserva una partida de 27.000 euros. Estas trampas no contienen plaguicida, se colocan abrazando el tronco del árbol afectado y sirven para capturar las larvas de la oruga procesionaria durante su fase de descenso desde los bolsones de las copas de los pinos, impidiendo que lleguen al suelo.
Este método de control de las orugas es de refuerzo. El concejal señala que previamente, en otoño, se realiza en los árboles un tratamiento de endoterapia que consiste en inyectarles insecticida en el tronco, como método preventivo, y después se colocan las trampas físicas.
"Este año no ha habido quejas"
Galea recuerda que las trampas se emplean desde hace unos años, aunque siempre se han adquirido en menores cantidades. La última vez se han utilizado 350 en otros tantos árboles. Se pusieron entre diciembre y enero. El concejal apunta que la oruga suele bajar cuando empiezan a subir las temperaturas, normalmente en febrero o marzo, cuando acaban las heladas. En esa época empiezan a verse en el suelo. Este año se estaban viendo bajar de los pinos a mediados de febrero. Las 1.500 se han encargado ahora para hacerlo con antelación y contar con los medios necesarios para colocar las trampas en otoño próximo. Según Galea, ha sido efectivo, porque "este año no ha habido ninguna queja por la presencia de procesionarias en los parques ni en ningún sitio".
Se van a comprar 1.500 trampas con la idea de que se puedan emplear varias temporadas, porque no caducan, para no quedarse cortos. En 2024 el ayuntamiento adquirió 200 y resultaron insuficiente, porque había bastante procesionaria. Quieren contar con un retén por si son necesarias para cubrir todos los árboles afectados. Este invierno con 350 han sido suficientes para cubrir todas las zonas consideradas afectadas.

En la avenida Godofredo Ortega. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
¿Dónde se localizan?
Las orugas procesionarias tradicionalmente 'anidan' en los pinos, también en cedros. En Badajoz se localizan en el parque del recinto de la Alcazaba, en la mediana de Godofredo Ortega y Muñoz, alguno del parque del Rivillas y, sobre todo, donde más avisos ciudadanos se producían era en Las Vaguadas, urbanización que está rodeada de pinares, en toda la carretera de Valverde. Al haber mayor concentración de pinos hay más procesionaria. También en las pedanías. El concejal apunta que Villafranco pidió estas trampas.
¿Cómo funcionan?
La colocación de estos collares permite la captura física de las orugas durante la fase de descenso.
La trampa consta de una lámina negra que rodea el tronco y que tiene 25 centímetros de anchura. Dentro tiene una barra de espuma de poliuretano que está atravesada en su parte media por un tubo que conecta con una bolsa de polietileno con su mitad inferior opaca. Cuando el gusano baja de la copa del árbol, la lámina negra está recubierta en su cara interior por una película de cola de contacto (sin disolventes) que disuade a la oruga de atravesar esta lámina negra, la reconduce y la fuerza a descender por el tubo hacia la bolsa, donde quedan retenidas. Cuando la bolsa se llena, se retira la trampa. El concejal defiende que se trata de un mecanismo cien por cien eficaz contra esta oruga.
Apunta además que el tratamiento de endoterapia está dando también buenos resultados con otras plagas, como la galeruca del olmo, que el año pasado no hubo, pero sí los anteriores.
Es lo que tienen los árboles, que hay que estar muy pendientes de ellos. "Son seres vivos y hay que estar continuamente cuidándolos, como es lógico", reconoce Rubén Galea.
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