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20 años, 20 historias

Candela Bermejo, la generación que creció conectada: "Las redes nos han dado libertad, pero también mucha presión"

A sus 20 años, esta joven de Badajoz trabaja en una librería de San Roque y sueña con publicar un libro

Creció entre clases online, mascarillas y una etapa que no olvida

La joven Candela Bermejo, en Badajoz.

La joven Candela Bermejo, en Badajoz. / Jesús G. Hinchado

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Rebeca Porras

Rebeca Porras

Badajoz

Candela Bermejo Pérez no recuerda un mundo sin internet. Tampoco uno sin pantallas, redes sociales o mensajes instantáneos. Nació en 2006, el mismo año en que La Crónica de Badajoz salió a la calle por primera vez. Mientras el periódico aprendía a encontrar a sus lectores, ella aprendía a leer. Entonces casi nadie imaginaba que un teléfono serviría para trabajar, relacionarse, sustituir a un mapa o hacer la compra.

Aún no se sabía nada de influencers, inteligencia artificial o TikTok. Candela tampoco podía imaginarlo. Acababa de nacer.

Los jóvenes de su edad crecieron escuchando hablar de crisis económicas, alquileres imposibles y trabajos precarios. Aprendieron palabras como "pandemia", "confinamiento" o "ansiedad" antes incluso de terminar el instituto. Candela pertenece a esa generación que tuvo clases online, cumpleaños por videollamada y mascarillas en plena adolescencia.

Hoy, con 20 años recién cumplidos, su vida -como la de tantos jóvenes- cabe en un teléfono móvil. Ahí estudia, trabaja, se informa, escucha música y habla con sus amigos.

Han crecido más conectados que nadie, pero también más expuestos. Más informados y, al mismo tiempo, más saturados.

Un sueño

Candela vive en San Roque, en Badajoz. Por allí hace vida, aunque cuando sale suele moverse también por San Fernando y, sobre todo, por el centro. Estudió Primaria en el colegio Guadiana, hizo la ESO en el Domingo Cáceres y cursó Bachillerato en el Reino Aftasí. Ahora trabaja en una librería de San Roque, un lugar que encaja con uno de sus grandes sueños: "Me encantaría poder escribir un libro y ver que a la gente le ha impresionado, que le ha parecido especial".

Tener 20 años hoy, dice, es vivir en una especie de contradicción. "En ocasiones pueden tomarte como que eres lo suficientemente madura para hacer algunas cosas, pero luego dudar de que no lo eres por la edad que tienes", indica.

Esa sensación de estar a medio camino entre lo que ya se espera de ellos y lo que todavía no se les permite atraviesa a muchos jóvenes. De pequeña aprendió que "para conseguir algo hay que luchar y esforzarse" y que "nada te lo dan en la mano".

El móvil como refugio

Su primer móvil no fue un capricho, llegó como una herramienta de seguridad. Lo usaba, sobre todo, para comunicarse con sus padres cuando estaba en la calle. Después, como a toda su generación, la tecnología le fue ganando espacio a casi todo.

No cree que todos los jóvenes vivan igual de enganchados. Piensa que depende de cada persona. "Hay quienes se refugian en el deporte, los estudios o sus aficiones", pero también reconoce que parte de su generación "depende mucho de la tecnología".

No le gusta idealizar las redes. Cree que han servido para que los jóvenes tengan libertad para poder opinar, alzar la voz y ayudar a otras personas, pero también han traído "mucha presión", sobre todo con el físico. "A lo mejor, lo que hay detrás de las fotos puede que ni sea real", reflexiona.

"La pandemia la veo lejana, pero lo que pasó no se olvida"

Candela estaba en plena adolescencia cuando llegó la pandemia. Hoy es consciente de que el tiempo ha pasado, pero no de que aquello haya desaparecido. Para ella no fue solo quedarse encerrada en casa. Fue algo más íntimo. "Fue encerrarte en ti mismo", recuerda.

Ese encierro dejó una marca que quizá su generación todavía está terminando de ordenar. Pasó el tiempo, volvieron las clases, las calles, los amigos y los planes, pero lo vivido sigue ahí. "Esa época la veo lejana, pero lo que pasó no se olvida", afirma.

Miedo a perder el tiempo

Lo que más le preocupa y a muchos jóvenes de su edad no es solo encontrar trabajo o independizarse, sino llegar a ser algo parecido a lo que soñaron. "Llegar a ser alguien y no sentir que hemos perdido el tiempo luchando", explica.

Le molesta que se repita que los jóvenes no saben lo que es la vida real o que no son conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Cree que muchas veces no es ignorancia, sino una forma de protegerse. "Muchas veces preferimos vivir en la ignorancia y no pasarlo mal sabiendo la realidad", admite.

La independencia, por ahora, la ve lejos. No por falta de ganas, sino por las dificultades económicas y por el coste de seguir estudiando. Para ella, como para tantos jóvenes, marcharse de casa no depende solo de querer hacerlo. También depende de poder hacerlo.

Cuando piensa en el futuro, Candela se imagina fuera. La mayoría de sus amigos, asegura, también. "La mayoría, incluyéndome, queremos una vida fuera de Badajoz", cuenta. No lo dice como un rechazo a la ciudad, sino como una aspiración de búsqueda. Salir, probar, descubrir, construir una vida. Tener una casa fuera de Badajoz, publicar el libro que sueña escribir y alcanzar ciertas metas antes de cumplir los 30.

Mientras La Crónica de Badajoz celebra dos décadas contando historias de la ciudad, Candela Bermejo cumple dos décadas construyendo la suya propia. El periódico y ella pertenecen, de algún modo, al mismo tiempo. Han crecido juntos en un mundo que ya no se parece al de 2006.

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