Exposición en Fundación Caja Badajoz
Elena Peña se desmonta en 'Lo siniestro de crecer': "Poner un cuadro a la vista de todos es como gritar en mitad de la calle lo que tengo dentro"
La artista pacense reflexiona sobre las relaciones tóxicas que ha sufrido, la identidad femenina y sus sentimientos y emociones a través de una propuesta basada en muñecas de porcelana, cuerpos fragmentados y los cambios que este sufre

La joven artista pacense Elena Peña en la presentación de la exposición 'Lo Siniestro de Crecer', en Fundación CB / La Crónica
Alejandro Martín G.
Al día siguiente de la inauguración de su exposición 'Lo Siniestro de Crecer' en la Fundación Caja Badajoz (Montesinos, 22) la joven artista Elena Peña Sánchez (Badajoz, 2005) intenta asimilar el impacto de abrir al público una de sus obras más "íntimas". A sus 21 años, y finalizando sus estudios en la facultad de Bellas Artes en Sevilla, la creadora utiliza una propuesta multidisciplinar de pintura, dibujo y grabado como el cierre de una etapa personal compleja, marcada por algunas relaciones inestables. A través del retrato psicológico, Peña convierte la deconstrucción de figuras en un espejo de sus propias tensiones internas.
El núcleo del proyecto gira en torno a un alejamiento intencionado de la visión idealizada de la infancia. Para articular este mensaje, la artista rescata la estética de las muñecas antiguas de porcelana, descubiertas en puestos de segunda mano, como un símbolo del "yo". "He utilizado la muñeca para que actúe de reflejo del yo", explica Peña mientras detalla que modifica las muñecas, las fragmenta y las compone para reflejar procesos de transformación y dolores pasados.
Esta fijación con las figuras no nace de un afecto infantil, ya que Peña confiesa que cuando era pequeña no le gustaban y se sentía como un "bicho raro" al no saber cómo jugar con ellas o qué rol desempeñar como mujer. El interés actual surge de una capacidad para desmontarse, convirtiéndose en una metáfora crítica de cómo se percibe a las mujeres en ciertas situaciones. "Quizás si me he visto así, reflejada en una muñeca a la que le pueden quitar partes y desmontar", afirma la artista.
Cuerpos en piezas y reconstrucción personal
Obras como 'Me desmontas' o 'DesMoNtAiTA' muestran cuerpos hechos piezas y extremidades sueltas, recursos que funcionan como una crítica directa enfocada a la "mirada masculina". En palabras de la autora, representa la sensación de haber sido tratada como "un juguete usado" que termina rompiéndose. Frente a esta fractura, el proyecto reivindica el proceso posterior de recuperación personal: "Es un trabajo lento para la persona a la que le toca montarse de nuevo", explica Peña, quien añade que a pesar de los "momentos de bajón", actualmente prefiere mirar al pasado con cierta distancia e intentar "tirar para adelante".
Por su parte, la pieza central elegida para ilustrar la portada de la muestra 'Mira, ¡Sonrío!', ofrece una doble lectura sobre el control de las emociones. En esta obra, y según lo que cuenta Peña, el espectador puede percibir una sonrisa forzada o una queja ante la exigencia social de aparentar bienestar, pero también puede ser un símbolo de haber dejado atrás los malos momentos y sonreír. "Después de estos años en los que la mayoría del tiempo solo lloraba, el hecho de poder sonreír y enseñar bien los dientes es bastante satisfactorio", afirma la artista.
Además, la exposición se expande hacia la representación de figuras familiares reales, por lo que incluye dibujos de su madre y de su abuela. Lejos de hacerlo como un homenaje a la herencia familiar, las piezas muestran cómo el paso de los años altera los cuerpos de las personas. "Quería hablar del paso del tiempo y de cómo eso se refleja en el cuerpo". Por otra parte, en sus obras 'De to' se sale' o 'No te fíes ni un pelo', refleja momentos del pasado en los que sintió que realmente podría cambiar la forma de ser de una persona para finalmente darse cuenta de que no era posible.
El dolor del proceso y su refugio musical
El proceso creativo de Peña destaca por una experimentación técnica que abarca diferentes tácnicas de grabado, pintura, dibujo y escultura. La artista vincula esta variedad de soportes con una necesidad de escape emocional estrictamente ligada al malestar, reconociendo que solo crea de forma voluntaria cuando tiene problemas o se siente triste. "Para mí es una necesidad, es una vía de escape cuando tengo problemas", reconoce la artista, que admite así que en épocas en donde se encuentra más estable emocionalmente o más feliz prefiere invertir su tiempo libre en pasar tiempo con su familia o con sus amigos.
Esta dedicación conlleva un severo peaje físico. Peña convive con la fibromialgia, una dolencia que hereda de su madre y su abuela, lo que vuelve la práctica del grabado y del dibujo en una tarea dolorosa que le obliga a emplear muñequeras o cremas al acabar la jornada. No obstante, entiende las marcas en sus manos como un símbolo positivo de su entrega: "A mí me produce satisfacción por que significa que he hecho algo bien y que da resultado".
Para aislarse de la frustración que provocan las técnicas de impresión y el proceso de ensayo y error, la música se convierte en una herramienta "indispensable" de aislamiento en las aulas de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, donde desarrolla la mayor parte de su producción al no disponer de taller propio. Su repertorio musical abarca géneros diversos que van desde el tecno hasta grupos nacionales como Estopa o Sanguijuelas del Guadiana, y cree que son elementos cruciales para "cerrarle la puerta a los pensamientos".
Vértigo ante el público y realismo futuro
A pesar de poseer una trayectoria temprana que comenzó hace cinco años, cuando tenía 16, Peña no oculta el pudor que le genera exhibir sus conflictos íntimos ante terceras personas. La pintora declara que mostrar sus cuadros equivale a "sentirse desnuda", provocándole dudas inmediatas tras el contacto directo con el público debido al temor de que se lea con demasiada facilidad su interior. "En la inauguración tuve que hablar un poco delante de la gente. Luego al volver a casa lo pensé y me pregunté, ¿Para que he hecho una exposición?", confiesa la autora, aún sorprendida al ver a los visitantes observar de cerca sus piezas.
Con la mirada puesta en el porvenir y a las puertas de concluir su carrera universitaria, la artista pacense afronta el panorama laboral del sector con un marcado pragmatismo. Aunque admite que factores como el avance de la Inteligencia Artificial o la tendencia de los consumidores a adquirir láminas decorativas generan dificultades económicas reales, descarta el pánico y prefiere centrarse en el presente. "Si tengo que trabajar en otras cosas y tener esto como hobby, lo tendré", concluye con serenidad. Por último, Peña cuenta la sorpresa de los asistentes al descubrir su juventud. "Me quedo viendo como están mirando... y cuando se enteran, lo que más me dicen es que soy muy chica".
Fuente: La Crónica de Badajoz
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